Pedagogías críticas para nuevos horizontes emancipadores

Peter McLaren es catedrático de Estudios Críticos en la Chapman University, Estados Unidos, donde también es codirector y embajador internacional de Ética Global y Justicia Social del Proyecto Democrático Paulo Freire. Asimismo es catedrático en la Northeast Normal University, Changchun, China. Autor y editor de cincuenta libros, sus escritos han sido traducidos a treinta idiomas. Es director honorario del Instituto McLaren de Pedagogía Crítica y Educación Popular, y codirector honorario del Centro de Investigación Pedagogía Crítica, Northeast Normal University, Changchun. Marxista humanista, imparte clases en América Latina, Norte América, Asia y Europa. Activista político y escritor ganador de muchos premios, el Dr. McLaren fue nombrado Educador Destacado por la Asociación de Educadores de América Latina y el Caribe.

En una sociedad como la nuestra fuertemente marcada por los efectos de la globalización neoliberal, ¿cuál es el papel de una educación crítica para contribuir a un cambio cultural que acabe con todas las visiones androcéntricas, eurocéntricas y productivistas que tan profundamente han calado en nuestro pensamiento?

Peter: Como resultado de la globalización neoliberal, la educación pública se centra en la búsqueda de beneficios financieros especulativos y de oportunidades para la inversión empresarial. Podemos observar esta práctica insidiosa en la remodelación que se hace de las universidades para servir mejor a los intereses financieros y militares-industriales; en la sobreutilización y la explotación de los docentes eventuales o a tiempo parcial; en el crecimiento de las instituciones con ánimo de lucro que conceden titulaciones; y en el aumento de las tasas académicas, por no hablar de los ataques a la ciudadanía critica en beneficio de la ciudadanía consumista. Lucho en este espacio, pero también intento entender el cosmos que habitamos.

Según el sociólogo William Robertson, aproximadamente una tercera parte de la humanidad está excluida de la participación productiva en la economía capitalista. Encontramos una gran parte de esta población en América Latina. Ha habido un cambio dramático en los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pasando de una preocupación admirable por el bienestar social a una preocupación por el control social. Ahora existe un claro temor en la élite dirigente a que los trabajadores enfurecidos se subleven y protesten contra lo que se está convirtiendo rápidamente en un “planeta favela”.

Robinson afirma que el papel del Estado en la creación de cohesión social a través de la acumulación del capital se está rompiendo como consecuencia de la crisis de sobreacumulación capitalista. Como resultado, el Estado está perdiendo su función “legitimadora”, y esto lo podemos percibir en este momento en el ciclo electoral aquí en los EEUU, cuando personas extrañas a los círculos de gobierno –como Trump– se levantan y animan a la gente, a través de una lógica cargada de odio y violencia, a demonizar a la población considerada sobrante.

La malvada influencia del capitalismo neoliberal ha desatado un grave desencanto entre la ciudadanía politizada, y ha reducido el apoyo a la propuesta de que el capitalismo y la democracia formen un buen matrimonio. La población empieza a ser consciente de que hemos creado una sociedad donde es innegable que la democracia es algo comprado, sea por los súperPAC (Comités de Acción Política), por billonarios maniáticos, o por ambos.

Afortunadamente, el antaño sólido apoyo al capitalismo desenfrenado y la lealtad férrea hacia el concepto de superioridad norteamericana han puesto en evidencia algunos eslabones débiles, principalmente entre los movimientos sociales formados en gran parte por jóvenes, dado que las zonas desfavorecidas siguen proliferando. Ahora, estamos de acuerdo sobre la vital importancia de rescatar la educación de las garras del sistema empresarial, aunque los educadores marxistas seguimos siendo una especie amenazada.

Con la presentación de los candidatos presidenciales para 2016 y sus filas apretadas de simpatizantes, el Partido Republicano se está fragmentando y podría haber erigido, sin querer, su propio patíbulo. Los gastos ilimitados del proceso electoral estadounidense han violado la esfera pública con una indiferencia vil, no sólo a través de la destrucción del proceso electoral, sino por el fortalecimiento de la lógica de la privatización.

Con una destartalada ciudadanía, agotada por la hipocresía de la política del espectáculo de hoy en día, no es sorprendente que sea tan difícil despertar mucho entusiasmo en la lucha por una gobernanza democrática; especialmente cuando reconocemos que los valores democráticos, incluida la esfera de los ideales no-realizados, no se refuerzan mutuamente y no pueden ganar la lealtad de aquellos que tienen más interés en obtener beneficios a costa de la fuerza de trabajo de los pobres. Hemos fracasado en el intento de derrotar o incluso de esquivar las enraizadas condiciones de racismo, patriarcado, misoginia y homofobia que siguen arraigadas en los núcleos más tradicionales del país.

