La violencia contra la mujer. Una historia que debe terminar

Violencia

Con la íra, la sangre fluye a las manos, y así resulta más fácil tomar un arma o golpear a un anemigo; el ritmo cardiaco se eleva y un aumento de hormonas como la adrenalina genera un ritmo de energía lo suficientemente fuerte para originar una acción vigorosa.

Goleman. La inteligencia emocional.

Simplemente algo de historia

Si tuviéramos que situarnos en un espacio y tiempo determinados, a lo mejor nos veríamos atrapados en una encrucijada de la cual sería muy difícil salir. Nadie dice que la historia no tenga importancia o que no sirva de referente, pero esta, al mismo tiempo y por distintas circunstancias ha servido en innumerables oportunidades, solo para ocultar o maquillar muchas de las más crudas realidades que se han venido dando en nuestras sociedades.

Una de estas manifestaciones es justamente la que en los últimos años se ha hecho más manifiesta y a la que desde distintas trincheras se viene combatiendo. No es la pobreza, tampoco una enfermedad, estamos hablando justamente de toda forma de violencia que se ejerce contra cualquier ser que habita este planeta. Más propiamente, estamos hablando de la violencia ejercida contra la mujer, mejor dicho, contra las mujeres.

Si tuviéramos que retrotraernos en el tiempo, seguramente encontraríamos las raíces de esta desigualdad histórica. Así, llegaríamos a una sola conclusión, y es que todas las formas de opresión contra las mujeres se vienen dando prácticamente desde que se concibe la idea de sociedad. Quizás para muchos el plantear esta hipótesis sea demasiado dura, pero si uno mira detenidamente bajo la lupa, encontrará sin lugar a dudas, que es desde los comienzos de las sociedades tal y como las conocemos hoy en día, que se ha venido aislando a la mujer, como persona, como ciudadana, como madre, como hija, como un ser con sus propias características, con su propia espiritualidad.

Hoy en día mucho se habla de que la mujer se estaría fortaleciendo, luchando por espacios de poder y decisión, pero esta es otra falacia inventada, en realidad, la mujer solo está accediendo a algo que desde siempre fue de ella. Algo que le fue arrebatado por la lógica patriarcal. Es menester entender que no se puede devolver algo que nunca fue de uno. De todas maneras, la situación se plantea así y prácticamente todas las sociedades en el mundo se han venido constituyendo de esta forma. El problema es que las nuevas generaciones creen que esta forma instituida de familia y sociedad  en donde el padre tiene más poder, es la que desde siempre existió, sin percatarse en muchos casos, de que existe otra historia que demuestra exactamente todo lo contrario.

Esas son las falacias que se deben destapar, porque en realidad lo que se ha hecho es sistemáticamente ejercer violencia contra la mujer, y cuando hablamos de violencia no nos referimos al maltrato físico, que es solo la punta del ovillo. En realidad nos referimos a toda una secuencia histórica que de un solo plumazo ha borrado la importancia de la existencia de la mujer, relegándola a la ignorancia, al analfabetismo, a la pobreza. Y todo esto no es casual porque en una sociedad donde el varón está más cultivado, obviamente la mujer estando a menos, siempre estará en desventaja y por ende en carácter de sumisión. Todas estas estructuras han sido creadas así, y hasta hoy vienen reproduciéndose de la manera más descarada.

El principio es el inicio de todo 

A pesar de que pueda parecer algo ilógico el irnos de forma abstracta hasta los principios de nuestra historia como sociedad, para tan solo entender un poco la situación de las mujeres en estos tiempos, es siempre importante ir hasta donde todo comenzó, porque si no se hace esto, pues luego andamos creyendo que la historia se ha escrito desde el año cero y esa no es la realidad. No se puede entender hoy en día los procesos de dominación y violencia hacia la mujer sin ubicar el punto exacto desde donde se iniciaron todos estos sucesos.

