Los cien mundos de Loris Malaguzzi

El niño está hecho de cien.
El niño tiene cien lenguajes
cien manos
cien pensamientos
cien maneras de pensar
de jugar y de hablar.

Cien, siempre cien
maneras de escuchar, de sorprenderse, de amar
cien alegrías para cantar y entender
cien mundos que descubrir
cien mundos que inventar
cien mundos que soñar.

El niño tiene cien lenguas
(y además cien, cien, y cien)
pero se le roban noventa y nueve.

La escuela y la cultura
le separan la cabeza del cuerpo.

Le dicen:
de pensar sin manos
de actuar sin cabeza
de escuchar y no hablar
de entender sin alegría
de amar y sorprenderse
sólo en Pascua y en Navidad.

Le dicen:
de descubrir el mundo que ya existe
y de cien, le roban noventa y nueve.

Le dicen
que el juego y el trabajo,
la realidad y la fantasía,
la ciencia y la imaginación,
el cielo y la tierra,
la razón y el sueño,
son cosas que no van juntas.

Le dicen que el cien no existe.

Y el niño dice:
Claro que no, el cien existe.

(Los Cien Lenguajes)
Loris Malaguzzi

“Le hablan de descubrir el mundo que ya existe y de cien, le roban noventa y nueve”. En la siguiente entrada vamos a reflexionar sobre este verso del maravilloso poema “Los cien lenguajes” del educador y literato italiano Loris Malaguzzi (1920-1994).

Una vez más, la poesía consigue explicar mejor con una sola sentencia lo que miles de investigadores intentamos explicar con textos interminables e insufribles para muchos de los interesados en la educación. Digo insufrible porque tengo muy en cuenta que la educación es de interés general, no solo de educadores, y que deberíamos ser capaces de acercar nuestra escritura a la comprensión de la población.

Malaguzzi nos muestra la realidad de la escuela que, a su vez, es reflejada en la sociedad. En pocas palabras nos enseña la incoherencia en la que se encuentra sumida, la contradicción en la que vive la educación formal y, por ende, los estudiantes. Mientras desde la teoría nos hablan de que el sistema educativo es el lugar donde se desarrollan las capacidades y conocimientos humanos, la práctica nos evidencia que en ella más bien se atrofian (del griego atrophos que significa negación o carencia de alimentación).

Las capacidades y conocimientos son tan diversos en la humanidad que me atrevería a decir que podrían ser considerados como inconmensurables. Cada persona alberga en ella diferentes habilidades a ser desarrolladas en distintos niveles que son las que le dotarán de su singularidad. Sin embargo, el sistema educativo, en su obsesión por la eficiencia, crea un patrón nacional, el currículo, que establece los límites de las capacidades y conocimientos que serán enseñados en la escuela. Es decir, limita lo ilimitable, “de cien, le roban noventa y nueve”. Todo esto viene provocado por el afán homogeneizador producto de la globalización y el sistema capitalista neoliberal. Si el estudiante tiene la suerte de ser del mundo que no le roban, perfecto, en cambio, si pertenece a alguno de los robados no tendrá la posibilidad de desarrollar sus habilidades. Por ello, podrá llegar a sufrir lo que denominé fobiosofía al sentir que la escuela no ofrece las herramientas para atender a sus particularidades, además de sentirse excluido al percibirse en una realidad ajena a él.

He comenzado por las capacidades humanas, pero no son estas a lo único que se refiere el autor con su poema. Certeramente habla de mundos, con la complejidad de las infinitas relaciones que ello implica. Así pues, la escuela nos enseña su mundo, el único para ella. Su mundo de contenidos limitados y cerrados que deja fuera los que se incluyen en los otros noventa y nueve, de esta manera, la escuela pretende mostrarnos que no existen alternativas. En él no entran las críticas al sistema productivo insostenible que sostenemos hoy día, no entra la larga lucha de las mujeres por acabar con este sistema patriarcal, ni siquiera entra la historia de ellas, no entran las aberraciones que las multinacionales cometen contra la humanidad en beneficio propio, no entra la ecología, no entra El Otro, no entra la deuda histórica que la Europa colonizadora tiene con las naciones colonizadas, no entra la migración. En definitiva, el sistema educativo no permite la entrada de conocimientos que muestran que la realidad no es única, sino una confluencia de las diversas realidades que existen. Cuando la escuela presenta su mundo como él único, acabado y cerrado, castra nuestra comprensión de la realidad. Para evitar esta castración los noventa y nueve mundos que nos roban deberían estar integrados en los procesos educativos.

Este robo no es fruto de la casualidad. En otra entrada hablé sobre como la propiedad privada es un robo y afecta a la educación, y el título de ella me viene muy bien. Es un robo, el robo de los mundos que faltan para completar los cien. Los conglomerados privados, a través de sus editoriales de libros didácticos y en connivencia con el estado, tienen sus intereses para que su realidad sea la única mostrada en las escuelas y así preservar sus privilegios a costa de la población mundial. Su realidad, en la cual nunca podrás encontrar ninguno de los elementos que citaba más arriba ya que esto iría en contra del sistema hegemónico que le beneficia. Querido lector, le reto a buscar algún ejemplo de ello, si lo encuentra, hágamelo llegar por favor.

Por otra parte, las consecuencias de este robo son nefastas para la sociedad. El sistema educativo planta la semilla que brotará entre los ciudadanos. La imposición de una realidad legítima a través de la educación implica que el resto queda como marginal o invisible. Ello desemboca en el etnocentrismo y en el chovinismo más absurdo que provocan las enfermedades sociales más graves de la humanidad, las discriminaciones por causa de raza, nacionalidad, sexo o género, es decir, el odio a lo diferente. Lo diferente, lo desconocido, que lo es porque el sistema educativo nos robó la posibilidad de conocerlo. Un conocimiento que eliminaría la posibilidad de esos odios fundados a través de la ignorancia de las diversas realidades que forman la humanidad.

Nos atrofian las capacidades, nos castran la comprensión de la realidad, pero los noventa y nueve mundos siguen estando ahí fuera, no conseguirán hacerlos desaparecer. Por el auténtico desarrollo de las capacidades humanas, por una comprensión total de la realidad que nos permita una convivencia que busque la justicia social, cambiemos el sistema educativo, demos entrada a los que hasta hoy quedaron fuera.

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