Los árabes en Chile – Inmigración Iberoamericana nº6

En esta entrada vamos a analizar la emigración palestina y sirio-libanesa a Chile, realizando en algunos casos una comparación con la entrada anterior de este blog, donde estuvimos analizando la emigración sirio-libanesa en la Argentina, ya que existen muchos puntos comunes y algunos divergentes entre ambos movimientos migratorios.

Al igual que ocurría en Argentina, también en Chile existen dificultad para cuantificar la emigración desde Oriente Medio, ya que las personas que entraban desde Siria, Líbano o Palestina lo hacían con pasaporte turco, al igual que emigrantes de otros muchos países del Imperio Otomano, lo que hace que cueste mucho saber si esos emigrantes provenían de Oriente Medio o de otros lugares del Imperio Otomano, como los Balcanes o el norte de África.

Esta emigración se inicia alrededor del año 1885 y se concentra principalmente entre 1900 y 1940. En el primer censo del año 1885 se registran veintinueve personas como “turcos”.  En 1888 tenemos los dos primeros registros que con absoluta certeza pertenecen a dos personas procedentes de Oriente Medio. Son Abraham Saffe, de origen sirio y Santiago Beiruti, de origen libanés. Desde ese censo hasta 1940 se calculan que llegaron a Chile entre 8 mil y 10 mil emigrantes de origen palestino o sirio-libanés. Estas cifras dejan claro que esta emigración fue muy minoritaria en relación con el global de la emigración mundial que se asentó en Chile.

La llegada de emigrantes palestinos y sirio-libaneses a Chile se puede clasificar en tres etapa, de 1900 a 1914, de 1920 a 1940 y desde 1940 en adelante. En la primera etapa se calcula que llegaron a Chile el 51% del total de esta emigración. Pero concretando más podemos decir que entre 1910 y 1913 llegaron a Chile el 60 % del total de emigrantes provenientes del Líbano; de 1905 a 1914 el 56% del total de palestinos y desde 1909 a 1915 el 27% de los sirios. El Censo de 1920, el primero que ya diferencia las nacionalidades siria, libanesa y palestina, arroja la cifra de 1.164 palestinos, 1.204 sirios y solo 15 libaneses para un total de2.383 personas.

Si analizamos “La Guía Social de la Colonia Árabe” de 1940, realizada cuando este movimiento migratorio está casi concluido, vemos que este censo registra 2994 familias, unas 15 mil personas. Por tanto tenemos un crecimiento de algo más de 12.500 personas de población palestina y sirio-libanesa instalada en Chile entre 1920 y 1940 de las cuales el 85% era emigrante y aún solo el 15% descendiente nacido en Chile. El 51%  de esta población procedía de Palestina, el 30% de Siria y el 19 % restante del Líbano. El 67 % eran jóvenes de entre 10 y 30 años que habían entrado solteros en el país (solo el 9,4% entró ya casado en Chile). Si en 1940 el 85 % de este tipo poblacional era aún emigrante, en 1970 se había dado la vuelta completamente a la estadística, siendo el 86% nacido en Chile, lo que demuestra que la llegada de sirio-libaneses y palestinos a Chile tras 1940 fue prácticamente inexistente.

Existe una encuesta llamada EPOA, (Encuesta de Población de Origen Árabe) realizada en el año 2001, que es la última gran referencia para saber sobre los palestinos y sirio-libaneses en Chile. Esta encuesta arrojó como resultado que un 61 % son de origen palestino, 25% de origen sirio, 4% de origen libanés y el 9% son árabes combinados, esto es, son sirio-libaneses, sirio-palestinos o palestino-libaneses. Aquí tenemos la principal diferencia entre Argentina y Chile. Si en Argentina los palestinos son prácticamente inexistentes, en Chile son mayoría dentro de la población de Oriente Medio.

Los motivos de esta emigración son los mismos para cualquier país sudamericano que recibiera emigración de personas provenientes de Oriente Medio. Por una parte tenemos el desarrollo demográfico de esa región que provocó que muchas personas, especialmente jóvenes, no tuvieran  tierras que cultivar. Por otro lado, la persecución religiosa de cristianos ortodoxos por parte del Imperio Otomano. En 2001 el 69% de los chilenos cuyo origen proviene de Oriente Medio es cristiano católico y el 14% es cristiano ortodoxo.

Al igual que ocurrió en Argentina, Chile nace como un país receptor de emigración, ya que  necesita poblar el país y una gran cantidad de mano de obra que contribuyera de forma efectiva al progreso de la nación. Y como ocurrió en Argentina, en Chile el emigrante de Oriente Medio no está bien visto por el gobierno y la sociedad chilena, que querían emigrantes blancos europeos. Incluso se presentó al gobierno chileno en el año 1865 una clasificación realizada por Benjamín Vicuña Mackenna que establecía las preferencias sobre la nacionalidad de los emigrantes que querían que llegaran al país. Así, tenemos a los alemanes, italianos y suizos en primer lugar, seguidos de irlandeses, escoceses e ingleses. Luego vendrían los franceses y por último los españoles. Otro tipo de emigración, como la que analizamos en esta entrada, ni se contempla en esta clasificación.