Solo para que tengamos en cuenta de cómo se manejan estas situaciones, les presentamos las siguientes líneas:

La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada. ” (2) Abarca, sin carácter limitativo, “la violencia física, sexual y psicológica en la familia, incluidos los golpes, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital y otras prácticas tradicionales que atentan contra la mujer, la violencia ejercida por personas distintas del marido y la violencia relacionada con la explotación; la violencia física, sexual y psicológica al nivel de la comunidad en general, incluidas las violaciones, los abusos sexuales, el hostigamiento y la intimidación sexual en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros ámbitos, el tráfico de mujeres y la prostitución forzada; y la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra. ” (OMS/OPS, junio 1998)

Como podemos leer, esta definición de violencia data de 1993 y sin temor a equivocarnos podríamos afirmar que poco o nada ha cambiado en la más reciente década. El maltrato y la violencia hacia la mujer se la sigue practicando física, sexual y psicológicamente. Además, esta práctica se torna hasta indecente cuando encontramos los abusos al interior de la propia familia, donde los agresores son los hijos, hermanos, padres y las parejas respectivamente. Y no se trata de mostrar las miserias de nuestra sociedad, más bien se trata simplemente de golpear un poco a la conciencia para darnos cuenta de que los abusos y el maltrato hacia las mujeres no han cambiado, más bien, han sufrido una metamorfosis quizás, y por tal motivo es muy difícil distinguir la violencia de un trato encasillado y maquillado en meros formalismos.

También queda claro que la violencia contra las mujeres no tiene edad ni tiempo determinado, en realidad se lo ejerce de distintas maneras, a conveniencia de los agresores que muchas veces entienden estas agresiones como algo casi normal.

La violencia tiene un efecto profundo sobre la mujer. Empieza antes del nacimiento, en algunos países, con abortos selectivos según el sexo. O al nacer, cuando los padres desesperados por tener un hijo varón pueden matar a sus bebés del sexo femenino. Y sigue afectando a la mujer a lo largo de su vida. Todos los años, millones de niñas son sometidas a la mutilación de sus genitales. Las niñas tienen mayor probabilidad que sus hermanos de ser violadas o agredidas sexualmente por miembros de su familia, por personas en posiciones de poder o confianza, o por personas ajenas. En algunos países, cuando una mujer soltera o adolescente es violada, puede ser obligada a contraer matrimonio con su agresor, o ser encarcelada por haber cometido un acto “delictivo”. La mujer que queda embarazada antes del matrimonio puede ser golpeada, condenada al ostracismo[1] o asesinada por sus familiares, aunque el embarazo sea producto de una violación. (OMS/OPS, junio 1998).

Ahora bien, la violencia es la violencia, y se la puede bautizar con otros pseudónimos, pero no dejará de seguir siendo violencia, puede dividírsela por fases, al punto de colocarle nombres como violencia prenatal, infancia, niñez, adolescencia, vida adulta y vejez, pero el hecho es que esta sigue  vigente y en algunos lugares de este mundo se ha convertido en toda una práctica cultural adoptada y aceptada por todos los miembros de esa sociedad.

La trampa de la discriminación positiva

En los hechos lo que ha venido ejerciéndose, es una descabellada discriminación contra las mujeres y esta se ha escudado a través leyes, normas y sistemas de educación que lo único que han hecho es lograr fortalecer aún más la lógica dominante del macho cabrío que piensa que todo lo que está a su alrededor es de su propiedad, incluidas las personas, en este caso la mujer.

Los programas de discriminación positiva consisten básicamente en la puesta en marcha de medidas que, aunque formalmente discriminatorias, están destinadas a eliminar o a reducir desigualdades fácticas; se aplican, preferentemente, en el ámbito laboral, el sistema educativo y la política de vivienda. Un rasgo característico de estos programas sociales y reglamentaciones especiales es que se establecen en virtud de criterios étnicos o de género. Así, y de acuerdo con dichas pautas, en numerosas universidades estadounidenses y en diferentes departamentos de la administración pública o bien se reserva un número mínimo de plazas para determinadas minorías o bien se considera la preferencial racial como un posible factor de selección, entre otros: en primer lugar, y como ya se ha indicado, en favor de los afroamericanos descendientes de esclavos y, luego, también a otros grupos tan heterogéneos como mujeres, americanos nativos o aborígenes, latinos, asiáticos, etc. Algunas de estas políticas de admisión sensibles a la raza y a otros indicadores de grupo son vinculantes no sólo para las administraciones públicas sino también para las empresas privadas, de tal manera que si éstas no cumplen con los cupos asignados a los diferentes grupos minoritarios pierden el acceso a créditos y contratos públicos e incluso pueden llegar a ser sancionadas. Siguiendo este mismo modelo, diversos países del Viejo Continente, así como la propia Unión Europea, a través de la «Directiva sobre igualdad de trato» del 9 de febrero de 1976, han ido adoptando medidas promocionales sobre todo en favor de las mujeres para facilitar su acceso a determinados puestos de la administración pública. Con la misma finalidad, algunos partidos políticos de distintos países –empezando por los escandinavos– han establecido en los órganos de dirección cupos mínimos de representación reservados a las mujeres. (Daimon. Revista de Filosofía, nº 41, 2007. Discriminación positiva, diversidad cultural y justicia. Pág. 143).