Tenemos que replantear la cuestión de la justicia social a la luz de la historia del capitalismo. Claramente, el sistema capitalista tiene graves defectos que no se corrigen sin la destrucción del sistema; en otras palabras, los defectos o la crisis en curso son intrínsecos al funcionamiento del capitalismo y conducen ineludiblemente a una escasez de alimentos, de vivienda y de asistencia sanitaria, junto con un desempleo crónico y una repugnante indiferencia hacia la dignidad humana y la autoestima, como se puede ver en las vidas de aquellos que han sido maltratados por la violencia militarizada del Estado. En el caso del capitalismo, debemos exponer una protesta profética. A la gente se le debe permitir elegir su propio modelo económico y político, pero la opción por el socialismo no ayudaría alimentaría los intereses de los EEUU a nivel internacional, y por eso los modelos no-capitalistas son sistemáticamente condenados con saña.

Los EEUU promocionan los derechos humanos, diseñados para proteger la dignidad de las personas oprimidas. Pero su puesta en práctica es selectiva. Se defienden débilmente ya que, a menudo, se incumple la normativa internacional para recuperar los intereses estadounidenses a expensas del bienestar de los pobres del mundo. Si el comportamiento y el ideal de los pocos privilegiados no pueden convertirse en el comportamiento y la realidad de la mayor parte de la humanidad, entonces, claramente, debemos declarar que ese comportamiento y esos ideales son inmorales, inhumanos.

La práctica ideal de la civilización occidental no se puede universalizar en términos materiales, dado que no hay recursos materiales disponibles en el planeta para permitir que todos los países puedan alcanzar el nivel de producción y consumo de los países ricos que forman sólo el 25% de la población mundial. Por ejemplo, en los EEUU se consume aproximadamente Estamos de acuerdo sobre la vital importancia de rescatar la educación de las garras del sistema empresarial, aunque los educadores marxistas seguimos siendo una especie amenazada el 20% de la energía mundial, se come el 15% de la carne del mundo y se produce el 40% de los residuos mundiales, pero constituyen sólo un 5% de la población. ¿Qué podemos decir de nuestra huella ecológica? Si todo el mundo viviese como en los EEUU, necesitaríamos cuatro planetas como la Tierra para sostenernos. La cuestión de lo que son nuestros valores sobre el consumo es otro asunto. La pedagogía crítica debe de ocuparse de todos estos temas.

¿En qué medida las pedagogías críticas tradicionales están incorporando las propuestas del feminismo, del ecologismo, del buen vivir, de la descolonización, de la diversidad sexual y de género, etc. que nacen de los colectivos y los movimientos de resistencia? ¿Cómo resuelve la pedagogía crítica la tensión entre el respeto a las singularidades y la construcción de un programa común que se enfrente al sistema capitalista?

Peter: La cuestión de la pedagogía decolonial, las pedagogías feministas, los enfoques eco-pedagógicos son todos ellos de una importancia primordial hoy en día. El problema es que para cuando se generalizan, ya se han domesticado y han sido vaciados de todo su potencial crítico.

Pero sí, por supuesto que ha habido algún progreso en este sentido. Los programas de formación de docentes, por ejemplo, a menudo se autodenominan como de interés para la justicia social. Y sí, la cuestión de la “interseccionalidad” se ha convertido en algo importante.

Pero, actualmente en los EEUU las tensiones raciales están en pleno apogeo, es como si hubiésemos regresado a la época de lucha por los derechos civiles de los años cincuenta del siglo pasado. Tenemos que afrontar este tema en las escuelas públicas. Por supuesto que hay más protección legal para la población negra en los EEUU de hoy, pero el racismo ha crecido desde la elección de Barak Obama como el primer presidente negro de los EEUU.

Desde una perspectiva crítica, los trabajadores blancos y negros comparten un interés común en la lucha contra el racismo y la derrota del capitalismo. El capitalismo maximiza el valor impagado y minimiza las porciones de valor pagadas, valor producido por la explotación del trabajo humano bajo el capitalismo. El sistema de las haciendas sureñas era capitalista, una empresa capitalista con trabajadores en régimen de servidumbre. Los trabajadores africanos en régimen de servidumbre eran parte de la clase trabajadora. Tanto los trabajadores blancos como los negros son víctimas de la supremacía blanca, y los americanos de origen europeo que renuncian a sus privilegios de piel blanca tienen que unirse con los trabajadores negros y buscar una alternativa socialista al capitalismo.

