No lo volveré a hacer

Los hechos recientes en México dan mucho de qué hablar en los salones y salas de trabajo donde los científicos sociales tratan de dar explicación a la realidad. Y es que, en cierto sentido, lo que propone el grupo encargado de llevar la imagen del Presidente en turno, es simplemente una ironía. Una cachetada con guante blanco al pueblo de México.

Es decir, pedir perdón a la sociedad mexicana por un elefante blanco que constituye la máxima expresión de corrupción a nivel nacional (la Estela de la Luz que Felipe Calderón ‘gestionó’ fue desbancada, no obstante, la pérdida de tres ceros en la moneda mexicana durante la presidencia de Salinas de Gortari sigue en la cima), no sólo representa un intento anacrónico por parte del gobierno federal para expresar de una manera sutil la aceptación del mismo acto corrupto, sino que pone al descubierto la falta de eficacia del sistema judicial mexicano para tratar estos problemas y darles solución.

Lo que para unos es una muestra de humildad y de que la democracia en México se va haciendo más transparente, para otros es un insulto. Un insulto que debe ser remediado no con un perdón, sino con una muestra fiel y consecuente a lo que sucede: renuncia. Esa sentencia de perdón, además está incompleta; realmente dice: “pido perdón porque el sistema político y jurídico mexicano están tan mal que no me pudieron culpar” / “pido perdón por el pueblo mexicano que no se quiere dar cuenta de lo que mi partido representa y que aun así, sigue votando por él” / “pido perdón por ser la máxima expresión del capitalismo rapaz y parasitario que somete a México” / “Pido perdón porque el futuro de los nietos de los mexicanos está ya vendido a las trasnacionales que hacen riqueza en este hermoso país” / “Pido perdón por la censura y hostigamiento que se dicta contra los medios independientes que hacen investigaciones que demuestran el tipo de clase política que este país ha construido”…

Dice el dicho que no tiene la culpa el indio, sino quien lo hizo compadre… Y es que lo que pasa aquí es una clara respuesta de la apatía de gran parte de la sociedad mexicana que está ensimismada en problemas tan micro (familia y trabajo) que prefieren abstenerse de una acción más allá de la simple acción de quejarse de lo malo.

Es comprensible, la situación no es la más favorable para que la gente tienda a darse tintes de ‘revolucionario’, sin embargo, debe darse cuenta que la apatía política es el mejor abono para elefantes blancos que están formados para relucir.

Si sobre algo debería pedir perdón, debería ser por los atropellos llevados a cabo a lo largo del sexenio que administra; por los diez mil asesinados en lo que va del año, de la represión ejercida en Oaxaca; por la forma burda y simplona con la que llegó al poder; por la devaluación del peso respecto al dólar; de su incompetencia para llevar a cabo actos diplomáticos con sus homólogos; por su falta de formación conceptual para diferenciar entre populismo, asistencialismo, corporativismo y filantropía; por re-entregar el petróleo que hay en México a empresas de otros países ‘que sí saben hacer el trabajo’. En fin, una gama de situaciones que lejos de enfrentar, pretende ocultar como si fueran cosas insignificantes.

Si los libros de historia explican las características de cada sexenio, espero que cuando explique éste, tengan a bien caracterizarlo como el sexenio del perdón: ‘Perdón por dejarme hacerlo. Les prometo no volverlo a hacer’