Los indios y la Modernidad

Hoy en día somos cada día más conscientes que la forma de ver, comprender e interactuar en el mundo que tradicionalmente hemos practicado está encontrando verdaderos callejones sin salida, demostrando que muchas veces no tienen respuestas a ciertas contradicciones que se generan en el seno de las sociedades humanas o que las respuestas que han generado no son válidas o suficientemente efectivas.

 

La pregunta ¿Por qué te interesan tanto los pueblos indígenas? Es recurrente entre conocidos y amigos, e incluso entre colegas investigadores.

Dejando de lado mi interés y gusto personal por la cultura, estética y sobre todo calidad de las personas de origen amerindio y centrándonos en un aspecto más “científico”, desde mi punto de vista personal creo que esta situación de extrema crisis de la concepción occidental del mundo  que estamos viviendo desde hace décadas se ha producido básicamente por una endogamia epistemológica histórica. O sea, a partir de la culminación del pensamiento europeo en el siglo XVIII, Europa (como detentora de la hegemonía a nivel mundial) sólo buscó respuestas en base a repensarse a si misma, excluyendo sistemáticamente los conocimientos y saberes producidos por las culturas otras y sus experiencias y sabiduría (para profundizar en las razones de este devenir histórico, recomiendo leer mis entradas anteriores, sobre todo las de la serie “Conociendo nuestra Iberoamérica”).

A partir de esta endogamia no solo se ha dejado fuera (social, política, cultural y económicamente) a todas estas culturas y pueblos otros, sino que las propias sociedades occidentales (mundo heredado de lo europeo) y aquellas que se conciben como tales, llegan a verdaderas crisis sin capacidad de respuesta, ya que la endogamia epistemológica europea ha llegado a una falta total de diversidad de visiones que le permita vivir en armonía en una ecología de saberes suficientemente rica como para progresar a nivel moral/colectivo.

Es aquí que, desde mi punto de vista los pueblos indígenas de América (entre otros, me centro en ellos por mi trayectoria profesional y personal) pueden aportar un dialogo que diversifique y refresque la “modernidad”.

¿Por qué y qué es interesante de los indios?

Los pueblos indígenas de América Latina representan una fuerza genuina e inmemorial de la diferencia poseedora de un currículum secular de resistencia y supervivencia.

Desde el punto de vista histórico, está más que demostrado que los procesos sociopolíticos más ricos en cultura y sus diferentes niveles de sutileza son protagonizados por aquellos donde la variedad y la heterogeneidad han convivido. Ejemplos innumerables inundan los senderos de la historia: La India y su cosmos de pueblos, Oriente Próximo como encuentro de mundos, la España de las tres religiones, las áreas nucleares amerindias, etc. La uniformidad, como en la naturaleza, es la lenta decadencia y debilidad del ecosistema universal. Y es aquí donde los pueblos indígenas (juntos a tantos otros pueblos del mundo) muestran músculo, en la diferencia dentro de un sistema propuesto por Occidente como hegemónico y perfecto culmen de la evolución humana que tiende a una globalización homogeneizante y devoradora, y que está realmente repleto de errores, distopías, caminos sin salida y alienación.

Está bien, son diferentes ¿Pero que tienen para proponer?

La lista de las propuestas y posibilidades que nacen a partir de la experiencia epistemológica indígena es amplía. Podríamos empezar por la más evidente como es la relación de los pueblos indígenas con la naturaleza. En la época de la invasión europea los pueblos de América en su gran mayoría aún pervivía en una relación técnica y económica con la naturaleza bastante menos agresiva, conservando por tanto una visión de la misma más cercana y respetuosa. Al mismo tiempo, las creencias animistas y espirituales de absolutamente todos los pueblos nativos de América establecían una relación de veneración y agradecimiento continuo a la tierra y al cosmos, donde todo es prestado y debe mantenerse igual para las generaciones venideras.