Creo que ésta sería una dimensión importante no solo en la lucha contra el racismo, sino para alcanzar la liberación de la humanidad. ¿Pero realmente hay esperanza? Hoy en día, es probable que los trabajadores blancos vean a la población negra como parte del problema, en vez de como parte de la solución. Hace falta más educación en los EEUU sobre el concepto de una alternativa socialista al capitalismo. En muy pocas ocasiones, o quizá en ninguna, se encuentra alguna consideración sobre esta cuestión.

Sabemos por la lectura de la obra magistral de Theodore W. Allen –especialmente su libro The Invention of the White Race [La invención de la raza blanca]– que la noción de raza blanca se inventó durante la fase de la guerra civil de la Rebelión de Bacon, entre 1676 y 1677, y posteriormente durante la revisión de las leyes de Virginia en 1705. Antes, en 1619, los holandeses comerciaban con los esclavos africanos durante la “plantocracia” en Jamestown como sirvientes contratados[1]. Después, se convertirían en esclavos.

Durante el periodo de la Rebelión de Bacon, la facción opuesta a los hacendados, o la élite de la colonia, estaba formada por los pequeños agricultores, descontentos con las leyes que les prohibían el comercio con los nativos americanos y con la asignación de las mejores tierras costeras a los adinerados emprendedores e inversores capitalistas, provenientes de las ricas familias de las plantaciones que tenían un férreo control sobre los monopolios de la tierra y las pieles. Mientras que la facción opositora quería un reparto de la tierra a través de incentivos consistentes en impuestos territoriales, los sin propiedad y los arrendatarios pobres se levantaron en armas contra la burguesía de las haciendas.

Su rabia era entendible, dado que para 1622 muchos de los arrendatarios de la Virginia colonial se habían muerto de hambre debido a las restricciones sobre el cultivo del maíz y la caza en los bosques. El precio del tabaco cayó a principios de la década de 1620 con el resultado de que era más rentable usar sirvientes contratados1 en lugar de arrendatarios como fuente principal de mano de obra; de esta manera se formó una clase permanente de sirvientes contratados que podía ser explotada más eficazmente para obtener la plusvalía correspondiente.

Cuando los ataques de los indios trastocaron las relaciones de propiedad, la política de monocultivo de los hacendados forzó a los arrendatarios a endeudarse debido a la restricción sobre la cantidad de tabaco que podían cultivar, la aplicación de una tasa fija para sus alquileres y la prohibición de cultivar maíz. Debido a la rebelión de los jornaleros sin propiedad, solo quedaron 500 jornaleros dispuestos a ir a la guerra contra los rebeldes, en cuyas filas había unas 15.000 personas. De los insurgentes, 6.000 eran jornaleros contratados provenientes de Europa y 2.000 esclavos africanos, y este grupo de insurrectos luchó codo a codo, ya que en esa época no había ninguna distinción entre “negro” y “blanco”.

Los sirvientes contratados lucharon para conseguir mejores condiciones, ya que se les prohibía casarse o tener hijos y los menores de 19 años eran obligados a servir a sus amos hasta la edad de 24. Los pobres se vieron como ingleses, no como blancos.

La raza blanca no existía en esa época. Surgió tras 60 años de enseñanza de que la blancura era sinónima de ser de origen europeo. El enemigo colectivo de los jornaleros europeos y africanos era el aparato de Estado capitalista. Teniendo en cuenta que la mayor parte de los insurgentes procedían de Europa, los hacendados decidieron sobornar al grupo más grande, la política de divide y vencerás perfeccionada por la élite dirigente.

Se instauró una forma de control social basada en la raza, un aparato amortiguador de control social construido para dividir a los esclavos africanos –que se convirtieron en el equivalente de jornaleros con carácter hereditario y vitalicio– y los jornaleros europeos, colocando a los europeos en la cima de esta jerarquía racial.

La clase de los hacendados (principalmente en Virginia y Maryland) impusieron la servidumbre vitalicia y hereditaria a los afroamericanos para garantizar una acumulación suficiente de capital y un mayor rendimiento de su inversión en mano de obra. De esta manera, bajo ese sistema de control social, los jornaleros europeos se conformaron como una clase de pequeños propietarios independientes que podía soñar con formar parte de la pequeña burguesía en un futuro. Así, los europeos pobres y sin propiedad –en la creencia de que algún día podrían formar parte de la clase media a través de los privilegios que se otorga a la “raza blanca”– se vieron promocionados para formar una clase amortiguadora que evitara esta alianza entre blancos pobres y esclavos africanos que podía desafiar y derrocar a los hacendados. Para demostrar que eran más privilegiados que los afroamericanos, estos nuevos blancos tuvieron que negarles sus libertades y abstenerse de luchar contra la élite dirigente. Los europeos más pobres empezaron entonces a albergar el, socialmente construido, concepto de que eran superiores a los afroamericanos debido a su blancura. ¡Así se inventó la raza blanca! A los esclavos africanos y a los afroamericanos libres les esperaban condiciones mucho más duras.

