Los matrimonios arreglados

@ilkaolivacorado.
Julio 22 de 2015.
Estados Unidos.

Crecí escuchando a los papás decirles a sus hijas que tenían que encontrarse un fulano que las sacara de pobres, ya fuera como amante o como esposo pero que las sacara de pobres.

La primera cosa que adjudican cuando una mujer dice no (que lo más difícil en esta vida es decir no) es que no le gustan los hombres. Porque el sistema dicta que la mujer debe decir sí todo el tiempo. Que si es de baja condición social debe sentirse alagada y muy importante, porque no es común  que un hombre de otro nivel social se fije en ella, ya sea para amante o para esposa.  Ese sentido de inferioridad con el que crecemos los seres humanos por motivos varios, en todos los niveles sociales pero en los arrabales se palpa.  Y así vi a muchas niñas casarse en esos matrimonios arreglados,  muchas que dejaron de estudiar para casarse y tener hijos y así afianzar el matrimonio (según ellas). La mayoría sin un lazo emocional humano, (eliminemos el tema del amor como nos lo vende la sociedad,   y el romanticismo barato) hablo del tipo de amor que va más allá de cualquier pasión,  hablo del amor solidario, del amor compañero que es más importante que el amor amante.

También vi a muchas conocidas de diferente clase social, prepararse en la universidad con la única finalidad de conseguir un chico bien y casarse y asegurar con esto su estabilidad económica (que no sucede solo con mujeres, pero en este texto me enfoco en ellas) ir al gimnasio todos los días, hacer dietas extenuantes, fingir (orgasmos también)  sonreír  todo el tiempo, hablar quedito, sentarse en las piernas del fulano, servirle la copa de vino o destaparle la botella de cerveza.  Ser la anfitriona en las fiestas con sus amigos borrachos. Siempre al lado del copiloto, siempre el trofeo en exhibición.  Esta sociedad le dice a la mujer que tiene que dejar de ser ella misma para vivir en torno a otros, que viva siempre de expectativas, de actuaciones, que nunca diga lo que siente y mucho menos en voz alta, que nunca debe perder la compostura, que abra las piernas y con eso tiene asegurado su futuro.

En mi opinión la igualdad de género  ( o equidad)  como pareja  se pone a prueba en la cama, si como pareja ahí en ese momento tan íntimo donde nadie los ve,  no se respeta a la mujer, no sucederá fuera de las cuatro paredes, en público  funcionan muy bien las apariencias.   La inferioridad del hombre sexualmente hablando  hace que humille y obligue a su pareja, aunque en la mayoría de  casos muy sutilmente por eso no lo notan. Hay que preguntarles a las  mujeres cuántas veces en su vida les ha tocado fingir orgasmos o no tenerlos. Cuántas veces han tenido deseos de subirse a ese potro y domarlo pero no lo hacen porque a ellos les gusta empotrarlas por la retaguardia aunque ella no detesten pero les toca decir que sí. Cuántas veces se han quedado hirviendo de pasión porque el fulano  va en carrera de cien metros planos y le importa un comido la satisfacción de su pareja. Y así se van los años y así se vuelven abuelos y ellas siempre conteniendo las ganas para satisfacerlos a ellos. Son pocos los hombres que pueden con una mujer, en todos los sentidos. Por eso la violencia de género todo el tiempo en todos lados.

Creo que la  presión es mucho mayor para la mujer de pueblo y de arrabal porque al no pertenecer a una clase social exclusiva, se le inferioriza, se le desvalora como ser humano y son las más explotadas, las más ultrajadas. Por supuesto  este texto no lo estoy basando en lecturas de libros, o estudios y análisis de nada, lo escribo como siempre, con mi visión de vida.   Nos dicen que para acceder a un puesto laboral no se explota el cerebro ni la capacidad sino el trasero y la boca (con aquello del sexo oral y el sexo anal que es fascinación de los jefes abusadores) la mujer en todas las clases sociales es invisible para el patriarcado, pero mucho más en la alcantarilla. Sumado a esto no tener documentos en un país extranjero.