Es imperioso comprender que desde los inicios, las sociedades se han conformado entorno a sistemas de dominación, sean estos económicos, políticos o de género, estos sistemas no han surgido por casualidad, a la par han logrado construir todo un escenario de luchas de poder. Eso es cierto, antes lo que se conoce como familia se manejaba desde un sistema netamente matriarcal donde los destinos los decidía la madre, al ser esta la que da vida a nuevos seres que reforzarían el grupo a posterior, pero con el paso del tiempo y casi como un golpe de macana se impuso la lógica patriarcal, totalmente diferente a la primera y donde la misma paso a ser un mero símbolo del pasado.

Sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica.

Paulo Freire

La base que fundamenta las teorías

Los grandes sistemas políticos, con sus leyes universales desde siempre han trazado los designios de este mundo y de los que habitan en él. Al principio fueron las grandes religiones bajo su manto de piedad, quienes dijeron si primero iba el hombre o la mujer y así se escribió gran parte de nuestra historia; luego aparecieron las nociones de modernidad y con ello surgió un Descartes quién dijo: “Pienso y luego existo”, borrando de un sablazo toda la noción de religiosidad y poniendo al hombre en primera línea, capaz ahora de considerarse este como un ser superior, posteriormente se vino toda una pléyade de pensadores que reforzaron aún más la noción de hombre, conciencia, materialidad, y por algún motivo casi nunca se mencionaba a la mujer, no se hablaba de su posición en este mundo, casi como si todo fuera un complot en contra de ella. Una estratagema para hacerla desaparecer, para volverla invisible, como cuando se quemaron a mujeres diciendo que eran brujas o como cuando se mira a la mujer solo como un objeto sexual. Siempre se habla de la familia como viva muestra de la sociedad y esa es la visión en tiempos de modernidad, una visión donde la mujer poco brilla o donde casi no está.

La más antigua de todas las sociedades, y la única natural, es la de la familia; sin embargo, los hijos no permanecen ligados al padre más que durante el tiempo que tienen necesidad de él para su conservación. Tan pronto como esta necesidad cesa, los lazos naturales quedan disueltos. Los hijos exentos de la obediencia que debían al padre y éste relevado de los cuidados que debía a aquéllos, uno y otro entran a gozar de igual independencia. Si continúan unidos, no es ya forzosa y naturalmente, sino voluntariamente; y la familia misma no subsiste más que por convención.

Más adelante leemos:

La familia es pues, si se quiere, el primer modelo de las sociedades políticas: el jefe es la imagen del padre, el pueblo la de los hijos, y todos, habiendo nacido iguales y libres, no enajenan su libertad sino en cambio de su utilidad. Toda la diferencia consiste en que, en la familia, el amor paternal recompensa al padre de los cuidados que prodiga a sus hijos, en tanto que, en el Estado, es el placer del mando el que suple o sustituye este amor que el jefe no siente por sus gobernados. (Rousseau, Juan Jacobo. El contrato social o Principios de derecho político. Pág. 5 – 6. 1999)

Esta quizás es la mejor evidencia de cómo se han marcado las condiciones para la situación de la mujer, prácticamente esta es la visión y convicción que se tiene en gran medida y hasta estos tiempos que se dicen modernos o posmodernos, pero que en realidad están cubiertos por una nube de hipocresía que solo minimiza algo que es evidente, y es que la mujer esta y ha estado en una situación de desventaja desde tiempos remotos.