Todo esto sirvió para mantener a los euroamericanos cómodamente asentados dentro de las líneas y vinculaciones de la recién inventada raza blanca. La invención de la raza blanca fue un dispositivo para el ejercicio del control social por parte de la clase dirigente como respuesta a la solidaridad de los trabajadores durante la etapa de la guerra civil de la Rebelión de Bacon (1676-77).

De modo similar, a pesar de que compartiesen un fenotipo parecido, los británicos atacaron a los católicos irlandeses empleando una forma de opresión religiosa-racial que más tarde se convirtió en una forma de opresión nacional. Estas víctimas de la opresión racial a manos de los británicos en lugares como el Ulster –a los irlandeses les llamaban “los monos blancos de Europa”– se convirtieron más tarde en la “raza blanca” que defendió la opresión racial en el Sur de los EEUU bajo la forma de esclavitud racial de los afroamericanos.

Esta opresión racial sigue hoy en día con el “New Jim Crow” [el sistema de segregación] del complejo penitenciario-industrial, esa vía que une la escuela con la cárcel, y con otros regímenes de opresión. Así que es posible seguir el rastro del racismo hasta el capitalismo y la lucha clases. Pero, esto no es lo mismo que reducir la raza a la clase social. Por supuesto, el privilegio blanco tal como se ha desarrollado va en contra de los intereses de toda la población trabajadora, pero es importante establecer la conexión entre racismo, privilegio blanco y la historia del capitalismo.

Tenemos que explorar esta historia y establecer estas conexiones como parte de la educación critica.

La despolitización de la sociedad en general, y del profesorado en particular, hace –cada vez más frecuente– la declaración de mensajes que rechazan una educación intencionada y comprometida con el cambio social, ¿cómo podemos seguir argumentando la defensa de la dimensión política de la educación?

Peter: El gran objetivo de la educación neoliberal es el de acomodar ideológicamente las subjetividades de los estudiantes al mercado global, al educarles para formas específicas de fuerza de trabajo que servirán a los intereses de la economía capitalista transnacional y ayudarán a crear lo que Gramsci denominó el Estado integral. En este sentido, los estudiantes son arrastrados a través de la historia como una ofrenda a Moloch, el dios de la expropiación, quien, a través de una forma de despotismo estatal salvaje, extrae de los trabajadores asalariados la plusvalía[2] de la que se apropia el capitalista como ganancia cuando se vende el producto. En este sentido, los estudiantes se convierten en sujetos pasivos de la historia en lugar de agentes activos de la historia en cuya construcción participan.

El profesorado enseña siguiendo los currículos prescritos que se diseñan de manera idónea para la economía capitalista, pero son un desastre absoluto para generar el tipo de agencia crítica necesaria que ayude a que el planeta sobreviva y a que las naciones evolucionen con sus propios dispositivos económicos, políticos e ideológicos para poder vivir pacíficamente con sus vecinos.

John Marsh (2011) argumenta que la educación debería de ser tratada como un fenómeno político –no de mercado– y este argumento tiene mucho peso. Marsh señala que en los EEUU no se genera un número mucho más grande de pobres que en otros países. La razón por la cual los países europeos son capaces de conseguir tasas más bajas de pobreza se debe a que suministran más programas dirigidos a proteger a las personas pobres y paradas. En los EEUU necesitamos una red de seguridad social con políticas centradas en la educación. En lugar de eso, usamos los dólares de los contribuyentes para aumentar el tamaño de nuestras fuerzas armadas que cuentan con 700 bases militares –por lo menos– alrededor del mundo, muchas del tamaño de ciudades pequeñas. Una buena educación seguramente ayudará a algunas personas a entrar en el mercado de trabajo, e indirectamente podría crear algunos puestos de trabajo más, pero lo que nos falta en el sistema capitalista actual es la creación directa de empleos, salarios más altos, y mejores programas de redistribución.

Las y los sujetos políticos se constituyen como tales en el propio proceso de transformación, ¿sobre qué bases de la educación se produce ese cambio? ¿De qué forma podemos desarrollar el diálogo necesario con las personas que más sufren la opresión y la desigualdad?

