Los adornos de las diosas: dualidad muxe y recreación del tocado istmeño

Hay una dualidad que se hace visible en el movimiento, para las culturas antiguas de Mesoamérica, esta dualidad se manifiesta como cósmica y cotidiana a la vez, los atributos masculino y femenino se relacionan con aspectos de la naturaleza, del espacio y del tiempo. El sol, el cielo, el fuego y la luz como atributos masculinos se complementan y existen por su relación con la noche, la luna, la oscuridad y lo húmedo que son características de lo femenino. El mundo puede ser visto como una flor de cuatro pétalos con un centro, cada pétalo es una esquina del universo, el centro es el ombligo desde donde todo se une. El centro de la flor une el día y la noche, lo masculino y lo femenino.

Los adornos de las diosas Unión Hidalgo Istmo Oaxaca foto patricia Tovar

Podemos trasladarnos entre los espacios y las energías y por eso algunas deidades mesoamericanas son duales, femeninas y masculinas, mostrándonos formas metafóricas de identidades siempre en transición. Hombres y mujeres somos sujetos imaginarios y nos movemos en mundos simbólicos.

Lo femenino y lo masculino parece una clasificación que parte del cuerpo, pero no es así. Los cuerpos adquieren significados y formas de representación, pero no son el origen de las clasificaciones simbólicas.  Ubicarse en el centro de la flor, entre lo femenino y lo masculino es estar en un lugar de unidad altamente creativo, en donde todo puede surgir, en donde la lluvia cae sobre los ríos y el sol ilumina la tierra.

Unión Hidalgo Istmo Oaxaca Los adornos de las diosas 3-B

Ser muxe es una condición particular de la cultura zapoteca, es estar y ser en la unidad, en la dualidad. El cuerpo es masculino y femenino, de manera simultánea, en un plano imaginario y simbólico; estar en la sociedad siendo muxe es moverse, jugar y atravesar fronteras de significación. El cuerpo muxe es un cuerpo poético. La sexualidad incluso, se vuelve parte de este performance continuo que plantea una ruptura con las convenciones del pensamiento dicotómico que todo lo separa y jerarquiza.

Ser muxe es estar en un tercer espacio en donde no hay asignaciones fijas, en el performance se es hombre y mujer al mismo tiempo. Ser dos en un mismo cuerpo. De esta manera se afirma una libertad de recrearse y de crear las propias prácticas. Una de ellas es la elaboración de tocados, de adornos para las fiestas, de bailes y vestuarios. Habitar una fantasía continua de imágenes que con frecuencia asombran y son híbridas o eclécticas.

fabiola Unión Hidalgo foto Patricia Tovar

La construcción social del género, no obstante, ha separado y estigmatizado la homosexualidad,  la homofobia se manifiesta como un rechazo a la diferencia y a la dualidad. En la etapa de socialización de los niños, el rechazo aparece como una agresión verbal ante una actitud “afeminada” que es menos agresiva, más gentil, apegada a la madre o a las niñas. En el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, México, estos estigmas tienen otros matices y si bien muchas familias piensan en la homosexualidad, o en el ser muxe como un don de dios; muchos hombres, sobre todo los padres, siguen reaccionando violentamente ante la evidencia de tener un hijo/hija muxe. Socialmente hay una marginación de la comunidad muxe que se manifiesta en su clara separación del resto y en los pocos espacios de reconocimiento que existen para su trabajo y para su desarrollo, no es difícil pensar que al ser muxe queda truncada la posibilidad de tener un apoyo familiar para estudiar y que la dualidad muxe no es o sería aceptada en muchos ámbitos profesionales.