Pero argumentemos esta posición: según lo manifestado líneas arriba, sería la familia la más antigua de las sociedades. Esta posición nos hace creer que la familia es aparentemente la piedra fundamental para la construcción de las sociedades que se sucedieron después. Esta afirmación tiene su asidero en toda la construcción de la historia donde fue justamente Europa el centro del mundo, pero eso de ninguna manera quiere decir que no haya habido otras historias y por ende otras formas de concebir las sociedades o las familias. Ese es justamente el error de los grandes pensadores que solo vieron el mundo desde su pensamiento situado. No es lo mismo pensar el mundo desde Europa que pensar el mundo desde este lado. Eso es indiscutible. Por otra parte, se toma a la familia como una existencia totalmente natural, cuando en realidad es una construcción de las sociedades como las conocemos hoy en día. Antes que la familia ya existía formas de organización que hacían a una concepción diferente de sociedad.

Por último, dentro la estructura de la familia, a la cabeza sospechosamente está el hombre, afianzado en la figura del padre como eje fundamental de toda esta organización. Se lo califica como “jefe”, una concepción hasta el día de hoy bastante enraizada en nuestro imaginario y que se ha tornado casi como normal. La figura del “jefe” viene de la organización tribal, donde el hombre era el guerrero y casi no tenía mucha ligazón con lo que hoy se conoce como familia. Aun así, la figura del jefe ha trastocado los tiempos y hasta hoy se ha convertido en el padre protector y bienhechor de la familia. En estas circunstancias la figura de la madre ni siquiera está en segundo plano y eso se ha ido reproduciendo hasta nuestros días. Y de paso toda la estructura piramidal de los estados con sus gobiernos está diseñada básicamente de la misma manera en todo el mundo.

La historia desde siempre ha sido escrita con la misma pluma y con el nacimiento y la constitución del “progreso” se ha venido deshaciendo los derechos de las personas incluidas nuevamente las mujeres. Por tanto, muy poco han cambiado las formas de opresión, es más, ahora están mejor camufladas. Así podemos leer:

Sólo en la medida en que descubran que “alojan” al opresor podrán contribuir a la construcción de su pedagogía liberadora. Mientras vivan la dualidad en la cual ser es parecer y parecer es parecerse con el opresor, es imposible hacerlo. La pedagogía del oprimido, que no puede ser elaborada por los opresores, es un instrumento para este descubrimiento crítico: el de los oprimidos por sí mismos y el de los opresores por los oprimidos, como manifestación de la deshumanización.
Sin embargo, hay algo que es necesario considerar en este descubrimiento, que está directamente ligado a la pedagogía liberadora. Es que, casi siempre, en un primer momento de este descubrimiento, los oprimidos, en vez de buscar la liberación en la lucha y a través de ella, tienden a ser opresores también o sub opresores. La estructura de su pensamiento se encuentra condicionada por la contradicción vivida en la situación concreta, existencial, en que se forman (Aprender a decir su palabra. El método de alfabetización del profesor Paulo Freire. Ensayo realizado por Ernani María Fiori. Pág. 23).

Es cierto, cambiar las estructuras establecidas es aún más fácil que cambiar las estructuras mentales, y es allí justamente donde más se ha trabajado para hacer de la mujer un utensilio más en este mundo con sus sociedades. Muchas veces ni siquiera la mujer se reconoce como ser oprimido porque la opresión esta maquillada de promesas, amores, compromisos y tratos en donde ella por lo general tiene las de perder.

Siguiendo esta vena, se debe continuar con la construcción de espacios donde la mujer logre generar conciencia de su realidad antes y ahora, en pos de recuperar los lugares que nunca se le debieron quitar. Pero esta liberación debe ser pacífica, imbuida de muchas ideas y propuestas para lograr la deconstrucción de muchas de nuestras sociedades, de lo contrario el circuito creado por el hombre no se estaría rompiendo, sino más bien, se lo estaría reforzando, al reproducir las mismas prácticas instauradas por el mismo[2].

