Más política y menos poder

Si entendemos la política en su sentido más amplio, tendríamos que apostar por esta actividad noble que mueve a los grupos humanos a decidir, a presionar y a participar en la toma de decisiones de una sociedad, para garantizar una distribución equitativa de los recursos materiales y simbólicos así como el acceso a los espacios y a la representación democrática. El poder por sí mismo no hace bien a nadie. Esa depredadora necesidad de dominar, de influenciar al otro para controlar y saciar la sed de poder, que pareciera residir en la naturaleza humana, no deja de atravesarse en los caminos de quienes se esfuerzan por construir proyectos políticos negociables, perfectibles, viables, que permitan adhesión, convocatoria y convivencia equitativa entre mujeres y hombres, entre jóvenes y adultos, entre seres humanos y los demás seres vivos, entre pueblos con culturas diversas.

Pero en la esencia humana también se encuentra esa rica pluralidad de semánticas que le permiten mirar y participar caleidoscopicamente en la vida social. Es sobre esta poderosa dimensión de las personas que me encanta reflexionar y escribir, me refiero a ese contingente de recursos simbólicos, asociados a los relatos, a los imaginarios y a los flujos de comunicación que siempre se han servido de las redes sociales y que hoy se ven multiplicados por las tecnologías de la información la comunicación.

Conversemos sobre esos recursos de poder que están a la base de la acción política humana, la que a su vez mueve y transforma las fronteras de nuestras sociedades.