De tal manera que la comunidad muxe del Istmo de Tehuantepec, ha generado sus propias fuentes de trabajo y su propio ámbito de acción dentro de su espacio cultural, una de las actividades preponderantes de las muxes es la elaboración de tocados y peinados para las fiestas, para las mujeres y para las propias muxes. Es interesante pensar en el tocado como un objeto complejo con una historia antigua, su existencia se relaciona con aspectos simbólicos, estéticos y funcionales. Su existencia en Mesoamérica está vinculada a la dualidad intrínseca de la persona en su ser espiritual y material y en su relación con aspectos de la naturaleza vinculados a lo masculino y a lo femenino como energías complementarias. Para los pueblos antiguos que habitaron gran parte de la región central y sur de México y hasta la zona de América central, el ser humano poseía tres almas o centros de energía ubicadas en lugares específicos del cuerpo. Una en el hígado, relacionada con el viento llamada ihiyotl, otra en el pecho relacionada con los aspectos emocionales y con el calor solar llamada yolotl y una tercera en el centro de la cabeza llamada tonalli y relacionada con el fuego, el resplandor y la conexión con el cosmos o energía cósmica. Al morir ihiyotl se desprende como un aire que se desvanece, yolotl se apaga o enfría y tonalli sobrevive y se desprende del cuerpo para integrarse al cosmos. En vida la veneración del tonalli era fundamental puesto que se pensaba que  era como la luz vital de cada ser, y que tenía la cualidad de moverse por el cuerpo y salir de él durante el sueño, en procesos rituales, durante el acto sexual o en una situación de alerta o terror. De ahí la importancia del cuidado del cabello, de los peinados y de los tocados. El uso de plumas y flores estaba vinculado directamente a la dimensión sagrada del ser y al tonalli, por eso muchas deidades aparecen representadas con tocados y las mujeres usan los mismos peinados que las diosas. El uso del cabello trenzado o retorcido como corona alrededor de la cabeza es un aspecto de esta veneración que ha atravesado el tiempo y se ha conservado hasta nuestros días al igual que el uso de flores y de adornos vistosos y coloridos. En cada región el uso del tocado ha adquirido una identidad propia y se ha hibridado con otros aspectos de diversas culturas. En el Istmo de Tehuantepec el uso del tocado está relacionado con la vida festiva de las comunidades y con la vestimenta tradicional. Su simbología se relaciona principalmente con la flor como universo horizontal en donde cada pétalo simboliza los cuatro puntos cardinales y el centro es el lugar  del fuego; a este símbolo se le agrega la hibridación con elementos de otras culturas que han convergido en ese espacio cultural, como el oro y las cuentas  doradas relacionadas con el oriente, Filipinas y China; también los encajes o resplandores vinculados con la cultura europea. De tal manera que los tocados istmeños son una condensación de un devenir temporal sumamente rico. No obstante el tocado ha sido muy poco estudiado y su revitalización se vuelve urgente dado que su producción se ha abaratado por un mercado turístico y folklórico introduciendo elementos desechables. Por otra parte dentro de las comunidades del Istmo el tocado se sigue haciendo como un aspecto del arreglo personal de las mujeres cotidianamente y de manera especial para las fiestas llamadas Velas en donde el atuendo es sumamente importante y elegante. Estos tocados son creados y recreados por las muxes quienes han hecho de su elaboración una de sus actividades principales.

Los adornos de las diosas 2 Unión Hidalgo Istmo Oaxaca

Las muxhes son una comunidad existente entre los zapotecas, como personas duales: masculinas y femeninas a la vez. Su identidad es flexible y adopta un aspecto y nombre femenino, que va más allá de lo travesti y que podría pensarse en realidad, como un continuum de la concepción mesoamericana de unidad entre lo masculino y lo femenino. El trabajo actual desempeñado por las muxes está totalmente vinculado con aspectos creativos, su identidad es creativa y femenina, se relaciona con los adornos y con las celebraciones rituales. Ellas hacen vestuarios, carros alegóricos, adornos para las fiestas, decoraciones, bordados, peinados y tocados. Sin embargo a pesar de que trabajan duro por el reconocimiento de su identidad  y que son socialmente aceptadas, aún persisten formas de discriminación y marginación que les asignan un lugar restringido y muchas veces indigno dentro de los espacios sociales, ellas hacen labores domésticas y pocas veces pueden estudiar o acceder a una formación profesional, su identidad dual no es aceptada en ciertos ámbitos de trabajo y normalmente se les piensa como las cuidadoras de abuelos y padres o proveedoras de recursos materiales para las familias istmeñas.

El proceso de reinvención del tocado istmeño a partir de la reflexión sobre la propia identidad muxe muestra un camino de trabajo y de visibilidad para la comunidad muxe. El arte y el diseño textil como potenciadores de la creatividad que ellas, las muxes, definen como la expresión de su feminidad. Sin duda, la identidad muxe provoca un cuestionamiento a las distinciones de género y a la forma convencional de comprender las relaciones y los procesos fluidos entre lo masculino y lo femenino que podríamos pensar como una dicotomía innecesaria en la actualidad, y recuperar la capacidad de movernos entre ambas energías y vivirnos, experimentarnos como seres duales.