Los últimos días de Colón: un homenaje a la efeméride

Como es sabido, se considera que los últimos días de Cristóbal Colón transcurren entre enero y mayo de 1506; es decir, se suceden 140 días entre su marcha de Salamanca y su muerte en Valladolid, en los cuales el Almirante no cesa de escribir a sus deudos y enviar cantidades importantes de dinero para ayudar a allanar los obstáculos que impidan obtener su propósito, el cual pasaré a relatar más adelante. A pesar de dicha consideración, mi opinión discrepa en cuanto que considero importante situar el final desde su estancia en Segovia por los factores que allí se dieron.

Cristóbal Colón sigue a la Corte

Veamos cómo ocurrieron los hechos.En la primavera de 1505 (posiblemente en mayo para asegurarse el buen tiempo), Colón a pesar de no haberse recuperado del todo,  trató de dirigirse a la corte en mula (más cómoda que un caballo para el largo camino a recorrer) y no en andas como se le había concedido anteriormente, a la sazón residente en la ciudad de Segovia. El objetivo era  encontrarse con el rey Don Fernando,pues Isabel había muerto en Medina del Campo el 26 noviembre de 1504, para reclamar la confirmación de los títulos y privilegios concedidos en sus anteriores viajes. De esta manera Colón intentó suavizar su relación con el monarca y trabar amistad con el cardenal Cisneros.

Entrado ya el otoño y siguiendo a la corte, el descubridor parte de Segovia. El día 2 de noviembre de 1505, lunes, Colón llega a Salamanca siguiendo a la Corte y allí su delicado estado de salud, producto de su último viaje al Nuevo Mundo, no le permite ocuparse de sus asuntos, por lo cual es Méndez, su fiel amigo, el que los lleva a cabo en su lugar.

Hay que recordar que en la misma fecha,el 20 de enero de 1506, de su estancia en la capital salmantina se firma el Concordato entre Fernando el Católico y los representantes del futuro rey Felipe el Hermoso para establecer un gobierno conjunto.

Mientras tanto, el mismo día, el rey Fernando ordena que se paguen los sueldos pendientes a Bartolomé Colón y a Hernando Colón por el último viaje realizado (cuyas cartas de pago firman el 6 de febrero), día en que Cristóbal Colón se decide a abandonar Salamanca en dirección a Valladolid. Poco después de la marcha de Colón, el 26, Diego de Deza solicita que se expidan células a favor de Cristóbal Colón para pagar los últimos viajestrasatlánticos. Se confirma así que la estancia de la familia Colón en Salamanca fue muy productiva económicamente, dando por hecho que  ya  Don Fernando accede a solventar los asuntos relacionados con el descubridor.

Arreglados ya los asuntos que le preocupaban, Colón sale en pos de la corte en dirección a Valladolid. Lo que no sabía es que este sería su último viaje.  No nos olvidemos que el municipio vallisoletano fue objeto de varias visitas de Colón, entre ellaslas ocasiones en que la ciudad dio cobijo a la Reina Isabel la Católica y a su  esposo Fernando y el almirante acudió para solicitar su favor. La diferencia con las anteriores estancias es que los motivos de esta última siempre han sido difíciles de explicar debido a la falta de noticias concretas salvo tres documentos oficiales.

Desde la muerte de la reina Isabel, la suerte a Colón le fue adversa, ya que aunque contó con el favor real para  su cuarto viaje, no volvería a ver en vida a su principal valedora y tendría que buscar el favor o bien del regente Fernando el Católico o de los futuros reyes Felipe y Juana, decantándose equívocamente por estos últimos. A pesar del deteriorado estado de salud, el almirante aun así siguió luchando por conseguir autorización  para un quintoy último viaje.

En la mañana primaveral del 2 de abril de 1506 Cristóbal Colón hacía su entrada en Valladolid por el camino de Puente Duero en dirección Simancas donde pasó el Pisuerga en dirección a la villa. La comitiva estaba integrada por unas cuantas caballerías y una cuadrilla de sirvientes que se ocupaban, pues para ello eran pagados, de facilitar su traslado lo más cómodamente posible, ya que como he reiterado anteriormente el almirante llegaba con una salud muy precaria a su destino, adenda del status y de la disponibilidad económica. Este cortejo que le acompañaba, partía de Salamanca al amparo de los Reyes Católicos y hubo de desviarse hasta Simancas para cruzar el puente con el fin de poder llegar a la casa de algún amigo todavía favorable perteneciente a la corte, y  donde supuestamente se alojaría el famoso descubridor, para conseguir así el reconocimiento pleno de todas las concesiones hechas a su persona desde 1492.

Desde su primera llegada a la ciudad habían transcurrido muchos años y las circunstancias eran bien distintas  ya que las primeras estuvieron marcadas por los desvelos originados por la búsqueda de apoyos para su atrevido proyecto de navegación, sobre todo después de la negación del rey Juan II de Portugal a financiar la travesía. Pero cuando llega Colón a Valladolid en estos días de 1506, a pesar de concebir todavía la posibilidad de realizar un próximo viaje, no disfrutaba del mismo estado físico que cuando recalara en la ciudad aquellos años atrás y sólo podrá solicitar el permiso a través de allegados.

