Los árabes en Perú – Inmigración Iberoamericana nº7

En esta entrada vamos a analizar la emigración desde Palestina, Siria y Líbano hacia Perú, dividiéndola en tres etapas diferentes. Una primera etapa desde finales del siglo diecinueve hasta el final de la Primera Guerra Mundial, una segunda etapa desde 1920 hasta 1950 y una última etapa que iría desde 1950 hasta la actualidad. Además, y a diferencia de las entradas anteriores referentes a esta emigración de este colectivo poblacional  en Chile y Argentina, en esta entrada dividiremos la emigración Palestina de la Sirio-libanesa debido a que hay diferencias importantes entre ambos colectivos.

Si hacemos una comparativa de la emigración desde el Oriente Medio hacia Perú en relación con la emigración desde el Oriente Medio hacia Argentina y Chile, vemos que fueron los palestinos los protagonistas principales de la misma en Chile, al igual que en Perú, a diferencia de en Argentina, donde los protagonistas principales son los sirio-libaneses. Por otra parte, la emigración palestina a Perú fue mucho menos numerosa que la misma en Chile.

Las causas de esta emigración son las mismas en el caso peruano, que en el caso chileno y argentino. Por una parte tenemos el crecimiento demográfico en la región de Oriente Medio en el último cuarto del siglo diecinueve que provocó que los jóvenes no tuvieran posibilidades laborales en sus países. Por otra parte hay que recordar que esa región pertenecía al Imperio Otomano y que las persecuciones a los cristianos ortodoxos fueron frecuentes en esa época, lo que obligó a muchos a tener que emigrar.

Existen varias teorías de historiadores sobre la llegada de la emigración palestina al Perú. Uno de esos investigadores, Kaldone G. Nweihed, sostiene que del contingente de población palestina que estaba asentada en la costa chilena en 1880, especialmente en Valparaíso, pasó una parte hacia Perú en 1884. Al parecer sería Said Sahurriyeh de la ciudad de Belém el primero en llegar. Por otra parte parece ser que entre mayo y junio de 1896 llegaron al país los hermanos de origen palestinos Yadallah Rabí y Said Rabí, que habían arribado en el puerto de Buenos Aires y que desde allí habría viajado hasta Perú.

Otros de los investigadores de la emigración palestina en Sudamérica, Juan Sakhala Elías, argumenta que los primeros emigrantes palestinos llegados al Perú fueron los hermanos Butrus y Khalik Mikhael en 1888. Posteriormente llegaría a Ayacucho en 1895 Hammah Kahhat, proveniente de Beit Yala, siendo el fundador del linaje Kahhat en Perú, que contaría en la actualidad con unas 1200 personas.

En total se calcula que se asentaron en los últimos años del siglo diecinueve no más de ochenta familias de origen palestino en el Perú. El viaje en barco se iniciaba generalmente desde la ciudad de Haifa y se hacía escala en Génova o Marsella, según fuera la compañía de viaje francesa o italiana. Desde allí se viajaba hasta Buenos Aires, donde se desembarcaba. El viaje continuaba hasta la ciudad argentina de Córdoba o de Santa Fe y desde ahí se cruzaba los Andes en mula hasta la ciudad de Cuzco

En cuanto a la emigración sirio-libanesa, esta fue mucho menos numerosa que la palestina, que de por sí era poco numerosa y además también existen muchas dudas y poca información sobre los primeros emigrantes sirio-libaneses en el Perú, ya que muchos castellanizaban sus nombres, lo que hace que se dificulte su búsqueda por parte de los investigadores. El investigador Denys Cuche sostiene que los sirio-libaneses no llegaron al Perú desde las costas chilenas, ni desde su país arribando en Buenos Aires, sino que ya estaban asentados en la Amazonía brasileña trabajando el caucho, que tuvo su apogeo entre 1850 y 1920. Parece ser que desde ahí, los sirio-libaneses llegarían al Perú remontando el río Amazonas hasta instalarse en la ciudad de Iquitos entre 1890 y 1900, o tal vez en el periodo comprendido entre 1900 a 1920.

Los emigrantes que llegaban al Perú desde Oriente Medio, al igual que ocurrió en Argentina y Chile, eran generalmente agricultores en sus países de origen, que se convirtieron en comerciantes a su llegada a Sudamérica. Comenzaron trabajando en la venta ambulante, aprovechando el desarrollo del ferrocarril en el interior peruano que comenzó en el año 1876, cuando llegó a Arequipa y Puno, y que fue ampliándose paulatinamente hasta su culminación en el año 1906, cuando llegó a Cuzco. Por otra parte, también hubo palestinos que tuvieron desde el inicio el suficiente capital para montar una tienda y vender diversos productos desde ella, principalmente lana de alpaca, muy cotizada en esos momentos debido a la segunda revolución industrial.

Los conocidos como “turcos” (hay que recordar que tanto los palestinos, como los sirio-libaneses que llegan a Perú son parte del Imperio Otomano y entran con pasaporte turco) tuvieron un gran éxito como comerciantes en el Perú debido a varios factores. Primero por la bonanza económica que vivía el sur peruano a finales del siglo diecinueve e inicios del siglo veinte. Segundo porque la serranía andina peruana no estaba cubierta comercialmente, a diferencia de la costa, debido a que era una zona de mucho más difícil acceso. Además  influenció las largas horas de trabajo que los “turcos” realizaban y la gran capacidad de ahorro que aplicaban, ya que solo se gastaban el dinero en la alimentación y el hospedaje, ahorrando el resto para poder volver a su país. Y por último hay que reseñar que la estrategia de estos comerciantes era vender muy barato, sacando el beneficio de vender mucha cantidad, ganando no más del 5% de beneficio a cada venta, siendo el 10% lo mínimo que otros comerciantes conseguían de beneficio al vender el mismo producto.

