Miscelánea mexicana

En estos dos meses han ocurrido un sinfín de eventos de escala nacional. Desde la muerte del cantautor conocido como Juan Gabriel, cuyas canciones han sido escuchadas por los usuarios del metro por casi un mes completo, hasta los recientes comentarios hechos por Roger Waters hacia Enrique Peña Nieto.

Lo que es necesario analizar de estos eventos, es sin duda alguna la forma en que la sociedad responde a las condiciones que los elementos sociales la implican. En otras palabras, son hechos que tienen efectos diferentes en la sociedad mexicana.

Por un lado, tenemos a un cantante mexicano que se consolidó a través del sentimiento de las canciones que compuso y cantó; Juan Gabriel, sin embargo, dejó más que canciones que se cantan cuando uno está alegre, despechado, o en estado alcohólico: su legado trasciende lo musical para entrar en lo simbólico y representar un grupo social que hoy intenta hacer valer sus derechos como integrantes de esta ciudadanía.

Y hablando de ciudadanía, es necesario hacer algunas aclaraciones sobre los recientes eventos entre la disputa por abrir un camino de igualdad de derechos a grupos sociales minoritarios como los homosexuales, y la respuesta radical por parte de aquellas personas que defienden el modelo “natural” de la familia. Estos últimos son, en cierto sentido, aquellos que ven en riesgo la caída de su “gran relato”; para muchas personas, la idea de dos personas del mismo sexo educando a un menor es inconcebible porque en su época, en su Lebenswelt no figura ese tipo de familia.

Para ellos figura cualquier gama de familia, siempre y cuando sea una mujer y un hombre quienes representen los roles y valores “naturales”, no importa si el hombre es alcohólico y gusta de pegarle a su esposa, o si la mujer gusta de maltratar a sus hijos en respuesta a los golpes que recibe de su esposo, o si el hombre gusta de tener más de una pareja y contagia a su esposa con una enfermedad de transmisión sexual… eso no importa, lo que importa es que sea un hombre y una mujer los que enseñen a sus hijos cómo ser “normales”. La familia, junto con el Estado y la Iglesia representan instituciones que son dinámicas con el paso del tiempo; cambian a partir de la complejidad social. Todo cambio implica una reacción, sin embargo, el argumento utilizado por aquellos que defienden lo natural, están cometiendo un error de interpretación, ya que lo que defienden no es algo natural, biológico, sino una construcción social, a partir de las relaciones sociales que se heredan para permitir el progreso del grupo social. No obstante, hoy, la institución familia, es quizá, la institución que más cambios ha sufrido como resultado de factores económicos, sociales y hasta políticos (en otro momento hablaremos de este tema).

En vez de marchar en contra de un derecho que se intenta profanar (tal como si fuera un tabú), deberían marchar por el derecho a una mejor vida para ellos y sus hijos; deberían marchar por los desaparecidos del movimiento estudiantil de 1968, de la matanza de Acteal, de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, o por lo menos pudieron haber coreado consignas en el concierto de Roger Waters.

Curioso es que el primero de octubre, más de cien mil mexicanos hayan coreado “¡Renuncia Peña!”, y no hayan asistido a la marcha conmemorativa a la represión estudiantil de 1968. Tal vez porque era domingo y, pues, ese día es de descanso aquí y en China. Lo más importante de este hecho es la función que tuvo el concierto: generar una catarsis para dejar salir el sentimiento de reprobación a lo que la actual administración federal está realizando. Sin embargo, es importante mencionar que esa acción, surge como consecuencia del propio contexto que se generó en ese espacio. La acción se da sólo en el espacio del entretenimiento, del espectáculo, donde uno no se encuentra ataviado por las condiciones sociales que imperan en nuestro país y que hacen peligroso que las personas salgan a manifestar su descontento.

Es una masa que actúa en el momento, movida por el sentimiento generalizado por las condiciones sociales y canalizado en un evento musical. Es una acción que aparentemente significa una reacción, sin embargo, lo que genera realmente es la idea de reacción, lo cual se difumina en el momento en que las luces del se apagan. Roger Waters se va, pero los problemas se quedan.

Finalmente, también se queda la nueva paridad del peso contra el dólar, cosa abismal, que en poco menos de un año, el peso se haya devaluado más de la mitad. Eso hubiera coreado también Waters… esperaremos a su siguiente gira para poder hacer esa consigna.