Pensar en tiempos de juridificación del crimen (i) ¿cómo puede ser racional y civilizada una forma de vida basada en la destrucción de su propia casa (la tierra)?

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“Maldigo el pensamiento[1] concebido como un lujo cultural por los neutrales, que lavándose las manos se desentienden y evaden. Maldigo el pensamiento de quien no toma partido, partido hasta mancharse”.

Rafael Gabriel Celaya.

La vida humana está en peligro. El peligro se llama capitalismo. Los trabajadores que protestan para que el Estado no les recorte sus derechos, los miles de estudiantes que reclaman una educación gratuita y de calidad, los campesinos que se oponen a la usurpación de sus tierras y a la contaminación sus aguas, los millones de excluidos y empobrecidos que conforman la exterioridad [2] latinoamericana son delincuentes, terroristas virtuales para el Derecho conforme al capitalismo.

El terror que causan consiste en no contribuir al aumento de la tasa de ganancia, mejor dicho, al aumento del lucro. Porque como diagnosticó su más temible verdugo: “El capital tiene horror a la ausencia de ganancia o la ganancia demasiada pequeña, como la naturaleza al vacío. Conforme aumenta la ganancia, el capital se envalentona” [3]. Y para defenderse de semejante “delito” no solo ha creado un tipo de Derecho que lo justifique, sino además, un tipo Política que lo organice, un tipo de Filosofía que lo racionalice, un tipo Literatura que lo imagine, un tipo de religión que lo santifique, etc. Es decir, un conjunto de saberes que le defienda de quienes se atrevan a cuestionarlo, que le hagan aparecer como justo, como bueno, como racional, como estético y hasta como salvador.

Esta lógica de saberes y prejuicios propugnan una forma de vida que se pretende cómo la única posible, la más racional y civilizada. Pero, ¿cómo puede ser racional y civilizada una forma de vida basada en la destrucción de su propia casa (la tierra)?  ¿Cómo puede ser racional y civilizada una forma de organizar la vida donde el 10% de la población vive a costa de la miseria del otro 90%? [4] Algo va muy mal.

Sin embargo, seguimos guardando terrible silencio, pero más terrible, hasta ser delito, como diría el exdirector de la UNESCO Mayorga Zaragoza, “el silencio culpable de quienes pudiendo hablar, callan. De quienes sabiendo y debiendo hablar, no lo hacen” [5] (los intelectuales). ¿Por qué será? ¿Será tal vez, como diagnosticaba el senti-pensante Eduardo Galeano, porque la desnudez de los pobres nos viste y su hambre nos da de comer?

En nuestra realidad latinoamericana son millones nuestros hermanos que sufren y están condenados a morir de hambre antes de tiempo, de enfermedades curables como la tuberculosis o simplemente por frío [6]. Y todo esto dentro de un marco jurídico legal y Constitucional formalmente impecable. Si esta es nuestra realidad, ¿para qué pensar? y más concretamente, ¿para qué pensar el Derecho vigente? ¿Para afirmar y reproducir las ideas jurídicas pertinentes a la afirmación de la tasa de ganancia como fin en sí misma u oponernos críticamente a las mismas a efectos de producir ideas pertinentes a la afirmación de la tasa de desarrollo de la vida humana?

Notas

[1]Tomado del poema “La poesía es un arma cargada de futuro”, de Rafael G. Celaya. Aclaramos que a los efectos del presente ensayo hemos cambiado la palabra original “la poesía” por “el pensamiento”, la cual lo hemos consignado en cursiva.

[2] Categoría acuñada por la filosofía de la liberación para referirse a los millones de seres humanos que no tienen lugar en el sistema actual de organizar la sociedad. El hambriento, oprimido, explotado, etc., es fruto del sistema injusto. En otras palabras para el sistema capitalista el despojo del otro es condición necesaria de su desarrollo. Por ello no puede existir sin expulsar a millones de seres humanos de la centralidad del modo de organizar sus instituciones. Cfr. Dussel, Enrique (2011). Filosofía de la libración. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, p.p. 76-90

[3] Marx, Karl (1956). El capital. Tomo I. Buenos Aires: Cartago, p. 609.

[4] “El trabajo de los pobres es la mina de los ricos”. Cfr. Marx, Karl (1956). El capital. Tomo I. Buenos Aires: Cartago, p. 494.

[5] Cfr. Mayorga Zaragoza, Federico (2011). Delito de silencio. Barcelona: Comanegra P. 20

[6] Perú es el segundo país después de Brasil en América Latina con más personas muertas por tuberculosis.  1 552 personas murieron en 2013 (Informe OMS, 2014). Pero esta tragedia se repite todos los años. De otro lado, todos los años en Perú mueren más de 200 niños por causa del frío o de sus consecuencias inmediatas  (Informe de la Dirección General de Epidemiología 2016).