Los japoneses en el Perú – Inmigración Iberoamericana nº4

Hoy os presento uno de las entradas de Inmigración Iberoamericana más singulares que se han dado en todo el Mundo, la inmigración japonesa en el Perú. Una inmigración entre dos culturas antagónicas que en un primer momento supuso un choque cultural entre los japoneses llegados al Perú y los oriundos, pero que con las siguientes generaciones la adaptación de la comunidad japonesa en el Perú es total, surgiendo por tanto una simbiosis física y cultural de las más curiosas que existe en todo el mundo. Veamos cómo surgió esta comunidad japonesa tan lejos de su país.

El movimiento migratorio japonés al exterior comenzó en 1868, cuando comienza el periodo conocido como revolución Meiji y este país abre sus fronteras al exterior comenzando los contactos comerciales entre Japón y el resto del Mundo. Fue en ese mismo año cuando emigraron los primeros 148 japoneses a Hawái para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y otras 40 personas a la isla de Guam. El trato esclavizador que recibieron los primeros emigrantes japoneses hizo que el gobierno japonés parara durante años la salida de población de su país.

Asociación peruano japonesa

 No fue hasta 1885 cuando podemos decir que existe una verdadera generalización de la emigración japonesa. Desde ese año y en los nueve siguientes 29 mil japoneses llegaron a la isla de Hawái para trabajar. También se desplazaron a otras islas del Pacífico como Australia, Fiyi o Nueva Caledonia y más tardíamente Filipinas. Además muchos jóvenes japoneses emigraron a la costa Oeste de los Estados Unidos a inicios del siglo XX (principalmente a  las ciudades de San Francisco, Portland o Seattle), lo que se convirtió en una inmigración masiva durante las dos primeras décadas de ese siglo, produciendo paulatinamente una ola anti japonesa en la sociedad americana que provocó el cierre de su frontera por el gobierno estadounidense a los inmigrantes japoneses en 1924.

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El origen concreto del movimiento migratorio japonés al Perú  hay que situarlo muy al final del siglo XIX e inicios del siglo XX. Esto crea una doble vertiente cronológica en esta emigración, ya que por una parte el pase de japoneses al Perú se enmarca dentro del movimiento emigratorio general que como ya hemos comentado se inició en 1868, estando concluida entre los años 20 y 30 del siglo siguiente; pero por otra parte la llegada de japoneses al Perú es una emigración tardía dentro de la llegada de personas de fuera de Sudamérica, principalmente europeos, al Nuevo Mundo. Y no me refiero a la llegada de los europeos cuyos países tuvieron colonia en Sudamérica, esto es, portugueses, españoles, ingleses, franceses y holandeses principalmente, sino que la llegada de los japoneses es posterior al inicio de la emigración hacia Sudamérica de italianos, croatas, eslovenos, alemanes, finlandeses etc.

En 1897 se produjeron los primeros contactos entre unos representantes del Imperio Nipón y el Presidente de Perú, José Nicolás Baltazar Fernández de Piérola y Villena, nacido en Arequipa el 5 de enero de 1839 y fallecido en Lima el 23 de junio de 1913. Fue presidente peruano por segunda ocasión entre 1895 y 1899. Por una parte, el presidente peruano buscaba mano de obra para las enormes haciendas costeras del país. Por otro lado, el Imperio japonés buscaba ampliar los países donde tener contactos económicos para desprenderse de los excedentes de población joven existente en su país que no tenían posibilidad de trabajar en Japón, la cual se había producido debido al descenso mundial de mortalidad ocurrido durante el siglo XIX.

 De estos primeros contactos arribaron dos años más tarde setecientos noventa japoneses, todos varones. 372 provenían de  la Prefectura de Niigata, 187 de Yamaguchi, 176 de Hiroshima, 50 de Okayama, 4 de Tokio y 1 de Ibaraki. Se fletó un barco específicamente para la ocasión, el “Sakura Maru”, que partió de Yokohama el 28 de Febrero de 1899, llegando al puerto del Callao el 3 de Abril del mismo año.

Fueron la avanzadilla de este movimiento migratorio que ya no paró, siendo constante la llegada de pequeños núcleos poblacionales japoneses. Se calcula que desde 1899 a 1907 fueron unos 6 mil los japoneses que llegaron al país. Pero no es hasta el año 1923 cuando la llegada de japoneses al Perú se generaliza. Fue gracias a un acuerdo comercial entre el presidente peruano Augusto Bernardino Leguía Salcedo (presidente de 1908 a 1912 y de 1919 a 1930), y Teinichi Tanaka, contratista de la “Compañía japonesa de inmigración”, para que este último le proporcionara al presidente peruano una gran cantidad de japoneses para ser empleados en las haciendas costeras del país. Llegaron ese año al puerto peruano del Callao 18 mil japoneses.

images7I27OEX4Estos inmigrantes japoneses firmaban un contrato con el gobierno peruano de cuatro años de duración en el que el salario estipulado se fijaba en 2 libras esterlinas y media, siendo la jornada laboral de diez horas en el campo, y doce horas en el ingenio, de Lunes a Sábados. Aparte del salario, los empresarios de las haciendas tenían que abonar el viaje desde Japón hasta Perú, aparte de proporcionarles alojamiento y sanidad. Este contrato diferenciaba enormemente este movimiento migratorio del movimiento migratorio chino hacia otras partes de América, especialmente hasta los Estados Unidos para la construcción de la parte oeste del ferrocarril, ya que los chinos entraban en el continente americano en un régimen de semi-esclavitud, con condiciones laborales y de vida radicalmente inferiores a las japonesas en el Perú.

imagesUna vez terminados sus contratos laborales, los japoneses que habían arribado en el Perú no volvían a su país de origen, provocando en una amplia mayoría otro tipo de movimiento migratorio, desde el campo hacia la capital, debido a las bajas oportunidades de desarrollo económico que la sociedad rural peruana ofrecía. En Lima, muchos de estos japoneses se emplearon en trabajos bastantes humildes como la venta ambulante o el servicio doméstico o en cambio abrían negocios que no necesitaban un gran aporte de capital para ponerlo en funcionamiento, destacando sobremanera las peluquerías, que en la capital peruana eran regidas en su gran mayoría  por japoneses. La imagen del japonés asociado al peluquero fue una constante en la sociedad peruana del primer tercio del siglo pasado.

