Las imágenes del mito del buen salvaje

foto 1

Tradicionalmente se ha pensado que el gran Jean-Jacques Rousseau fue el artífice de lo que se conoce como “mito del buen salvaje”, una ideología dieciochesca que proclamaba al ser humano bueno en su estado natural pero corrupto en la sociedad. No resulta ilógico pensar esto pues Rousseau hizo el uso del hombre salvaje para explicar las corrupciones del hombre en la sociedad tanto en el Contrato Social o Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad de los hombres. Sin embargo, el “mito del buen salvaje” hunde sus raíces en el siglo XVI, fue Michel de Montaigne en su ensayo “De los caníbales” el primero en proclamar la injusticia que suponía el calificar como “salvaje” al otro, usando para ello las reglas europeas y no la razón. A pesar de ello, el “mito del buen salvaje” alcanzó su cenit en el siglo XVIII dentro de una serie de discursos anti-imperialistas que criticaban las políticas imperiales de las potencias europeas.

foto 2

La ideología del salvajismo noble es algo que se expandió a casi todas las capas de la sociedad y se hace presente en una figura que se ha denominado “viajero filósofo”, un tipo de viajero que, en contraste con los anteriores, contaba con una amplia formación académica y una bagaje filosófico. Un ejemplo de ello sería el francés Louis Antoine de Bougainville, que se formó bajo las órdenes del mismísimo D’Alembert, y que realizó la primera circunnavegación alrededor del mundo bajo la corona francesa. Bougainville no solo tenía una amplísima formación militar y marítima sino que además contaba con una formación académica. Sus historias sobre el Tahití reflejan la filosofía rousseniana del buen salvaje, hasta el punto de que Diderot usó su experiencia para reflejar sus propias ideas del buen salvajismo en Supplément au voyage de Bougainville.

Muy similar a Bougainville fue el italiano Alejandro Malaspina quien realizó la expedición más famosa bajo la corona española. Al igual que el marino francés, Malaspina gozó de una amplia formación académica en Roma empapándose de la cultura del Mezzogiorno, así como de una formación naval en Cádiz -se sabe que asistió a la escuela naval y que incluso participó en algunas reformas que se hicieron del programa de estudios-. Además era un lector compulsivo y entre sus lecturas estaba Rousseau. El “mito del buen salvaje” en la expedición de Malaspina es algo que puede observarse no solo en sus escritos, sobre todo de los indígenas de la costa de la Patagonia a quienes humaniza por primera vez, destacando el amor familiar, la lealtad en el matrimonio y, sobre todo, el amor maternal, sino también en las imágenes. Resulta sorprendente como José Del Pozo -uno de los muchos artistas que formaban parte de la expedición- fue capaz de transmitir a través de los dibujos esa ideología que proclamaba la bondad del salvaje a través de un estilo neoclacisista que reflejaba el impulso ilustrado de retornar al mundo antiguo con una visión renovada de las ideas platónicas y el pensamiento liberador racionalista. Así, por ejemplo, el dibujo de una muchacha patagona se aleja mucho de aquellos que representaban al ser patagón como un gigante fiero que se tragaba la flecha, en el dibujo se muestra a una muchacha sonriente, cubierta de pieles, que parece que interrumpe su paso para ser retratada. Sencillez, bondad. El salvaje ya no es fiero.

foto 3

Lo mismo puede decirse del dibujo que representa a una mujer patagona con su hijo. El amor maternal de estos indígenas impresionó fuertemente a Malaspina: “El amor de las mujeres a sus hijos, y la consecuente subordinación de éstos a sus padres, y en general a todos los ancianos, se nos hizo visible en todas las ocasiones en los cuales concurrimos con ellos en el bergantín Carmen. Las encontramos una tarde que habían puesto sus niños a dormir en un camarote inmediato a la cámara, se sobresaltaban al menor ruido que hiciesen y al despertarlos y traerlos consigo les daban mil besos, prorrumpiendo (según se conocía) en muchas expresiones del cariño más tierno hacia ellos (…)”. El amor, el considerar al salvaje como un ser que puede tener sentimiento, es lo que le convierte en bueno.

La ilustración que encabeza esta misma entrada, titulada “Encuentro amistoso con los Patagones”, es otra representación más. Del Pozo muestra a los indígenas recibiendo a los españoles en una actitud alegre, en paz. El canon neoclásico en la representación del indígena del sur va más allá de un sentido estético, es lograr dar una explicación del porqué la presencia de hombres sosegados en tal precarias condiciones. Y la respuesta se encuentra, en parte, en la teoría del buen salvaje. Para Malaspina, y quizás para José Del Pozo, la razón de la felicidad del patagón, a pesar de estar lejos de las “pautas de civilización”, se debe a que éste es la encarnación de la forma primitiva del hombre civilizado, el origen incontaminado de la sociedad.