La aceptación de los mal llamados “turcos” por parte de la sociedad peruana fue en general muy buena y provocó que el asentamiento de los palestinos y sirio-libaneses fuera mucho más fácil de lo que cabía esperar. Esto fue debido principalmente a dos motivos. Por una parte tenemos que la sociedad peruana de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX era una sociedad muy clasista por el color de la piel, esto es, los negros e indígenas no estaban bien visto y si lo estaban los europeos de piel blanca. Por tanto, los palestinos y sirio-libaneses, con una tez mucho más blanca que otros grupos sociales, eran bien aceptados por el peruano. Por otra parte, como estos eran cristianos ortodoxos y los peruanos católicos, la religión no supuso ningún problema en su aceptación y asentamiento en el país.

El segundo periodo de esta emigración transcurre entre 1919 y 1940. En el caso palestino, el efecto llamada es clave para entender la llegada de nuevos contingentes poblacionales desde ese país hacia Perú. La buena marcha de los comercios regentados por palestinos hizo que se necesitara nuevos empleados para expandirse hacia la costa del Perú y hacia otros países cercanos en la década de los años veinte del siglo pasado. Además la comunidad palestina en el Perú está asentada completamente hacia 1920, y la idea de volver a vivir en su país de origen está cada vez más lejana.

Los primeros emigrantes palestinos musulmanes llegaron al Perú tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, algo más tarde que en Argentina o Chile. Esto es debido a que no provenían directamente desde Palestina, sino desde otros países americanos, especialmente desde Cuba. Según algunos autores fueron unas diez familias palestinas de religión musulmán las que se asentaron en Perú, todas ellas provenían originariamente de la región de Ramalah. Se instalaron en la costa norte peruana, en las ciudades de Piura, Pisco y Chiclayo. Su adaptación al país fue casi perfecta, ya que en aquellos años no existían los problemas religiosos entre católicos y musulmanes que existen en la actualidad.

También tenemos la llegada desde 1910 y sobre todo desde 1920 de palestinos cristianos llegados directamente desde Palestina y que se asentaron en la costa peruana, en  las ciudades de Chincha, Pisco y principalmente Chiclayo. Aunque empezaron como comerciantes, rápidamente compraron tierras y se convirtieron en terratenientes, lo cual hizo que ascendieran en el estatus social peruano y se codearan con la más alta sociedad del país.

En cuanto a los sirio-libaneses en este segundo periodo, las principales familias provenían del Líbano y se asentaron inicialmente en Pisco, desde 1910 a 1920 y posteriormente en Chiclayo. A esa ciudad fueron llegando desde 1920 hasta 1950 las familias Hadad, Fajri, Skander, Yapur, Mufarech, Naim y Bugosen y se convirtieron en los principales comerciantes de la ciudad. También llegaron contingentes sirio-libaneses desde otros países sudamericanos entre 1920 y 1940.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, en 1942 (hay que recordar que tanto Siria como Líbano fueron territorios franceses tras la caída del Imperio Otomano al acabar la Primera Guerra Mundial), realizó un censo de las personas con pasaporte francés en Perú que provenían de estos dos países. En el censo se registraron doscientas sesenta y siete personas, de las cuales doscientas cuatro personas son libanesas y sesenta y sesenta y tres son sirias. Entre los libaneses, tenemos ochenta y siete hombres, treinta mujeres y ochenta y siete niños. Entre los sirios tenemos veintitrés hombres, diez mujeres y treinta niños. Hay que pensar que serían más de doscientas sesenta y siete personas de origen sirio-libanés las asentadas en Perú en 1942, ya que existirían muchas personas que ya tendrían un pasaporte peruano y que por tanto no aparecerían en este censo, pero este registro da una muestra de la escasez cuantitativa de este grupo migratorio dentro del total de la sociedad peruana de la primera mitad del siglo pasado.

La tercera y última fase de esta emigración comenzaría tras acabar la Segunda Guerra Mundial. En el caso palestino, los motivos que llevaban a emigrar habían cambiado por completo. La implantación en su zona del Estado de Israel en 1948 supuso la aparición de una gran tensión entre israelíes y palestinos. Esto hacía además que los emigrantes residentes en Perú abandonaran por completo la idea de volver a su país debido a la inestabilidad política reinante en la zona desde ese momento.

En cuanto a los sirio-libaneses, en esta última fase migratoria son casi en exclusividad personas del Líbano las que emigran, debido también a la inestabilidad política producida tras la aparición del Estado de Israel y sobre todo por la Guerra Civil del Líbano entre 1975 y 1990.

En ambos casos tenemos que a partir de 1950 en adelante la emigración de Oriente Medio hacia Perú es una emigración mayoritariamente de religión musulmana, que llega al país por el efecto llamada de otros familiares que ya están asentados en el Perú y que se instalan en los principales núcleos urbanos del país, sobre todo en Lima, ya que a partir de 1940 hubo una intensa emigración desde el campo a la ciudad en el Perú, lo que hizo que las ciudades peruanas crecieran exponencialmente en pocos años.

En la próxima entrada conmemoraremos el veinticinco aniversario del fallecimiento de Ricardo Saprissa una figura clave en el desarrollo social de la sociedad costarricense en la segunda  mitad del siglo veinte y que a su vez fue uno de los grandes deportistas españoles en la década de los veinte del siglo pasado.