El oficialismo mediático en México (Parte I): La prensa

… el periodista se considera un actor social
que contribuye al cambio social.
José Luis Benavides y Caros Quintero

Los medios de comunicación masiva constituyen una característica imprescindible de la sociedad moderna. Su proceso de desarrollo es distinto dependiendo cada país, a raíz de las condiciones sociales, políticas y económicas que se tienen dentro del proceso de integración en las sociedades.

En este sentido, la presente reflexión forma parte de un conjunto de cuatro entregas donde se analizarán los medios imprescindibles (prensa, radio, televisión, internet) para el caso mexicano, analizando su integración y desarrollo en el país.

En México, la prensa se constituyó como un servicio clasista de información, esto a partir de un elemento social que aún en la actualidad persiste y se consolida como una sombra que nadie se adjudica: el analfabetismo. De hecho, el analfabetismo se vuelve un precedente para la generación y reproducción de la desinformación por parte de aquellos que “transmiten” objetivamente la información a aquel que no tiene las habilidades para decodificar el mensaje noticioso.

En el siglo XIX, por ejemplo, el saber leer y escribir otorgaba la calidad de ciudadano a los mexicanos, ya que aquellos con esas habilidades tenían derecho a votar, mientras que los demás individuos se limitaban a ver cómo el gobierno se construía sin su voz, ni voto.

Para mediados del siglo XIX, se había dado la secularización entre el Estado mexicano y la Iglesia (con mayúscula que alude a la institución), por lo que correspondía al gobierno resolver el problema del analfabetismo. Se hizo lo posible, sin embargo, no fue suficiente.

El periodismo, sin embargo, tuvo desde el principio la bifurcación ideológica: por un lado la oficial, por otro, la contestataria, que después sería renombrada como aquellos que buscaban el progreso y aquellos otros que se empeñaban en estancar el país. Desde Benito Juárez en la presidencia, la prensa contestataria conservaba una trayectoria crítica e independiente al Estado, sin embargo, durante el Porfiriato se dio pasó a una serie de mecanismos para censurar a los opositores del régimen.

Desde la clausura de instalaciones, decomiso de imprentas, hasta la persecución y ejecución de periodistas y organizaciones que alzaban la voz en contra de los atropellos del gobierno. El Palacio de Lecumberry se convirtió rápidamente en un lugar de encuentro para aquellos periodistas opositores. Un mecanismo específico que se comenzó a emplear fue el subsidio estatal con la finalidad de “tirar línea” a los periódicos cuyas condiciones económicas fueran poco favorables.

No obstante, con el paso del tiempo y el inicio de la Revolución Mexicana, los periódicos permanecieron en latencia y otros más desparecieron. Una vez consolidado el nuevo Estado Mexicano, se retomaron las malas mañas del Porfiriato y se afinaron de acuerdo al nuevo contexto. La creación de la Productora e importadora de Papel Asociación Civil (PIPSA), durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940) constituyó uno de los contrastes más importantes en el sector del periodismo impreso.

El origen de PIPSA fue a partir de periódicos que solicitaban la intervención del Estado ante el monopolio que la empresa privada tenía sobre este insumo para el periodismo; los costos se elevaban sin consenso y su venta estaba condicionada por cuestiones políticas propias de dicha empresa. En realidad, PIPSA tuvo un origen en términos de intervención estatal ante el capital privado, no obstante, los posteriores presidentes se dieron cuenta de la relevancia que poco a poco obtuvo esta empresa paraestatal sobre el periodismo impreso mexicano.

Ya no sólo existía el subsidio indirecto por parte del gobierno (publicidad, anuncios y noticias “maquilladas”), sino que se volvió directo a través del suministro de papel a periódicos oficiales y desabasto para aquellos opositores. Finalmente, después del cierre de PIPSA, lo cierto es que el nuevo problema de los periódicos no se centraba en la obtención de las materias primas para producir y difundir la noticia, sino la competencia que los ‘nuevos’ medios, como lo fueron la televisión y la radio, habían establecido a través de la conformación de audiencias más prácticas y, aunado a eso, la invasión de las agencias de información. Los primeros intentos de resolver el problema de la dependencia de información centro-periferia se establecen en 1961 y 1968 con la creación de agencias de noticias mexicanas INFORMEX y NOTIMEX respectivamente (Bohmann, 1986; Trejo, 1989).

El ejercicio del periodismo en el siglo XX estuvo marcado por personas que en su mayoría, no tuvieron una formación académica, pero sí mucha experiencia en trabajo de campo. En este sentido, es importante mencionar que el código de ética y las formas de manejarse en la esfera política por parte de los periodistas no ha cambiado demasiado; el recibir un “chayo” o “embute” para hablar bien o no sobre un evento u hecho noticioso se ha vuelto casi una ley profesional a la cual afortunadamente los jóvenes profesionales del periodismo se rehúsan. El problema, desde mi punto de vista, no es el individuo, sino las condiciones que permiten la reproducción del soborno (dinero, cosas materiales, incluso amenazas contra familiares y la propia integridad del periodista). El oficialismo periodístico en el siglo XX se dio de tal manera que permitió una simbiosis entre los intereses políticos y el solapamiento de periódicos a cambio de subsidios de diferente índole.

Y aunque la relación entre el periodista y el Estado no ha cambiado, sí lo ha hecho la relación Estado-periodista. Por un lado el boicot por parte de los gobiernos a periódicos independientes y críticos se convirtió en una característica  del siglo XX en el periodismo; el caso más sonado fue el ocurrido en Excélsior, donde Julio Scherer salió de ese periódico junto a un grupo de colaboradores que posteriormente fundarían la revista Proceso. Por otro lado, el incremento de los índices de homicidios a periodistas que tocan los temas medulares más obscuros de la política en sus diferentes niveles, ha hecho que el ser periodista se vuelva más que una profesión un delito.

Y a pesar de este panorama adverso, el periodismo independiente, que se ha ampliado con el uso de tecnologías como internet, da certeza de una claridad de elementos necesarios para el México que hoy se tiene. La información veraz, objetiva y oportuna se está volviendo un bien escaso en estos tiempos de bombardeos pseudo-informativos, también llamados comerciales; depende de los nuevos profesionales cambiar esta sombra histórica en una profesión tan noble y a la vez tan importante para el Periodismo.

Bibliografía.

Bohmann, Karin. Medios de comunicación y sstemas informativos en México. México: Alianza Editorial Mexicana-CONACULTA, 1986.

Trejo Delarbre, Raúl. Las agencias de información en México. México: Trillas, 1989

Benavides Ledesma, José Luis y Carlos Quintero Herrera, Escribir en prensa. Redacción informativa e interpretativa, México: Alhambra Mexicana, 1997