Seguramente desde el palacio de su amigoLuis de la Cerda, insistió a través de su hermano Bartolomé en el proyecto de cruzar nuevamente el Atlántico, solicitando permiso para ello, a través de los nuevos monarcas, Juana I y Felipe el Hermoso, que se encontraban en La Coruña a su venida desde Flandes para gobernar España.

En estas circunstancias, se sabe que había sufrido un agravamiento de la enfermedad, posiblemente artritis reumatoidea, que le obligó a ingresar en la hospedería del convento de San Francisco, situado en la Plaza Mayor, donde pudo recibir atenciones hospitalarias de alivio y consuelo por parte de los franciscanos.

A pesar de todo, su estado empeoró y a modo de despedida el 19 de mayo de 1506 dictó un último codicilo a su tercer testamento, redactado en Segovia el 25 de agosto de 1505. El codicilo a este testamento  fue otorgado en el lecho hospitalario ante el escribano de cámara Pedro de Hinojedo, actuando como testigos el bachiller Mirueña y el ayudante de escribano Gaspar de Misericordia, así como los marineros Bartolomé Fiesco, Alvar Pérez, Juan de Espinosa, Andrés Colombo, Fernán de Vargas, Francisco Manuel, Fernán Martínez y algunos criados del Almirante.

Este codicilo muestra la última etapa de vida del Almirante que transcurría en la villa reiteradamente nombrada. Este nuevo cambio en el testamento se puede poner en relación con la llegada de Felipe el Hermoso y doña Juana el 26 de abril de 1506 en La Coruña y su esperanza por conseguir un nuevo viaje a través de una carta enviada a los mismos, dando muestra así de una total posesión de facultades. En dicho documento se pueden apreciar asuntos muy diversos como las rentas que poseía el descubridor y que desmienten que muriese en la miseria, el mandato de que se le de protección a Beatriz Enríquez de Arana, su antiguo amor; la ordenanza de que su sucesor, Diego Colón, sirva a los futuros reyes[1] y el saldo de algunos pagos de supuestos préstamos que durante su estancia en Portugal le habían llegado a hacer. Pero lo más importante de dicho codicilo son las últimas disposiciones en favor de los herederos de Luis Centurión Escoto y de Pablo de Negro, ambos genoveses.

Como se puede apreciar este documento nos remonta hasta los años anteriores al descubrimiento de 1492, concretamente a los famosos pleitos del azúcar habidos en 1479. Los pleitos del azúcar tuvieron motivo por una denuncia hecha por parte de Luis Centurión, comerciante de una de las familias nobles y más influyentes de Génova, a Cristóbal Colón, a su servicio, el 25 de agosto de 1478 tras el suceso de que el primero le encargase al Almirante comprar una determinada cantidad de azúcar en la isla de Madeira, sin resultado. Cristóbal Colón adujo en el pleito que no había recibido el dinero correspondiente por parte de Pablo de Negro, en nombre de Luis Centurión, para pagar dicha cantidad de azúcar por lo que le fue imposible cargar con ella en el barco. Tras añadir que no disponía en el momento del pleito del libro de cuentas para saber la cantidad de azúcar adquirida finalmente, la justicia fallaría a favor del Almirante.

Al día siguiente, 20 de mayo de 1506 y víspera de la Ascensión, según consignaron su hijo Hernando, el padre Las Casas y Rodrigo de Verdessoto, regidor de Valladolid, Colón moría en el convento de San Francisco de Valladolid aquejado por fuertes dolores inicialmente asociados con la enfermedad de la gota y que se han calificado como artritis reactiva. Murió solo y siendo asistido por las oraciones de los frailes en aquella víspera del día de la Ascensión. Es  destacable la ausencia de sus hijos Diego y Hernando Colón cuyos motivos de esta falta no han sido descubiertos todavía. Quizás el motivo fuese que Hernando se encontraba informando a su tío Bartolomé del estado de su padre, en tanto que de Diego no se hace ninguna referencia sobre su presencia en el día de la muerte, pero se sabe que quedó en Valladolid mientras su hermano marchaba.

Colón supuestamente sería enterrado en la capilla de los condes de Cabra, en el mismo convento de San Francisco, por consentimiento de Francisca de la Cerda, viuda de Luis de la Cerda, que ostentaba la propiedad de la capilla. Por el contrario sí que está documentado que en 1509, por expreso deseo de su hijo Diego, los restos fueron trasladados a la capilla de Santa Ana de la cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla y posteriormente a Santo Domingo para ser más tarde traído de vuelta de nuevo a Sevilla.

Las imágenes y bibliografía que se crearon para demostrar estas teorías las podéis encontrar en https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4502269.pdf

[1] Es un retoque del testamento realizado en Segovia, una vez fallecida Isabel, siendo consciente de que los nuevos reyes están muy próximos a desembarcar.