¿Medios de comunicación democráticos?

El discurso de la democracia se ha expandido de tal manera que ha llegado a áreas donde, hasta hace poco, ni siquiera se pensaba que pudiera existir dicho concepto llevado a la práctica. La comunicación es una de esas áreas, particularmente los medios de comunicación masiva. Sin embargo, en esta pequeña reflexión daré elementos que no debemos olvidar al escuchar o hablar de “democratización en la comunicación”.

Muchas veces cuando se habla de democratizar los medios, se hace para estigmatizar los antecedentes de éstos dentro de regímenes dictatoriales, que a su vez evocan a países ‘socialistas’ que de una u otra manera los utilizaban para preservarse. No obstante, habría que retomar esta idea de manera cuidadosa, debido a que incluso en la democracia más pura estos medios tuvieron un inicio similar, pero que a medida del tiempo cambiaron de dueño, no de clase.

El primer elemento que hay que retomar, entonces, es que los medios de comunicación masiva han cambiado ‘de bando’ a lo largo de la historia; desde los regímenes totalitarios donde se incrustaban como una herramienta del Estado, hasta los grandes monopolios que crean, seleccionan y difunden bienes culturales en la sociedad más libre y democrática que pueda haber. El segundo elemento, un poco vislumbrado en el primero, es que estos medios intentan aparecer como ‘elementos neutrales’ que junto a la escuela y las instituciones religiosas no tienen aparentemente una función dominante o reproductora de un estado actual de las cosas. Quien considere esto verdad le recomiendo lea Ideología y Aparatos ideológicos del Estado de Louis Althusser, La educación como práctica liberadora de Paulo Freire o La reproducción de Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron. Por el contrario a esa idea, estas instituciones cumplen una función específica dentro de cada sociedad y por ello quedan a merced de la especulación referente no sólo a saber quién los controla o posee, sino qué dan y por qué lo dan mediante estos medios.

Un tercer elemento que se invoca al momento de hablar de democratización en la comunicación es que esta proviene de un desarrollo tecnológico y una aparente apertura al momento de decidir sobre los contenidos de estos medios de comunicación por parte de las audiencias. Esto es importante de aclarar. Cuando una persona ve la tele, escucha la radio, lee un periódico, revisa sus redes sociales (en este caso específicamente me refiero a la publicidad, entretenimiento e información) y lo que ve, escucha o lee no le gusta, tiene tres opciones: la primera es aceptarlo, la segunda es cambiar el medio o canal con el fin de buscar algo más, o una tercera opción es la de apagar el medio y hacer otra actividad. Realmente lo que sucede aquí es que hay una decisión sobre el medio y la forma en que recibe el bien cultural, mas no del contenido de dicho bien, esto es la construcción del mensaje implícito en éste. No hablamos de una pluralidad de ideas, sino de una pluralidad de formas y medios.

Finalmente un cuarto punto a tomar en consideración es el hecho que el proceso de comunicación tiene como antecedente inmediato las relaciones sociales. Es decir, todo acto de comunicación está sobrepuesto a una forma específica de relación entre los participantes, por lo tanto si se habla de medios de comunicación democráticos, tendríamos necesariamente que hablar de relaciones horizontales entre los dueños de los medios y los receptores de los mismos. Hablar de democratizar los medios y con ello la comunicación, implica una organización social no sólo entre los que reciben y utilizan dichos medios, sino que esta organización abarque la posesión de los mismos con el fin de cambiar el actual monólogo por un diálogo.

No considero que sea imposible y muestra de ello son las radios comunitarias que tienen un origen particular en América Latina. Son espacios de desarrollo y emancipación de lo que la gente quiere escuchar y cómo la quiere escuchar; son el lugar ad hoc de la democracia dentro de la comunicación. A pesar de esto, estos modelos alternativos no tienen un respaldo institucional que les permitan competir con los grandes monopolios en comunicaciones que cada país latinoamericano posee. Pero este tema en particular lo desarrollaré en otro momento.

Lo medular de esta reflexión es no confundir la democracia dentro de la comunicación con la pluralidad de formas y medios para poder ejercer un poder (público o privado) sobre receptores que ‘deciden’.  Como hemos dicho, se necesita de un cambio entre las relaciones que median estos medios, sus dueños y las audiencias.