Así, la visión utilitarista y material de la naturaleza como simple recurso (básico por ejemplo en la concepción semítica del cosmos, o sea Dios crea la naturaleza para que el ser humano haga con ella lo que crea conveniente, concepción que Europa hereda del cristianismo) no tiene sentido dentro del imaginario amerindio, desde las ciudades más complejas como la capital azteca que flotaba en un lago de poca profundidad y que utilizaban esta característica natural para crear los huertos flotantes o milpas hasta los pueblos nómadas que quemaban la selva en pequeñas dimensiones para la siembra, dejándola crecer de nuevo más fuerte y poderosa.

Otra de las propuestas que provienen de los pueblos indígenas está relacionada con la idea de comunidad, frente al individualismo propuesto por Occidente. El individualismo en Europa es antiguo, y ya fue concebido como tal en el pensamiento y el derecho grecolatino, pero su afianzamiento total llegó con la Revolución Francesa y la idea de ciudadano. El derecho individual de las personas por tanto está por encima de todas las cosas (familia, naturaleza, vecinos, solidaridad, etc.), individualismo que nos ha llevado al callejón sin salida de la alienación y aislamiento que nos predispone a la soledad y al vacío existencial, eso sin contar el poder infinito que otorga al individuo el dinero y la riqueza por encima del bien común (generando guerras, enfrentamientos y egoísmos destructores).

Por ello desde los pueblos indígenas podemos reinterpretar y rescatar la comunidad, lo comunitario como un sujeto de derecho, de organización, de pertenencia, de economía, de fraternidad y familiaridad. Las comunidades indígenas legislan, son autosuficientes, mantienen las peculiaridades locales, el territorio, la ritualidad y el dialogo, resolver los problemas a partir de la comunicación y la asamblea comunitaria ¿Sería posible usarlo no solo en las zonas rurales sino también tener comunidades en las ciudades? Es un reto interesante que plantear.

Unas de las cualidades más importantes que han tenido en común los pueblos indígenas de América casi en su totalidad es la falta total de un apego desinhibido y casi obsesivo con la acumulación material. Los pueblos indígenas tienen una visión utilitarista o ritualistico/simbólica de la producción material. En la cosmovisión tradicional no existe la avaricia o la tacañería como es vista por otros pueblos de la tierra, sino que todo pertenece a la comunidad o al estado (en el caso de las sociedades urbanas de los centros núcleares, que no deja de ser otra forma de comunitarismo). No tener más de lo que se necesita para vivir material y espiritualmente, ser solidario, etc. Y apuntar a una espiritualidad más abstracta y en contacto con el cosmos, algo que en Europa por ejemplo, está retomando fuerza con los movimientos y religiones neopaganas que desdeñan del cristianismo y miran de nuevo a los cultos mediterráneos y nordeuropeos ¿Hablo de acabar con la propiedad privada o el enriquecimiento? No, hablo de un uso racional y solidario de los recursos.

Como podemos observar, las posibilidades son varias, interesantes y esperanzadoras ¿Existen, por tanto, algunas iniciativas puestas en marcha que sirva para ilustrarnos?

Varias son las iniciativas por toda América Latina que ponen en el centro de la cuestión la producción de conocimiento indígena y su experiencia. Es el caso de las Universidades Indígenas que proponen la interculturalidad y la pluralidad como ejes de una nueva institución generadora de conocimiento. Romper el tradicional esquema eurocéntrico donde prima la verticalidad, la productividad y se encasilla al conocimiento dentro de unos parámetros científicos que curiosamente deja fuera a todo conocimiento ancestral de los pueblos no europeos. Por supuesto, no romper con las propuestas occidentales, sino enriquecerlas en un diálogo intercultural con la raíz epistemológica de origen indígena.

Ejemplos a nivel nacional como la Universidad Autónoma Indígena Intercultural nacional en Colombia[1], Centro Amazónico de Formación Indígena en Brasil, Universidad Intercultural de Nacionalidades e Pueblos Indígenas “Amawtay Wasi”[2] en Ecuador, Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe nicaragüense[3]. Así como a nivel regional como la Universidad Intercultural Indígena Kawsay en el mundo andino o la Universidad Intercultural Indígena[4] en toda América Latina, son interesantes de monitorear y apoyar.

Por otro lado existen las organizaciones indígenas que nacen como núcleos de resistencia pero también de propuestas para combatir la desigualdad, la contaminación, el racismo, a favor de la pluri e interculturalidad, etc. En las sociedades en las que conviven.

