La Voz es la Clave

Sólo vemos lo que somos capaces de ver, sólo entendemos lo que somos capaces de entender. Concebida así, la memoria no es tanto almacén del pasado como entrada al porvenir. No se ocupa de restos, sino de semillas.

J. A. Marina en su Teoría de la Inteligencia Creadora, 1993.

 

Es fácil constatar que una voz apagada se proyecta menos que una voz intensa, cargada de resonancia. Me refiero a la voz humana, a las sociedades y sus historias. Los ecos recogidos y los ecos desconocidos, desde su contexto histórico-geográfico, dejaron de ser voces a lo largo de generaciones. En apariencia, los documentos recuperados son los únicos testimonios de aquellos discursos.

Para la Historia del Arte son importantes los documentos que llegan al “presente” (término difuso y complejo que abordaremos en otra ocasión). Está claro que un documento histórico puede tratarse de objetos o un conjunto de restos arquitectónicos, además de cualquier escrito o representación ideográfica. Pero casi tan importantes como estos documentos directos son las fuentes de información que nos cuentan aspectos de esa sociedad y esos individuos que creaban costumbres, utensilios, artefactos, es decir, trascendían ideas e inquietudes mediante recursos materiales. En este sentido práctico de la vida humana también nos encontramos con una cualidad inabarcable y exclusiva de nuestra especie, aquello que surge en nuestra conciencia y se refleja en la de todos… Me refiero a la estética, la sensibilidad creadora y no funcional, la voluntad artística. Desde mi punto de vista el concepto de obra de arte occidental debemos tomarlo con precaución cuando se trata de investigar las creaciones estéticas de culturas no occidentales. Las motivaciones “espirituales” que conducen a la consecución de lo que en Occidente llamamos arte son de diversa índole. En cualquier caso hay que intentar siempre discernir cuáles eran los intereses sociales de las personas autoras de lo que apreciamos estéticamente: ¿Quién está detrás de esto? ¿Cuándo lo hizo? ¿Por qué lo hizo, por qué tomó las decisiones cuyos resultados observamos ahora? ¿Tenía otras opciones… Pudo elegir o estaba obligado/a? Además hay que contemplar el legado de gentes pretéritas con perspectiva, puede que se trate de representaciones parciales que difieren bastante de su todo original.

Es tan difícil conocer la fidelidad de una información sobre tiempos pasados que hasta hace pocas décadas en la práctica historiográfica se seguía incurriendo, más de lo recomendable, en la hipótesis subjetiva a la hora de catalogar y analizar representaciones u objetos de valor artístico. Lo cual ha sido nefasto para la conservación y restauración del patrimonio histórico-artístico en varias ocasiones. Es un problema de punto de vista: activo el que está vivo; pasivo el que sólo puede hablar a través de las cosas creadas que llegaron hasta hoy, por tanto es un eco más que una voz. No obstante los avances técnico-científicos durante el siglo XX han sido impresionantes y por supuesto las ciencias sociales deben estar de enhorabuena para seguir medrando hacia el hallazgo de respuestas en el s. XXI. La conciencia y los puntos de vista pueden progresar, aunque una espina difícil de extraer es la notable escasez de documentos y testimonios fidedignos aprovechables como Fuentes de la Historia del Arte. Centrándonos en el inmenso ámbito iberoamericano surge una nueva problemática de índole étnico – social si se me permite la expresión. (A grandes rasgos, y teniendo en cuenta la convergencia cultural que manifiesta nuestra predisposición a una serie de comportamientos sociales transversales para casi todas las culturas extintas o actuales) digamos que para un contexto europeo lo más apreciado de una fuente fiable sería su cercanía geográfica y cronológica a las prácticas artísticas que estemos tratando. En cambio en un contexto americano dicha cercanía puede suponer una rápida destrucción del patrimonio cultural amerindio a través de la invasión europea. Hay variantes claro está. Por ejemplo, recordemos cómo los mixtecas más dominantes se hicieron con el poder incontestable de toda Mesoamérica en poco más de siglo y medio, a la par que tergiversaban los documentos de pueblos precedentes o destruían aquellas informaciones que no favorecían su relato legendario que culmina con la fundación de Tenochtitlán (1325 – 1523) y la conquista de más de trescientas ciudades a las que hicieron tributarias; llegando su influencia incluso a regiones donde las gentes hablaban otras lenguas y tenían un desarrollo histórico radicalmente distinto, alejadas más de mil kilómetros del valle central de México.

Con la llegada de españoles y catolicismo, al finalizar el primer cuarto del s. XVI, se procedió a una descomunal y rápida destrucción de testimonios, documentos y obras. Así, la mayoría de los códices que vemos hoy día son documentos mixtos que tomaban como fuente los ya mezclados previamente por la civilización azteca; la fusión cultural intercontinental rige la actitud de su elaboración. “Bien por la mezcla, pero mal por el alejamiento de los originales prehispánicos”.

Hasta aquí estamos observando sencillas cuestiones sobre la Historia Iberoamericana. Nos estamos refiriendo a historias académicas, conocidas, más estudiadas y divulgadas. Quiero expresar con claridad, en la presentación de esta “columna” titulada La Voz es la Clave, mi intención de atender la tradición oral, la voz desfavorecida por el progreso y la globalización.

Escríbia justamente don Milani (“Carta a una profesora” 1967):

« las lenguas las crean los pobres y después siguen renovándolas hasta el infinito. Los ricos las cristalizan para poder  tomar en burla a quien no habla como ellos .»

Alberto Marzucchi

Es reconfortante saber que hoy día hay mil rincones de Iberoamérica en donde las gentes están despertando para construir un presente activo, que no se conduce por la inercia, la desidia o el encogimiento de hombros ante lo hegemónico. Personas que mantienen y potencian la voz de sus antepasados a través de lenguas diferentes al castellano y el portugués. Un reto enorme para muchísimos pueblos que llevan siglos tratando de identificarse de nuevo en las circunstancias de aceptación del otro, con las migraciones, penurias, incomprensiones, aculturaciones vertiginosas o periodos de estabilidad precaria que todo ello conlleva. No obstante, es curioso como algunas herramientas creadas por y para el primer mundo, por ejemplo la Red de redes, funcionan como medios de comunicación eficaces hacia el exterior para pueblos marginados como son la mayoría de aborígenes americanos, cumpliendo a su vez la función de plataforma contestataria y estrategia de autodeterminación. “Voces del Sur” que ahora tienen más megafonía.

Considero que la clave de la comunicación es la voz en un sentido figurado. Hemos oído durante demasiado tiempo que la historia la cuentan los vencedores, pero la transmisión de saberes y creencias, por vía oral y por imitación de prácticas folclóricas, ha resultado ser exitosa en el caso de muchas culturas americanas hasta el día de hoy. Tal vez ha sido necesaria más conciencia crítica en general, y sigue haciendo falta, puesto que el yugo mental es el mejor y más barato aliado de los ambiciosos poderes dominantes. Ninguna sociedad se salva de esto, y menos viviendo en guetos o reservas con fueros especiales.

Por último, ilusionado por este gran proyecto llamado Iberoamérica social, quisiera pedir sugerencias a todo aquel que participe de nuestro intercambio de ideas: consejos, rectificaciones… Cada día al despertar una voz interior me pregunta: ¿qué vas a aprender hoy? –No sé casi nada, pero voy a preguntar a los demás, seguro que alguien quiere contarme cosas nuevas y distintas de lo que dice “el que más grita: lo hegemónico”.-