Manual del buen político-pastor

La forma en que pululan pastores y partidos religiosos en los poderes públicos despierta curiosidad sobre la manera de operar de estos liderazgos y grupos.  ¿Cómo dar el salto del púlpito a una curul? A continuación, siete sencillos pasos a seguir para lograrlo.

Paso # 1. Ser ungido por Dios. Para empezar su carrera es necesaria una revelación, un sueño o un mensaje divino haciéndole la invitación a iniciar las labores pastoriles y políticas. Una vez que se lo crea, hágalo creer a los demás.

Paso # 2. Críe un rebaño fiel y territorial. Las dirigencias territoriales son fundamentales en las campañas políticas. Una red de iglesias le permitirá contar con una amplia base de fieles seguidores.

Paso # 3. Estructura vertical y disciplinada. Su posición de pastor investido directamente por El Señor, le asegurará un liderazgo fuerte e incuestionable. La democracia partidaria en estos casos no es necesaria, su palabra debe ser la última.  No permita por ningún motivo que “el diablo”, en la figura de ningún militante, desafíe su autoridad.

Paso # 4. Cree demonios a los cuales destruir. Una agenda política clara es necesaria. La oposición a temas de avanzada y derechos humanos le garantizará el voto duro de un sector conservador sin mucho esfuerzo.  Emisoras, iglesias y canales cristianos difundirán su agenda sin costo alguno y de manera constante.

Paso # 5. Este va ligado al anterior: Genere polémica y sea motivo de escarnio. Recuerde que una excesiva exposición mediática -buena o mala- será igual de útil para publicitar su martirizadora cruzada ante su electorado meta.

Paso # 6. Cargue con usted crucifijos o biblias para mostrarse en público. Los mítines o debates políticos estarán a la vuelta de la esquina y resultará útil perorar con estos.

Paso # 7. ¿Y en caso de ser cuestionado? Desvíe la atención y apele a lo divino. Pague en el tiempo de Dios.

De seguir estos pasos, logrará granjearse el favor de un grupo incondicional de feligreses, garantizándole un envidiable músculo político, necesario para partir y atravesar las turbulentas aguas de la política.