Peter: No debemos simplemente aliarnos con interpretaciones ideológicas que nos llegan desde los guardianes de la clase capitalista, sino que debemos estar dispuestos a cuestionar todos los presupuestos fraudulentos que se filtran a través de los medios de comunicación con una regularidad infame. Como la quinta de las doce tareas de Hércules, en la que Eurysteo le ordenó limpiar los establos del rey Augías. Debemos depurar el excremento ideológico que seguimos acumulando a través de los medios de comunicación capitalistas que nos rodean (las vallas publicitarias, los anuncios y juegos en la televisión y ordenadores, las revistas…) desarrollando alfabetizaciones críticas, lo que mi mentor Paolo Freire llamó una conciencia crítica.

Tú has comentado en más de una ocasión que debemos considerar la pedagogía crítica como un movimiento social, como un proyecto más amplio, ¿puedes desarrollar esta idea? ¿Puedes profundizar en algunas de las aportaciones de la pedagogía de la insurrección a la educación crítica?

Peter: La juventud hoy participa en los movimientos de derechos civiles estadounidenses, en los movimientos de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero y queer (LGBTQ) transnacionales, en diferentes encarnaciones de la lucha feminista, en movimientos ecologistas y de justicia medioambiental, y en los movimientos obreros, antimilitaristas y a favor de los derechos de las personas inmigrantes.

No solo es la juventud de los EEUU la que está activa, ya que estamos viendo luchas encabezadas por jóvenes en Grecia, Turquía, Egipto y otros países. En todas partes del mundo, la juventud está siendo testigo y es participe de la producción de varias contracumbres, encuentros zapatistas, movimientos anti-austeridad, movimientos a favor de los inmigrantes, en apoyo de los trabajadores migrantes y los refugiados, movimientos que se movilizan en contra de las violaciones y los llamados asesinatos “de honor”, y movimientos para construir prácticas sociales que producen valor más allá del cálculo económico y de la competitividad.

Ya en el año 2011 fuimos testigos de la movilización de los estudiantes en Chile; el activismo de la juventud nigeriana en la estación de petróleo del delta del río Níger; las protestas contra los estamentos gubernamentales en Túnez, Egipto y Libia; la resistencia a las medidas de austeridad de la juventud en Portugal, España y especialmente Grecia; los alumnos de las escuelas públicas en Sudáfrica que lucharon para conseguir instalaciones básicas, como bibliotecas; el movimiento “Ocupa Wall Street” en los EEUU; todos forman parte de algo que he denominado una creciente cultura de contestación.

Muchos de estos movimientos –del movimiento “Idle No More” (“Se acabó la inacción”) al movimiento “Ocupa Wall Street”, a aquellos del parque de Gezi y la plaza Syntagma, incluyendo el movimiento “15M“ español (los y las Indignadas), la “Juventud Sin Futuro”, “Democracia Real Ya”– se han inspirado en prácticas de solidaridad social y mutua; en agrupaciones conectadas de forma horizontal y fuera de las redes verticales dentro las cuales el mercado está protegido y se impone.

Se han inspirado en la cooperación social a través de la democracia de base, el consenso, el diálogo y el reconocimiento del otro, en formas que transcienden lo local, el empleo, la condición social, el género, la edad, la raza, la cultura, la orientación sexual, la lengua, la religión y las creencias, y que funcionan con el énfasis no tanto en la democracia representativa, como en la democracia participativa y la democracia directa.

En suma, apoyan a la “comunalidad global”, un término oaxacano con un significado similar al de solidaridad pero que implica reciprocidad y obligatoriedad a lo largo del tiempo. Sin embargo, la resistencia encontrada ha sido feroz y mortífera. Miremos, si no, lo que está pasando con los profesores en México. Me refiero a los ataques violentos a los profesores y a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Nochixtlan, Oaxana, en este momento: ¡aquellos que se movilizan a favor de la justicia son asesinados por los infantes de marina mejicanos y la infame policía de la Procuraduría General de la República (PGR) mientras protestan contra las “reformas” educativas desarrolladas por la administración del presidente neoliberal Peña Nieto!

¡Y qué decir de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa asesinados en Iguala, México! Todos aquellos jóvenes activistas soñaban con convertirse en profesores de escuela. Para colmo, el vehículo en que viajaban las familias de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en una visita reciente a la Ciudad de México para participar en la XXI Cumbre Global de Acción para Ayotzinapa fue atacado con piedras en el camino por Cuernavaca, cerca de Chipitlán.

Y a pesar de esa violencia, una nueva sociedad está haciendo notar su presencia. Las luchas siguen en Oaxaca, Chiapas, Queretaro, Guerrero, la Ciudad de México y en ciudades indígenas como Cheran, y Michoacan.