Por ejemplo existen organizaciones de mujeres indígenas que dan voz y acción a las mujeres en su papel de creadoras de vida y estructura principal de las comunidades. Así, la valorización de sus actividades se ven en la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap) o las asociaciones de mujeres indígenas en Ecuador o México entre otros.

Hay también organizaciones indígenas que suponen verdaderos movimientos revolucionarios que generan espacios nuevos de convivencia al margen del sistema. Ejemplo de ello son los caracoles zapatistas en México donde la defensa de lo ancestral (en forma indígena y campesina) se organiza frente a la tiranía del (narco?)gobierno mexicano y del capitalismo devorador que los excluye. Otro ejemplo interesante es la lucha mapuche por la creación de su propio estado el Wallmapu, que suponga una alternativa identitaria y adecuada para la situación de dominio, exclusión y explotación de los pueblos indígenas del más absoluto sur.

Tampoco podemos pasar la oportunidad de comentar como la experiencia y el conocimiento indígena ha conseguido conquistas considerables a nivel institucional en forma de partidos políticos. Es el caso del poder indígena en Bolivia, paradigma de esta revolución con su Viceministerio de Descolonización a la cabeza, junto con su legislación en respeto a la madre naturaleza y a la biodiversidad natural y cultural del país (destacar que las ideas y propuestas del actual gobierno de Bolivia me agradan, no tanto su puesta en práctica así como las formas). Otro país que sirve de ejemplo es Ecuador, donde la influencia de los movimientos y organizaciones indígenas en el gobierno han fomentado (no siempre con éxito) la creación de un estado en torno al concepto del Sumak Kawsay o el Buen Vivir andino (misma nota que para Bolivia, el camino que está tomando el ejecutivo de Correa en los últimos años muestra un escoramiento irrefrenable hacía la traición de sus principios originales).

¿Cuáles son las problemáticas y resistencias que encuentran estas iniciativas?

La primera y más evidente es la de la fortaleza de la colonialidad del saber, cinco siglos de dominación epistemológica no se erradican en una sola generación. Aún, el pensamiento occidental en su más absoluto radicalismo está fuertemente arraigado en la mentalidad de la inmensa mayoría de la población latinoamericana, incluyendo a las élites que son los primeros en beneficiarse de ello. Así, considerar aunque sea levemente la posibilidad de dialogar con los pueblos indígenas para asumir e incorporar iniciativas nacidas a partir de ellos y que sean aplicables a la totalidad de los ciudadanos es impensable. Pues tristemente, aún domina la idea del atraso indígena y su incapacidad para comprender y proponer coherentemente respuestas y medidas eficaces.

Íntimamente ligado a esta problemática está la de la propia fortaleza del capitalismo, verdadero sustentor del sistema cuyos mecanismos de propaganda y protección son infinitos y perfeccionados por el tiempo. Podemos ver el bombardeo de información por parte de la televisión o internet que seduce a los jóvenes indígenas, la idea de codicia y avaricia hace lo mismo con los líderes y las ansías de poder y consumismo en las comunidades deja arrasar los bosques tropicales y las relaciones comunitarias. El verdadero poder de la hegemonía trabaja desde dentro, haciendo sentir vergüenza al diferente, haciéndole sentir mal por lo que es y lo que representa.

Por último y no menos importante, a veces el etnocentrismo y la estrechez de miras también inunda el discurso indígena, no siendo patrimonio solo de Occidente. La propuesta indígena se sustenta en un diálogo intercultural, en proponer y construir, no destruir y desvalorizar. Este dialogo supone un esfuerzo continuo de vigilancia que a veces se olvida y que hay que trabajar para que los pueblos indígenas sigan siendo ejemplo de calma y entendimiento.

Nota: El título de la entrada viene del capítulo del libro “Índios do Brasil” llamado “Os índios e a modernidade” del periodista brasileño Washington Novaes donde defiende en profundidad, ciertas modernidades que los indios de Brasil tienen y que podrían ser ejemplo para la legislación y sociedad brasileña y del mundo.

[1]

[2] http://www.amawtaywasi.org/

[3] http://www.uraccan.edu.ni/home.seam

[4]