Esto produce que la emigración desde Oriente Medio a Chile sea una emigración desorganizada ya que no existen los parámetros organizativos necesarios por parte del gobierno chileno para la recepción y colocación de este contingente migratorio. Además el interés del gobierno chileno por la recepción de población extranjera disminuye de manera importante a partir de 1907, justo cuando empieza a crecer la emigración palestina y sirio-libanesa hacia el país.

La gran mayoría de los palestinos y sirio-libaneses que se asentaron en Chile eran agricultores en sus países de origen y sin embargo se convirtieron en comerciantes en Chile, principalmente del sector textil, sobre todo del algodón. Este cambio en su dedicación laboral se explica porque estos emigrantes siempre tienen en mente regresar a su país y ser agricultor significa comprar tierras y asentarse en un lugar concreto, algo contrario a la idea de volver a su país de origen. Además, la mayoría de estos emigrantes llegaban a Sudamérica con muy poco capital que les era a todas luces insuficiente para la adquisición de tierras. Se dedicaron por tanto a la venta ambulante, conocidos como buhoneros, vendiendo muchos tipos distintos de mercancías. Un relato muy famoso sobre los buhoneros dice lo siguiente:

“Con sus canastos desbordando de las más heterogéneas mercancías- pañuelos, medias, espejos, horquillas, carretas de hilo, jabones, imperdibles, botones, miriñaques y peinetas- constituían una figura demasiado pintoresca para que pasaran inadvertidos. Recorrían las calles voceando sus productos en rudimentario español con el conocido pregón de  “cosa tenda, o sea, cosas de tienda”.

La venta ambulante provocó una rápida expansión de esta población desde Santiago de Chile hasta otros lugares del país. En 1940 ya solo el 40% del total vivía en la capital. Al cabo de unos años podían abandonar la venta ambulante y asentarse en un lugar fijo para poner un pequeño negocio y seguir así como comerciante con unas condiciones de vida más dignas. Este tipo de inmigrante se caracterizaba por tenía un sentido del ahorro estricto, una gran dedicación al trabajo y una convivencia ejemplar en su vida familiar. De hecho, los barrios de asentamiento de los “turcos” se organizaban según el país de donde provenían y de la religión que procesaban.

Un ejemplo de la forma de vida de estos emigrantes lo constituye un apartado de una novela: “Usted se habrá fijado en los turcos…. Abren temprano. Cierran cuando no pasa un alma. Si nadie entra, permanecen inmóviles. Así ahorran energía y ropa. Viven en caserones. ¿Cuántos habitan en el mismo? ¿Sólo dios sabe? ¿Los ha visto entrar? Son como hormigas. A la vuelta de unos años abren su fábrica y siguen igual: la misma ropa, la misma cara, el mismo paso. Sólo por lo que existe dentro de su fábrica uno comprende que son ricos.

La adaptación del emigrante proveniente de Oriente Medio en la sociedad chilena fue bastante complicada por varios motivos. Por una parte, los chilenos llamaban genéricamente a estos emigrantes “turcos”, algo claramente peyorativo para ellos, ya que provenían de países que habían sido conquistados siglos atrás por el Imperio Otomano y que además muchos de ellos tuvieron que salir de su país precisamente por la persecución religiosa que ese imperio ejercía sobre ellos. Por otra parte, el emigrante no europeo no era bien visto por el gobierno chileno, como ya hemos comentado más arriba, lo que se trasladó también a la sociedad chilena. Y por supuesto la alta sociedad chilena estaba totalmente prohibida para los “turcos”, aunque se hubieran hecho ricos con el comercio.

Existió también cierta tolerancia al “turco” que se asentaba en Chile, ya que existieron algunos matrimonios mixtos. Entre 1910 y 1919, el 11,6 % de los matrimonios de emigrantes provenientes de Oriente Medio fueron con personas de otras nacionalidades, y entre 1920 y 1929 fueron el 16,3%, datos que paulatinamente fueron creciendo hasta poco más del 50% de matrimonios mixtos en 1960.

A partir de la segunda generación de palestinos y sirio-libaneses en Chile, o sea, los que ya nacieron en Chile, vemos una adaptación al país mucho mayor que la de sus padres y una aceptación por parte de la sociedad chilena también mayor.  Actualmente solo un 20-25 % de los descendientes mantiene el idioma árabe y muchos castellanizaron sus nombres y apellidos para adaptarse mejor en la sociedad chilena. Además, existen en la actualidad quince alcaldes de origen de Oriente Medio, así como dos diputados y dos senadores.

Podemos concluir diciendo que la comunidad de palestinos y sirio-libaneses en Chile consiguió prosperar en ese país más que otras emigraciones gracias a su esfuerzo y dedicación al trabajo, a pesar de llegar al país en un momento donde el impulso migratorio europeo empezaba a decaer y que además llegaban a una sociedad que no los deseaba, que en general los despreciaba. A pesar de todas las dificultades, los descendientes de 1ª, 2ª y 3ª generación de aquellos emigrantes se han adaptado perfectamente a la cultura y costumbres chilenas, enriqueciendo a la misma con partes de la cultura árabe.

En la próxima entrega continuaremos con este serial sobre la emigración desde Oriente Medio en Sudamérica, con una entrada dedicada a los sirio-libaneses y palestinos que emigraron y se asentaron en Perú.