Así conocí el mundo de los matrimonios arreglados en Estados Unidos, un aprovechamiento bárbaro por parte de quienes tienen documentos. Las migrantes que por razones obvias se ven obligadas a casarse por documentos se convierten en esclavas, son explotadas económica y sexualmente. Una vida de martirio que en muchos casos las lleva a la muerte. La mayoría mamás solteras con hijos en sus países de origen y que por medio del matrimonio podrían mandarlos a traer. Para muchos es un negocio muy rentable, casarse y cobrar por darle los papeles a la indocumentada. Pues si se respetan los acuerdos no le veo nada de malo aunque claro, es inhumano cobrarle a una indocumentada  por casarse, sabiendo que ésta apenas saca para la renta, para las remesas. Pero bueno, no todo el mundo tiene conciencia y aprovechados hay miles. Las personas que viven dentro de una burbuja de comodidad y apatía  no piensan que las circunstancias de vida pueden cambiar de un momento a otro y que ellas mismas pueden verse expuestas en una situación similar, por humanidad hay que tender la mano.

Pagos de diez mil, quince mil y hasta veinte mil dólares por un matrimonio arreglado,  no solo eso viene la manipulación posterior: pagar la mensualidad de su teléfono celular, la del carro, comprarle ropa, aceptar tener orgías con los amigos del esposo,  golpes, de todo… Y ahí está la mujer esclava. Son pocos los matrimonios arreglados en los que la mujer sale ilesa y con sus documentos en orden.

Para nosotras las indocumentadas llega un momento en que la presión es insoportable, la cárcel que se vive todos los días, las oportunidades laborales por no tener documentos, el poder seguir la escuela, comprar algo propio. Es muy difícil para las madres con hijos en sus países de origen, para ellas es un infierno latente.

Los años pasan y las condiciones de vida no cambian, y no por falta de intentos, no por dejadez, porque   para trabajar como mulas están las indocumentadas, llega un momento en que uno se siente explotar, con ganas de acabar con todo,  y es en esos segundos de presión y oscuridad cuando se toman esas decisiones que terminan esclavizando.  Lo cruel por si fuera poco tener que soportar tanta violencia, es que los fulanos al final cuando las han explotado en su totalidad desisten de realizar los trámites para otorgarles los papeles de residencia en el país. De una patada en el trasero las echan y van en busca de otra víctima.

El mundo de los indocumentados es de otra órbita, no hay forma de comprenderlo hasta que se está en esos zapatos. No puedo imaginarme como mamá tendiendo mis hijos lejos y no poder viajar y no poder enviarlos a traer.

El enorme problema cuando no se tienen documentos es que cualquier denuncia que se haga de violencia doméstica, de violencia de género es motivo de deportación, primero las detienen, las abusan sexualmente en los centros de detención y luego las deportan. ¿Justicia, en dónde, para quiénes?  No se puede decir que se casaron por papeles  y que están sufriendo de violencia de género porque entonces viene la cárcel durante años  y les archivan delitos inexistentes.

Vivir sin documentos es como no existir, salvo para las redes de trata de personas con fines de explotación sexual, tráfico de órganos, explotación laboral y esclavitud de todo tipo. Los matrimonios arreglados en Estados Unidos cuando de indocumentadas se trata, son el referente  perfecto de la injusticia.

Cualquiera dirá, ¿y por qué no se regresan a sus países de origen?  La respuesta es otra pregunta, ¿qué le ofrece el  país que las echó? ¿Qué opciones si este mismo las obligó a emigrar? Uno no tiene ni la moral ni el derecho para  juzgarlas, en cambio sí la obligación humana de buscar justicia y equidad.

Fuente: Crónicas de una Inquilina.