Los límites de la red o la contra(di)cción de Internet. De la falsa sociedad Red a las estrategias digitales dominantes contra la migración cultural

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En el congreso Move.net, celebrado a principios de este año en Sevilla, tuvimos la ocasión de escuchar y participar de la intervención de la reconocida hacker Margarita Padilla, en la que nos anunciaba la mengua y contracción de la Red: hoy tenemos menos Internet, menos naturaleza hiperenlace, se ha adelgazado su esencia comunicativa y como se encargó de adelantar con el título de su intervención ‘todo puede estar acabando’. Ese todo responde a una idea sustancial del discurso de Internet: la narración y construcción colaborativa del hipertexto, un discurso sociocultural ahora claramente amenazado por las grandes corporaciones que compartimentan sus espacios e impiden una migración comunicativa transparente y la consecuente interconexión cultural. El mejor ejemplo de esta contracción son todas aquellas redes sociales que copan el ser y estar en la Red de muchos usuarios y que se definen por su carácter privativo y necesidad de registro previo para su disfrute, por sus condiciones de privacidad –jamás leídas- impuestas de manera unilateral, por su opacidad de contenidos (a los que no se pueden acceder si no es a través del servicio de red social de turno) y finalmente, por su fiscalización de la actividad de los usuarios. Estas características de las redes sociales determinan el desarrollo del hipertexto y, de esta manera, el potencial del hiperenlace -no sólo técnico sino también el sociocultural- pierde terreno, así como también lo hace la libertad del usuario.

Esta contracción de Internet puede verse explicada a través de los procesos que Vincent Mosco señala -y recoge Fernando Martínez (2014)- como mercantilización: cuando se transforman prácticas sociales en objetos de mercado; espacialización: superación de límites del espacio y el tiempo en la vida social, motivado por el empuje capitalista por optimizar el transporte de mercancías; y finalmente, estructuración: delimitación de espacios que habitamos en la Red por ‘secciones’ que giran en torno a franjas de edades, entornos sociales, etnias, género o intereses compartidos, los cuales tienden, por esa constitución de su estructura, a alejarse de la hibridación cultural.

Tales procesos son utilizados de una manera complementaria para favorecer una circunstancia paradójica: Internet desde sus orígenes fue pensada como comunidad de conocimiento libre, en la que la migración comunicativa fuera una de sus características radicales, base del concepto asumido en sociología como sociedad red. Sin embargo, Mosco apunta que la situación actual se aleja de semejante concepto, el cual significaría más democracia y menos exclusión con la estandarización de las nuevas tecnologías, pero la realidad parece estar desembocando en un discurso mesiánico universalista y en la sublimación de lo tecnológico, provocando un efecto contrario: invisibilización de un gran número de asimetrías que aún persisten e incluso se agrandan (Martínez, 2014). Es decir, en este sentido, Internet podría estar sirviendo como amplificador de desigualdad desarrollándose en contra de su naturaleza originaria, aquella señalada como comunidad de conocimiento libre. La supuesta sociedad red corre el peligro de convertirse en un espacio sectorizado, altamente mercantilizado y dirigido de manera vertical, en la que se mantendría una ficción de migración cognitiva y cultural, pero que una vez más respondería al sibilino concepto de globalización, modelo impositivo económico que versiona la ley de la jungla, eso sí, remasterizada digitalmente. Tal modelo no sólo hace sus estragos en el marco socioeconómico, sino en el sociocultural: imposición hegemónica de un modelo asociado a unos parámetros geoculturales concretos. Estos parámetros intentan impedir un desarrollo de la libre migración cultural, convertir la Red en un espacio controlado no por las personas, sino por intereses y poderes fácticos, situación homóloga a lo sucedido con la gobernabilidad de los estados-nación ¿Alguien dudaba de que las estrategias neoliberales en la Red no tuvieran una repercusión a nivel cultural?

Los marcos de poder cultural que gobiernan el conocimiento en Internet están precocinados e impuestos desde Nor-Occidente haciendo que esas corrientes migratorias culturales entre continentes, que en la Red de modo natural se asocian a un modelo comunicativo de “navegación múltiple” -donde la interconexión es horizontal y plena-, se conviertan en un modelo de “navegación estrella” -donde un nodo es el eje maestro para la comunicación- y Nord-Occidente es ese gran eje que se sitúa en el centro del tablero de juego. El marco de poder cultural se teje asimismo de manera jurídica y tecnológica en Nor-Occidente, pero con una proyección global: el paradigma del copyright y las patentes originado en Europa y Norteamérica pretende someter y ejercer de filtro del tránsito mundial migratorio cibercultural, desde Iberoamérica hasta Extremo Oriente, de Sur a Norte, de punta a punta cognitiva, étnica o cultural, aprovechando -en claro proceso neocolonial- la estructuración de la red (fomentada desde las redes sociales) y la espacialización (hoy en el contexto digital la distancia entre copia y copia de una obra o aportación cultural es igual a cero) para lograr la mercantilización del conocimiento. En este contexto, es cierto que las fronteras de la Red están menguando y se ha impuesto un “control de aduanas” en el que, por un lado, los estados supuestamente democráticos han cedido poder (una vez más) a instituciones no democráticas por naturaleza (corporaciones mediáticas) y, por otro, mostrando la clara falsedad del Laissez Faire liberal, el poder gubernamental condiciona acuerdos que favorecen a tales organismos (acuerdos TRIPs o influencia directa de lobbies de la Industria Cultural) y las leyes que se implementan están en oposición al desarrollo sustancial de la Red.

La esencia de Internet implica una interculturalización, pero hoy existe una fuerte tendencia a través de las prácticas y estrategias geoculturales señaladas que promueven una homogenización de las narrativas culturales existentes en contra de la necesaria pluralidad y riqueza, al igual que funciona en las industrias cinematográfica o musical. El usuario de la Red está siendo conducido casi forzosamente a participar de una Internet cada vez más mercantilizada, espacializada y estructurada, dirigida en definitiva por intereses corporativos donde impera la oferta de servicios que merman la esencia hiperenlace a cambio de “uso gratuito” (no olvidemos que cuando algo se ofrece “gratis” la moneda de cambio siempre será el usuario), lo cual supone no sólo una contracción de la Red, sino algo mucho más preocupante, una contradicción de la misma.

Referencias

Martínez, F. (2014). Copyright y Copyleft: modelos para la ecología de los saberes. Sevilla: Aconcagua

Para citar este artículo: Escaño, C.(2015). Los límites de la red o la contra(di)cción de Internet. De la falsa sociedad Red a las estrategias digitales dominantes contra la migración cultural. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales (IV), Pp. 24-25. Recuperado de: http://iberoamericasocial.com/los-limites-de-la-red-o-la-contradiccion-de-internet-de-la-falsa-sociedad-red-a-las-estrategias-digitales-dominantes-contra-la-migracion-cultural