En estos años tenemos entre la comunidad japonesa de Lima dos negocios económicos exclusivos de esta comunidad. Por un lado tenemos el Tanomoshi, que consistía en un préstamo de dinero fijo entre un grupo de personas que eran los que aportaban el capital y que eran entregados por turno. Este tipo de negocio surgió debido al desconocimiento generalizado entre los japoneses de la lengua castellana y su desconfianza ante los bancos peruanos, lo que hacía que las relaciones acreedor-deudor se quedaran dentro de la comunidad japonesa, provocando que existiera un sentimiento de unión y apoyo entre ellos que hacía que fueran apareciendo nuevos negocios japoneses y la consiguiente expansión por Lima y por el país, pero que también provocaba el aislamiento de esta comunidad entre sí.

El otro sistema económico típico de los japoneses en Lima fue la adaptación de oficios muy extendidos en el Japón, como la fotografía o la relojería por poner dos ejemplos.  Los más jóvenes eran instruidos en varias profesiones durante unos años,  cobrando algunas propinas y recibiendo vestimenta y comida a cambio. Una vez que estaba preparado, el maestro ayudaba al alumno económicamente para que este se independizara.

Por otra parte, hubo un pequeño grupo de japoneses que tras terminar su contrato en las haciendas decidió quedarse en el campo para buscarse la vida. Algunos siguieron en las mismas haciendas como empleados o abriendo pequeños negocios dentro de la misma. Pero la mayoría se convirtieron en pequeños arrendatarios (yanacones) dedicados principalmente al cultivo del algodón.

A partir de 1930 esta inmigración masiva de japoneses al Perú empezó a estar mal vista por otras partes de la sociedad peruana que empezaron a presionar durante años al gobierno peruano para que limitara o prohibiera la entrada de japoneses. La presión hizo que en 1936 el presidente del país, Oscar Raimundo Benavides Larrea limitara la entrada de japoneses en el Perú.

Esta situación empeoró gravemente durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) ya que el imperio japonés se unió al eje formado por Alemania e Italia, mientras Perú se unía al bando aliado y declaraba la guerra al eje.  En este contexto empezaron a existir rumores en la sociedad peruana de que Japón quería conquistar el Perú y que los negocios japoneses eran una tapadera donde se almacenaba arsenales de guerra. Este delirio social se agravó tras el ataque nipón a la base norteamericana de Pearl Harbour, en Hawái, lo que derivó en saqueos a negocios japoneses y la expulsión de unos 1800 ciudadanos peruanos de origen japonés, por ser considerados peligrosos, de los cuales el gobierno peruano dejó volver solo a 79 entre 1942 y 1943.

A pesar de estos problemas, la cantidad de japoneses e hijos de japoneses instalados en Perú hizo que ya fuera una parte importante de la sociedad peruana, cifrada en unos 90 mil miembros aproximadamente en la actualidad, siendo tras Brasil la segunda inmigración japonesa más numerosa en Sudamérica. Se utiliza el término nikkei para hablar de los descendientes japoneses en el Perú en general, denominándolos issei a los nacidos en Japón, nissei a sus hijos, sansei a sus nietos y yonsei a los bisnietos.

Existe una enorme cantidad de peruanos descendientes de japoneses que son famosos en la sociedad peruana actual. Tenemos políticos, escritores, pintores, deportistas, poetas, actores y actrices etc. Hablar de todos ellos es imposible debido a la falta de espacio. Entre los más significativos destaca sobremanera la familia Fujimori encabezada por el ex presidente peruano Alberto Fujimori, nacido en Lima el 28 de julio de 1938. Fue presidente entre 1990 y el año 2000. Otros miembros de la familia Fujimori han sido congresistas, como Santiago Fujimori, hermano menos de Alberto, y los hijos de Alberto, Kenji Fujimori y Keiko Fujimori, la cual  quedó segunda en la lucha por la presidencia del país en 2011, siendo la primera mujer peruana en disputar la segunda vuelta electoral.

imagesA8WDJFE1También debemos destacar a Akio Tamashiro, nacido en Lima en 1979, subcampeón mundial de Kárate en 2004; a Fernando Iwasaki, escritor, investigador e historiador nacido en Lima en 1961, descendiente de familia española, italiana y ecuatoriana aparte de peruano-japonesa, residente en Sevilla desde 1989 y actualmente colaborador de ABC; o a Carlos Yushimito, escritor peruano nacido en 1977. Es considerado en 2010 por la revista británica Granta entre los 22 mejores escritores de lengua castellana mejores de 35 años, entre otros.

En la próxima entrega iniciamos las entradas dedicadas a la parte precolombina, esto es, a la historia americana previa a la llegada de los españoles.  Hablaremos de los Juegos de Pelota mesoamericanos, deporte-ritual que se practicó durante siglos tanto al norte como al sur del istmo de Tehuantepec.