Ocupar, resistir, producir (El grito de las fabricas y empresas recuperadas). De Jorge Pousa.

El modelo neoliberal globalizante, aplicado siguiendo las recetas dictadas por el FMI, condujo a la Argentina a la situación de crisis económica, política y social más grave de toda su historia. Este modelo, impuesto primeramente a sangre y fuego durante la dictadura militar de 1976, se profundizó en la década de los ‘90, hasta eclosionar con la rebelión popular de diciembre de 2001 y la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa.

La quiebra masiva de fábricas y empresas, provocaron un nivel de desempleo jamás visto en la Argentina, y con ello el empobrecimiento de gran parte de la población. Miles de personas asistiendo a Comedores Comunitarios para mitigar el hambre o en los basurales para buscar algo que vender era el panorama cotidiano. Todo se llevó a cabo ante la mirada impávida y complaciente de la mayoría de los sindicatos y la clase política gracias a un mecanismo de corrupción generalizada.

Frente a este escenario angustiante estaban los trabajadores, soportando hasta la explotación para mantener su empleo, en lo que, eufemísticamente, se llamó “flexibilización laboral”. Pero, pese a flexibilizarse, las fábricas seguían quebrando o eran abandonadas por sus dueños después de vaciarlas, lo cual significaba pasar a engrosar la larga fila de desocupados.

Fue así que algunos trabajadores no se resignaron a su suerte y optaron por defender su fuente de ingresos de la única manera que pudieron: ocupando la fábrica que se cerraba y poniéndola ellos mismos a producir. Este fenómeno de recuperación de empresas se enmarcó dentro de los novedosos movimientos sociales de resistencia al modelo neoliberal. Piqueteros y movimientos de desocupados tomando las calles, asambleas populares reclamando democracia participativa, Organismos de Derechos Humanos y partidos políticos de izquierda se unen y solidarizan mutuamente en una Argentina desvastada. Ocupar, resistir, producir es el grito de las fábricas y empresas recuperadas.

Que los medios de producción pasen  a manos de la clase trabajadora cambia la lógica de la cultura del trabajo: la autogestión con poder en la toma de decisiones se contrapone a que la responsabilidad sea solo de los dueños; la igualdad en los ingresos deja atrás los salarios según escala jerárquica; la solidaridad se antepone a la competencia y se rompe el paradigma de que los trabajadores no pueden administrar una empresa.

Como dice Luis Alberto Caro, presidente del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas por los Trabajadores: “poner el lucro como motor de la economía, llevó a la Argentina a su mayor contradicción, que en el país de las vacas y el campo se mueran niños de hambre”. Los trabajadores de las fábricas y empresas recuperadas vienen demostrando, desde hace más de diez años, que es posible poner las necesidades del pueblo como motor de la economía y la producción, reconstruyendo así los lazos de solidaridad y resistencia al modelo neoliberal.