El movimiento obrero: la I internacional El proletariado urbano y rural a fines del siglo XIX

Podemos decir que, del nuevo tipo de desigualdad social surgido tras la “Revolución Industrial”, surgieron respuestas por parte del mundo obrero (habrá quien hable de lucha de clases con profusión), que desembocarán, en el siglo XX, en fenómenos como la revolución rusa o la China comunista, u otros intentos revolucionarios, como por ejemplo el acaecido en la España de la Guerra Civil (lado republicano), entre los años 1936, y hasta el final de la guerra (1939).

Pero el movimiento obrero no surge de la nada, sino que el enorme poder que acapararán los sindicatos obreros (primero), y los partidos políticos de signo obrerista (surgidos de aquéllos), aparecen como consecuencia del descontento general ante la ya mencionada y creciente desigualdad social y económica entre obreros/as y propietarios/as.

Ello desembocará en una reunión de las todas las organizaciones obreras en un gran acontecimiento, que ha pasado a la historia con el nombre de I Internacional, inaugurada en Londres en 1864.

Pero éstas fuerzas obreras reunidas no eran homogéneas, sino que la podemos dividir en dos grandes grupos:

  • Los socialistas utópicos y los anarquistas
  • El socialismo científico

Dentro del primer grupo, nos encontramos, por un lado, con los partidarios, entre otras cosas, de suprimir el dinero y sustituirlo por bonos de trabajo (Owen), otros teñidos de un cierto romanticismo de ilustrados como Rousseau (Saint-Simon, Louis Blanc, Cabet), que optaban por diversas formas idealizadas de crear unas sociedades sin carencias y, por otro lado, con el anarquismo (con Bakunin a la cabeza), del que hablaremos después con más profundidad.

Por su parte, el socialismo científico de Marx y Engels (que acabaría expulsando al resto de la I Internacional), intentaba desarrollar, como los socialistas utópicos y los anarquistas, una sociedad sin carencias, pero bajo el prisma de un análisis profundo (que ellos consideraban científico) de la realidad económica en que se vivía, y que provocaba las enormes desigualdades surgidas, desde la Revolución Industrial, entre ricos y pobres: El sistema capitalista, dentro del cual había una clase que era propietaria (la burguesía), y el proletariado o clase desposeída por el otro.

Según el socialismo científico, éstas clases vivían bajo un conflicto continuo (el cual da sentido al proceso histórico y a la historia misma), que había de acabar con la toma del poder por parte del proletariado, cuyo gobierno acabaría con las desigualdades sociales y con el sistema capitalista de producción.

Marx y Engels
Karl Marx y Friedrich Engels retratados junto a parte de su familia

El socialismo marxista es, por tanto, un fenómeno asociado al mundo contemporáneo posterior a la Revolución Industrial, que se caracteriza, entre otros aspectos, por el éxodo masivo de población campesina a la ciudad, a trabajar en las fábricas de las ciudades. Así pues, es un fenómeno esencialmente urbano, con algunas excepciones.

El anarquismo se centrará, en cambio, en el poder revolucionario del campesinado, en países donde la industrialización es muy pobre o escasa, como pueden ser los casos de Rusia o la España del siglo XIX y del primer tercio del siglo XX, lugares donde arraigará con especial fuerza.

¿Por qué se rompió la unidad de lucha obrera?

Sea cual sea la causa exacta, lo cierto es que existen diferencias entre las doctrinas ideológicas de marxistas y bakuninistas, que resultaron insalvables.

Examinémoslas.

El marxismo o socialismo científico

En “El manifiesto comunista”, Marx y Engels afirman lo siguiente:

(…) el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.

El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para descentralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para acumular con la mayor rapidez posible la suma de fuerzas productivas.

El anarquismo de Bakunin

En resumidas cuentas, podemos decir que Bakunin difiere de Marx en que éste último considera necesario dar un papel determinante al Estado, mientras que para Bakunin:

Según nosotros una vez en posesión del Estado, deberá destruirlo inmediatamente, como prisión eterna de la masa laboriosa; pero según el señor Marx el pueblo, no sólo no debe destruirlo, sino que, al contrario, debe afirmarlo y reforzarlo y ponerlo en ese estado en manos sus bienhechores, padrinos y maestros, de los jefes del partido comunista, es decir del señor Marx y sus amigos, que comenzarán entonces a libertar a su modo.

Mijail Bakunin
Mijail Bakunin

Y continúa:

(…) nosotros, no sólo no tenemos la menor intención o el menor deseo de imponer a nuestro pueblo o a cualquier otro pueblo tal o cual ideal de organización social, leido en los libros o inventado por nosotros mismos, sino que, convencidos de que las masas del pueblo llevan en sí mismas, en sus instintos, en sus necesidades cotidianas y en sus aspiraciones conscientes o inconscientes, todos los elementos de su organización del porvenir, buscamos ese ideal en el seno mismo del pueblo. (Bakunin, en “Estatismo y anarquía”)

Conclusión

Hay que señalar, sin embargo, y para finalizar este apartado dedicado a la I Internacional, que también había semejanzas entre marxismo y anarquismo, como es, por ejemplo, la abolición de la propiedad privada. Pero ello no pudo evitar la ruptura del movimiento obrero en facciones que, sin duda, lo debilitaron de cara al futuro, y a pesar de que el siglo XX ha sido el siglo de las revoluciones obreras por excelencia.

Mas, para que se pueda alcanzar estos objetivos, que son la emancipación de las clases laboriosas, su retribución del producto integral de su trabajo y la satisfacción de sus necesidades, la tierra y el capital deben convertirse de algún modo en propiedad colectiva. Mientras esto no se lleve a cabo, la cooperación, en la mayoría de los casos, se verá aplastada por la concurrencia todopoderosa del capital y de la gran propiedad territorial; en los casos en que, por ejemplo, tal o cual sociedad de producción, funcionando por fuerza o aisladamente, consiguiera sustraerse y escapar de esta concurrencia, este éxito tendría como único resultado la creación de una nueva clase privilegiada de cooperadores satisfechos dentro de la masa miserable de los proletarios. (M. Bakunin, Apéndice A, Estatismo y anarquía, Obras completas, La Piqueta, 1986).

Fuente: https://historiaysociedadhumana.wordpress.com/2017/06/09/la-i-internacional-el-proletariado-a-fines-del-siglo-xix/