Opinar o no opinar. ¡Vaya cuestión!


Autor: Josué Dante.

Uno pude escribir en su muro de [feisbuc] lo que le venga en gana. Claro está, cualquiera querrá corregirle el cuaderno a vuelta de correo. Uno escribe y escribe esperando cubrir la plana vacía de una discusión. Por ahora, el tema de moda son los maestros, la reforma, las marchas y de lo que ello ha resultado. Los que saben y pueden tienen el compromiso social de pronunciarse, verter su opinión y argumentar cada una de sus ideas. Caso contrario es mejor guardar el bolígrafo y evitar la estupidez de ofrecer un ridículo mensaje de fantoche.

Respecto a los maestros. Particularmente acepto su derecho a manifestarse en tanto hay una reforma que los incluye a ellos como trabajadores. Además tengo mis propios motivos y una serie de datos que me hacen estar en esta posición y no en otra. Pero ése no es el tema, más bien que cualquiera que perciba un ingreso por parte del Estado tiene ese derecho: a manifestarse, a marchar, a caminar por las calles de cualquier capital de Latinoamérica (históricamente así ha venido sucediendo). ¿Que han “desquiciado” a la ciudad de México? No. Lo digo yo que vivo en la misma ciudad y no he sido afectado. Es decir, hay una zona de la urbe en la que las marchas se han llevado a cabo, sin embargo hay otros espacios, como el sur y el norte de la capital, incluso el occidente, que han continuado con sus actividades económicas sin el menor tropiezo vial.

Las opiniones pueden estar divididas. De eso se trata la libertad de expresión: de que uno diga y que en cada idea ofrezca sus argumentos. Algunos lo hacen mejor que otros, otros simplemente no podrían hacerlo. El caso es que cada ciudadano (ojalá sucediera así con los indígenas, que no son ciudadanos y no han tenido necesidad de serlo) leerá y generará su postura (o es lo que se espera). Y es justo allí donde la opinión resulta peligrosa: si es tendenciosa, si obedece a intereses personales, si es hipócrita, si es ruin y con una conciencia podrida. No lo sé, miles de adjetivos se me ocurren en estos momentos. ¿Entonces el que opina cargará con la consecuencia de su opinión? ¡Vaya cuestión!

Referente a los maestros se ha dicho más que respecto a la reforma que les compete como trabajadores del Estado. ¿Será por desconocimiento? No. Más bien son los alcances intelectuales de quien habla escribiendo. De pronto una poeta juchiteca ofrece una reflexión profunda sobre la reforma educativa y los futuros gastos de los padres de familia, después un promotor cultural rescata una serie de argumentos históricos que ponen en jaque a las generaciones pasadas de los maestros, más tarde un columnista nacional revive la disidencia de 1980 y habla de un conflicto de larga duración… Todo va bien. Sólo que de pronto se aparece un imbécil escribiendo con monumentales errores ortográficos en su muro: “[…] los maistrus huevones [sic] no kieren trabajar [sic]”. Y lo puede hacer porque sí. Y yo no puedo hacer mucho para evitarlo. Es ridícula la respuesta cuando la pregunta es “¿Qué opinas sobre la reforma educativa?”.

Alguien más les ha llamado “escorias” a los maestros y yo sólo me pregunté si el ser humano merece ser calificado de esta manera en algún lugar del mundo: ¿Aquí en México? ¿En Estados Unidos de Norteamérica? ¿En Siria quizá? Yo digo que no. Por eso, quizá antes de responder a una pregunta hay que identificar desde qué orden de discurso fue planteada, qué alcance retórico puede tener y si es mejor reflexionar alrededor de la cuestión antes de querer buscarle respuestas.

En fin. Los maestros hoy son una realidad. Una realidad de hace más de 30 años. Sin embargo no viene al caso argumentarlo. Lo que me toca decir es que la opinión pública, que en otros momentos fue considerada como la segunda superpotencia, vertida en el [feisbuc] está en debacle. Mi hipótesis es que esta red social ha hecho de las suyas con nosotros por la tolerancia al arrebato de la libertad de expresión deseosa de ser manifestada. También porque… porque se puede y punto.

 Lo que toca preguntarse es si hay que opinar o no. ¡Vaya cuestión!

Zócalo de la Ciudad de México.

Viernes, 6 de septiembre de 2013.