Hace unos años, tuve la oportunidad de participar en unos debates en Cheran sobre temas como la creación de “autodefensas” o milicias comunitarias. Al fin y al cabo, camiones, centenares de ellos, apoyados por hombres armados, estaban entrando en las tierras de los Pure’pecha y extrayendo los árboles. La lucha sigue en todo México con la ocupación, por parte de contestatarios, de casetas de peaje, instituciones gubernamentales, gasolineras, refinerías y fábricas.

Aleida Guevara March, la hija de Ernesto Che Guevara –que hace años me enseñó algunas de las pertenencias de su padre y con quien tuve la oportunidad de conversar sobre el impacto del imperialismo de los EEUU en América Latina– habló recientemente en el Festival International de Utopía en Marica (Rio de Janeiro) donde reiteró su posición de que la izquierda debe seguir aprendiendo a fundamentar sus demandas de justicia social en las situaciones y problemas reales de la población, una posición que fue un eje central de la alfabetización crítica de Paulo Freire. A este importante acontecimiento acudieron delegados de la juventud brasileña, de Cuba, Vietnam, India, China y Venezuela. En total, acudieron aproximadamente 500 personas. Entre los conferenciantes estaban Vandana Shiva, Tariq Ali y el actor estadounidense Danny Glover. Brasil se encuentra ahora en una situación difícil tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, una situación que los dirigentes de la izquierda brasileña, incluyendo al Movimento dos Sem-Terra (MST), al Movimento dos Trabalhadores Sem-Teto (MTST) y al Movimento Luta Popular (MLP) están equiparando con el golpe de Estado de 2012 contra Fernando Lugo en Paraguay o el de Honduras, como acciones diseñadas para introducir políticas neoliberales de austeridad y endeudamiento.

Un miembro del MST solicitó visitar nuestro Proyecto Democrático Paulo Freire en la Chapman University el año pasado y durante su visita hablamos de las diferentes formas para hacer que la pedagogía crítica revolucionaria tenga un papel más activo en la lucha global a favor de la justicia social.

Recientemente, docenas de miles de contestatarios se reunían en el Puente Pueyrredón, en Buenos Aires (Argentina) en memoria a los activistas Dario Santillan y Maximiliano Kosteki, asesinados por disparos de la policía en esa ciudad en 2002 bajo la presidencia de Eduardo Duhalde. Santillan, un miembro del Movimiento de Trabajadores Desocupados “Anibal Veron” de 21 años, fue asesinado a tiros en el suburbio de Avellaneda mientras protestaba contra las medidas de austeridad impuestas por el FMI. Kosteki fue un activista argentino y pintor asesinado por la policía provincial mientras protestaba en un piquete en Avellaneda. También rindieron un homenaje a las 30.000 personas desaparecidas a manos de la última dictadura militar.

Visité Argentina hace unos meses, y fui uno de los que advirtieron contra la candidatura del ahora presidente Mauricio Macri, que ha aumentado el número de desempleados y elevado las tarifas de los servicios locales.

¿Y qué decir de Venezuela? Se me rompe el corazón. La Organización de los Estados Americanos, alentada por los Estados Unidos, está intentando imponer sanciones contra Venezuela a través de la creación de una Carta Democrática Interamericana.

Recientemente, Luisa Ortega, la Fiscal General de Venezuela, hizo públicos los resultados de una investigación llevada a cabo por la Comisión por la Justicia y la Verdad del país. Entre 1958 y 1998 (con anterioridad a la Revolución Bolivariana de 1998) se ha descubierto un total de 11.043 casos de desapariciones, torturas y asesinatos políticos. Estas atrocidades sucedieron durante la Cuarta República de Venezuela, anterior a la presidencia de Hugo Chávez. Bajo Chávez, Venezuela dio grandes pasos para combatir la corrupción y los abusos de los derechos humanos. Y aunque ha habido reveses serios desde la muerte de Chávez, la Revolución Bolivariana, en mi opinión, no puede ser abandonada.

En este momento estamos trabajando con una perspectiva flexible, empleando un enfoque que engloba todo. Tenemos que alejarnos de los intentos de construir un mundo mejor que emplean categorías desde las cuales se han construido las mismas estructuras de opresión que estamos cuestionando.

Por ejemplo, he escrito un libro recientemente donde abordó el mensaje comunista de Jesús y planteo el argumento de que Marx y Engels estaban muy influidos por las enseñanzas de Jesús y por el mensaje de los Evangelios. Ahora, estoy escribiendo desde la perspectiva de la Teología de la Liberación, desde la perspectiva de América Latina. Mi mentor, Paulo Freire, era un cristiano y tenía simpatías por Marx; y aunque, nunca tuve la oportunidad de hablar con él sobre la Teología de la Liberación, creo que habría sido una conversación fascinante.