La realidad nos está demostrando que las soluciones ya no vienen como antes desde los iluminados, sino más bien desde la sociedad organizada, que trabaja por un interés común y al que es capaz de defender con todas sus fuerzas. La cooperación es el pilar fundamental para el cambio que se busca.  No olvidemos que en la lógica del hombre dominante no se puede pedir ayuda a nadie, el todo lo sabe o todo lo tiene y puede solucionar. Desde esta perspectiva la situación del hombre como tal, tampoco se torna fácil. Por ende se debe romper esa lógica e instaurar otra donde la cooperación sea el cimiento a desarrollar paulatinamente.

El pensamiento Europeo no ha valorado –y por lo tanto respetado—lo que está más allá de su mundo.
No ha superado la categoría de totalidad.

Enrique Dussel

Conclusiones

No es fácil detenerse a pensar en las problemáticas que se dan a nuestro alrededor, en nuestra sociedad y es más difícil aún el tratar de comprender lo que sucede en otros lados del mundo. Y es aceptable que las personas estén más ocupadas en sus propios problemas, quizás con eso ya tienen. Pero lo cierto es que hay cosas y situaciones en las que todos los estantes y habitantes de este mundo deben de participar, porque hay males que nos dañan a todos y por ende son males que deben ser solucionados por todos.

Por otra parte, deconstruir la mentalidad y el imaginario de las personas es lo más difícil que cualquiera en su sano juicio se pudiera plantear. Y esto porque las mentalidades han sido tan limpiamente domadas que cuando uno trata de mostrar las distintas perspectivas que pudieran existir acerca de un tema, solo se topa con posiciones intransigentes.

Antes, se creía que no existía el maltrato hacia las mujeres, debido a que estas prácticas se las reconocía como normales. Donde la mujer era el centro y causante de todos los problemas y por ende ella era la culpable de sus desgracias.

Por último, se trata de formatear de cierta manera el chip de las personas, esa es ahora la tarea a lograr, para que no se sigan dando los abusos a las mujeres, a los niños, a los animales y a la naturaleza. Comprender que las “nuevas” visiones y lógicas de vida proponen la noción de sentido de comunidad, sentido de vida. Una convivencia apuntando a la plenitud (felicidad) y una constante conversación entre  iguales. Para que los pueblos no se sigan matando escudándose en la religión o en la raza, como si estos fueran argumentos lo suficientemente válidos como para quitar la vida a otro ser, que prácticamente es nuestro par.

Bibliografía de consulta

Goleman, Daniel. La inteligencia emocional. Ediciones B. Argentina. 2000.

Rousseau , Juan Jacobo. El contrato social o Principios de derecho político. 1999. En: http://www.enxarxa.com/biblioteca/ROUSSEAU%20El%20Contrato%20Social.pdf

Violencia contra la mujer. Un tema de salud prioritario. En: http://www.who.int/gender/violence/violencia_infopack1.pdf

(Daimon. Revista de Filosofía, nº 41, 2007. Discriminación positiva, diversidad cultural y justicia). En: http://digital.csic.es/bitstream/10261/4745/1/+Discriminaci%
C3%B3n%20positiva,%20diversidad%20cultural%20y%20justicia%20-%20Daimon%202007.pdf

Aprender a decir su palabra. El método de alfabetización del profesor Paulo Freire. Un ensayo de Ernani Maria Flori. En: http://www.ensayistas.org/critica/liberacion/varios/freire.pdf

Pedagogía de la liberación. En: http://msuarez.webs.uvigo.es/WEB_Deseno_Material_2a.pdf

Pedagogía de la autonomía. En: http://www.reduii.org/cii/sites/default/files/field/doc/P%20Freire-Pedagog%C3%ADa%20de%20la%20Autonom%C3%ADa.pdf

Notas

[1] Entendemos por ostracismo la no participación de la persona en la vida pública y en los distintos espacios que conforman esta (incluida la familia), ya sea por decisión propia o por una imposición externa. Teniendo en cuenta que esta hace de alguna manera una cierta referencia a lo que entendemos como muerte civil.

[2] Paulo Freire (1921-1997). La educación liberadora es un proceso de concienciación de la condición social del individuo, que la adquiere mediante el análisis crítico y reflexivo del mundo que la rodea.  En:http://msuarez.webs.uvigo.es/WEB_Deseno_Material_2a.pdf