Para mí, la conciencia crítica es algo central en el movimiento de la Teología de la Liberación. En el sentido de que los cristianos llegan a reconocer su opción preferente con respecto a los pobres, yo diría su obligación preferente.

No sé cuántos de vuestros lectores tendrán suficiente edad para poder recordar dos incidentes estremecedores y crueles en El Salvador. Estos incidentes sucedieron en los años 80 durante la Guerra Civil que estalló durante la dictadura militar que duró desde 1979 hasta 1992. Me refiero a los cinco curas y las dos mujeres que fueron asesinados fuera de la residencia de los jesuitas de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” –UCA– (San Salvador), en noviembre 1989, por un lado; y por otro, a un acontecimiento que sucedió 9 años antes de aquello, en 1980, cuando el arzobispo Óscar Arnulfo Romero (ahora beatificado) fue asesinado a tiros mientras celebraba misa en una pequeña capilla de un hospital.

Antes de la llegada al poder del régimen militar en la década de los 1970, los jesuitas habían empezado a replantear y reorientar su trabajo en un intento concertado de abrazar el llamamiento de Medellín de estar codo con codo y sin reservas con los campesinos pobres y sin poder. Entendieron que esto significaba dar su apoyo activo a los derechos de los campesinos y de los movimientos que promovieron reformas sociales, económicas y políticas.

Durante los años del régimen militar, fue el padre Ignacio Ellacuría, Rector de la UCA (fundada en 1965), el que jugó durante la década turbulenta de dominio militar, un papel clave en el replanteamiento de la misión de la Universidad que conllevaba la adopción de una posición de solidaridad con las mayorías empobrecidas del país.

Sepultados en una cripta de silencio y miedo, los campesinos tenían una imperiosa necesidad de reformas gubernamentales y de que la Iglesia les protegiese de las torturas a gran escala y asesinatos masivos perpetrados por el régimen militar. Haciendo eco del lenguaje de Medellín, la misión de la Universidad de 1979 estaba inextricablemente ligada al servicio del pueblo y, de hecho, la misión de la Universidad estaba orientada, en un sentido amplio, por la misma gente oprimida.

Evidentemente, el gobierno salvadoreño vio en el padre Ignacio Ellacuría y en la UCA una seria amenaza a la continuidad del apoyo financiero y político de los Estados Unidos. La dictadura apoyada por los Estados Unidos era consciente de que si el Congreso estadounidense empezaba a preocuparse por los abusos de los derechos humanos cometidos por su aliado salvadoreño, podría retirar su imprescindible apoyo. Pero había otro factor en juego. La influencia más inmediata que las enseñanzas de Medellín sobre la justicia social –el ejemplo del mártir arzobispo Óscar Romero– podía tener entre los propios jesuitas.

El padre Ellacuría se encontraba entre las víctimas de los asesinatos de la universidad. Poco después de los asesinatos, el comandante Eric Warren Buckland, un asesor militar estadounidense de alto rango, testificó que su homólogo salvadoreño, el coronel Carlos Armando Avilés Buitrago, jefe de las operaciones psicológicas de la Comandancia Conjunta salvadoreña, le informó con antelación de que la matanza estaba planificada. Más tarde se retractó de su testimonio bajo presión.

Juan Pablo II era totalmente contrario al comunismo y consideró a la Teología de la Liberación como un fenómeno peligroso dentro de la Iglesia. A finales de la década de 1970, poco antes de su elección como Papa, empezó a oponerse directamente a la Teología de la Liberación, y la jerarquía de la Iglesia se desplazó decididamente hacia la derecha. Nombró al Cardenal Ratzinger (más tarde Papa Benedicto XVI) como responsable de contrarrestar las interpretaciones y acciones de los teólogos de la liberación. No por casualidad, Juan Pablo II realizó numerosos viajes a América Latina. En 1983, el Papa visitó Nicaragua para regañar al padre Ernesto Cardenal y para oponerse a la Teología de la Liberación. Tuve la buena fortuna de conocer a Ernesto Cardenal en un programa de televisión dirigido por el presidente Hugo Chávez en 2006. Juan Pablo II expulsó a Ernesto Cardenal del sacerdocio a raíz de su compromiso con la Teología de la Liberación. Afortunadamente, el Papa Francisco anuló esta decisión en 2014.

En la actualidad, ha habido serios avances por parte de los EEUU hacia la normalización de relaciones con Cuba. Pero al mismo tiempo, los EEUU se niegan a ratificar el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) y sólo han ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Los EEUU no se quieren comprometer con el PIDESC por razones bastante obvias y ridí- culas: los EEUU equiparan los derechos económicos, sociales y políticos con el socialismo. Me acuerdo de haber hablado de esta clase de hipocresía con Aleida Guevara March hace unos años en La Habana.

Los EEUU sacan pecho y condenan los abusos de los derechos humanos en Cuba mientras hacen caso omiso de las políticas cubanas que han garantizado el acceso universal a la vivienda, a los cuidados sanitarios, o a la equidad salarial entre hombres y mujeres.

¿Creen ustedes que los EEUU alguna vez pedirán disculpas por hacer estallar un avión de pasajeros en 1976; por invadir Playa Girón en 1961; por infectar a exiliados cubanos con peste porcina y obligar a Cuba a sacrificar medio millón de cerdos; por infectar los pavos cubanos con la letal enfermedad de Newcastle, matando 8.000 pavos; por rehusar a enviar a Cuba un pesticida para erradicar el mosquito responsable de la epidemia de dengue; por mantener un bloqueo despiadado a la entrada en Cuba de bienes y dinero; o por los cientos de intentos de asesinar a Fidel Castro (algunos informes dicen que ha sobrevivido a más de 600 atentados)?

La extendida inclinación de los docentes progresistas contemporáneos en los EEUU es la de ignorar o rechazar el razonamiento dialéctico, y esto, en mi opinión, constituye un fracaso a la hora de tener en cuenta los procesos más importantes que configuran nuestras vidas. Debemos quebrar aquello que sustenta nuestro sentido normal de individualidad incorporada [embodied selfhood]; debemos reorientar nuestro predeterminado sistema de redes neuronales para poder descubrir formas creativas de resistir al imperio neoliberal; se trata de un nuevo gradiente, un nuevo sentido de orientación, y no necesariamente un resultado final, un fin fijo o un gran punto omega.

Necesitamos una nueva visión dialéctica de qué aspecto podría tener un universo social fuera de la producción capitalista de plusvalía. Debemos explorar la inmensidad de la crítica inaugurada por Marx. Y dado que estamos esforzándonos por obtener una diversidad teórica, un cierre de la crítica en este punto sería muy prematuro. Hay un carácter esencialmente incompleto en lo que hacemos mientras perseguimos nuestros objetivos, el “inédito viable” del que hablaba Freire.

Como resultado de nuestra incapacidad para razonar dialécticamente y para construir una filosofía de la praxis fundada en el humanismo marxista, nos estamos ahogando (aquí en los Estados Unidos) a causa de los vientos furiosos de esta cultura de Armagedón, de declaraciones apocalípticas y teorías de la conspiración de extrema derecha de Donald Trump, sobre una camarilla de banqueros internacionales que han tomado el control del mundo y están dejando a los EEUU bajo la estela de una élite corporativa globalizadora que ha dejado a los blancos pobres vigilados por los helicópteros negros de las Naciones Unidas; así como devorados por grupos como Black Lives Matter, inmigrantes de todo tipo, musulmanes, feministas, activistas ecologistas de la Costa Oeste y por los que gestionan la industria del ocio en el seno de Sodoma. Pero es precisamente este billonario del capitalismo transnacional, que juzga al mundo entero con la mirada de un director de circo o un juez de concurso de belleza, la persona que más daño hará a la clase trabajadora.

El reino de cielo no va a aparecer de repente después del apocalipsis que nos está acosando de manera retroactiva desde el futuro. El fin de los tiempos es ahora, y es la lucha por la justicia social la que lo hace inminente. Esta lucha estipula que debemos unirnos y averiguar cómo crear un universo social fuera del sistema capitalista de producción de valor. La educación debería de jugar un papel significativo en esta lucha, pero no lo ha hecho.

Es por esto por lo que he estado intentando impulsar la pedagogía crítica como movimiento social transnacional, para unir a los educadores progresistas a hacer frente a los problemas del capitalismo contemporáneo y buscar alternativas. Nos enfrentamos a un capitalismo que ha generado genocidio, ecocidio y epistemocidio, este último término se refiere a la abolición de las formas de conocimiento de los pueblos indígenas. Tenemos frente a nosotros una larga revolución.

Notas

[1] El concepto de indentured servants hace referencia a hombres y mujeres que firmaban un contrato por el que trabajaban una serie de años a cambio del transporte desde Europa a Virginia, además de comida, ropa y alojamiento (Nota del traductor)

[2] “El concepto de plusvalía que fue desarrollado ampliamente por Karl Marx a finales del siglo XIX no es más que el excedente monetario originado por el trabajo humano presente en cualquier acción productiva y del que se apropia “gratuitamente” (según la teoría marxista), el capitalista o empresario”. Fuente: http://economipedia.com/definiciones/plusvalia-economia.html

Fuente: http://publicaciones.hegoa.ehu.es/assets/pdfs/357/Hariak-1.pdf?1482746831