La revista “Nuestra Bandera”. O de una orilla a otra… y de vuelta.

Las páginas de una publicación pueden ofrecer textos singulares, novedosos, iniciales, etc. de un autor, del momento histórico en el que se suceden, etc. Pero su historia interna, la más desconocida, que nos aporta información sobre la génesis de su creación, la historia de su título, las conexiones de las organizaciones a las que pertenecían, la importancia de uno de sus directores dentro de ella… Es decir, pueden regalarnos una información más rica, con aspectos biobibliográficos sobre sus autores, que nos ayuden a comprender la importancia de las relaciones sociales entre quienes firmaban los artículos y su contexto.

Uno de estos interesantes casos es el de la revista Nuestra Bandera, publicación nacida en Valencia en 1937, durante la Guerra Civil Española, con el subtítulo «Órgano del Comité Central del Partido Comunista de España (S.E. de la I.A.)», con el que indicaba su orientación política y la identidad capital de sus fundadores. Tenía como objetivo la intención de informar al pueblo obrero y a las masas antifascistas sobre los temas que más les preocupaban en aquel momento. Y, al mismo tiempo, deseaban convertirse en un órgano de información esencial para dicho público y mostrar su lado político, sin caer en la abstracción más teórica. Además, abogaban por la unidad de los diferentes flancos antifascistas, invitándoles a luchar de forma conjunta y a colaborar en sus páginas.

A lo largo de sus diferentes nunca se indicó quienes componían la dirección de la revista, las personalidades que formaban el equipo redactor, etc., a diferencia de otras publicaciones coetáneas. A pesar de ello siempre se repitieron nombres, especialmente algunos, muy ligados a las diferentes sedes que ostentó la publicación. Porque Valencia no fue siempre su sede. Esta ciudad cayó con el paso del tiempo ante los sublevados y, quienes pudieron, huyeron hacia Barcelona, Francia, México, Argentina, Rusia, etc. Con ella, durante un año estuvo pausada la impresión de la revista.

Nuestra Bandera reapareció en Barcelona en 1938, inaugurando la que sería su segunda época, ahora con un nuevo subtítulo: «Revista mensual de orientación política, económica y cultural» y experimentó un cambio de rumbo a manos de un valioso conjunto de militantes del Partido Comunista dirigidos por Dolores Ibárruri. De este modo, publicitando un futuro gran elenco ante la dirección de este nuevo proyecto, quizás serían capaces de vencer, puesto que sabían que la palabra escrita era un arma de gran valor:

«Ser políticamente ágiles, estar presentes en cada acontecimiento, reaccionar inmediatamente ante cada situación: he aquí las reglas y el lema para todos y cada uno de nuestros periódicos, especialmente ahora en que la Prensa como una consecuencia natural de la misma importancia de los acontecimientos, ha adquirido una influencia política y social como jamás la tuvo en nuestro país. Ni el cinema ni la radio, ni el libro ni el folleto, con ser valiosos medios de expresión, llegan a la altura del periódico, de esas hojas impresas que cada día se colocan ante el lector con su cargamento de noticias, con informaciones políticas, económicas y culturales, por medio de las cuales se influye, oriente y mueve a grandes masas, día tras día, tenazmente, en un sentido determinado. Utilizar ampliamente esta arma gigantesca para hacer llegar a las entrañas del pueblo la justa política del Partido para aumentar el entusiasmo y la energía creadora de todos los antifascistas, para vences las mayores dificultades y colocarnos en condiciones de aplastar al fascismo, debe ser la mayor preocupación de cada uno de nuestros periodistas».(Esteban Vega, «La prensa del Partido», Nuestra Bandera, nº 3-4, 1938, p. 1)

Nominalmente no era mencionado este equipo redactor en ninguno de sus números, pero por la continuidad y multiplicidad de sus firmas suponemos que eran sus principales colaboradores, entre los que sobresalieron José Díaz, Pedro Checa, Vicente Uribe, Antonio Mijé, etc.

Como novedad, entre los temas propios que el contexto les invitaba a publicar, relacionados con la reflexión, el deseo de luchar con todos los bandos antifascistas de forma conjunta, realizar balances sobre los avances de la guerra, etc., se comenzaron a incluir en sus páginas las firmas de varios escritores. Esta circunstancia ya se había hecho patente en una publicación homónima que desde Alicante, entre 1937 y 1939, luchó junto a ellos por la misma causa. En ella participó una de las figuras afines al comunismo más conocidas del mundo literario, el poeta Miguel Hernández, quien llevó a cabo durante la guerra una considerable labor periodística. En el caso de la edición barcelonesa, surgieron en sus páginas textos firmados por el poeta malagueño Manuel Altolaguirre, reproducciones de escritos de Antonio Machado, homenajes a Federico García Lorca, etc.

Al finalizar la guerra la publicación se retomó desde México con el mismo subtítulo que adquirió en 1938. Su primer número salió a la venta en junio de 1940 y el último en diciembre de 1944. La dirección, tras la marcha de Dolores Ibárruri a Rusia, pasó a manos de otros camaradas del partido. Su director fue Antonio Mijé y su gerente Ángel Sánchez, quienes permanecieron al frente durante todo este nuevo ciclo.

Sus objetivos, aunque con un trasfondo similar, adquirieron un nuevo viraje, el que primó en la mayoría de sus colaboraciones: ofrecer su experiencia para la lucha contra la nueva situación española, puesto que se trataba de una publicación formada por una serie de personas que habían combatido con hechos y palabras durante la guerra. Como novedad, mostraban una de las constantes propias del destierro español, la posibilidad de servir al país y a su causa desde la distancia.

El fin de la revista llegó en 1944, al mismo tiempo que a otras tantas publicaciones coetáneas. Fue propiciado probablemente por la liberación de París y el traslado de numerosos desterrados a Francia, quienes creyeron que tras la caída de Italia y Alemania, la desaparición del Régimen Franquista era inminente. Muchos dejaron todo lo que habían conseguido en estos años para aproximarse a tierras francesas, donde aguardarían mucho más de lo esperado.

Esta circunstancia hizo que algunas de las figuras relacionadas con la revista se trasladaran hacia el país galo, cesara en México e iniciara una nueva andadura desde Europa. De este modo, sus principales temas y colaboradores fueron los mismos que en años atrás. La guerra y los deseos de retorno, de cambio en España continuaron siendo el tema esencial de sus páginas, aunque el tono y el trato en los textos variaron. La reflexión pasó a tomar mayor protagonismo, teñida de experiencia, mientras no se dejaba de abogar por la continuidad de la lucha y la unión.

En este nuevo ciclo, dividido entre Toulouse y París, tuvo diferentes sedes en las dos ciudades francesas. A pesar de ello, conservó idéntico subtítulo, formato, estructura, frecuencia, colaboradores, etc., a los que había mostrado desde 1938. Apenas notamos un leve cambio, en el formato de la portada, a partir del cuarto número de 1946, momento en el que desaparecen las fotografías que antes habían ilustrado la revista, así como la bandera ondeante con el símbolo del comunismo que había permanecido desde su inicio.

Este nuevo ciclo duró cinco años, pereciendo probablemente con el número de Mayo de 1950. Su desaparición iría de la mano del crecimiento y supervivencia de las impresoras clandestinas de la revista en España y de publicaciones homónimas que se produjeron a partir de 1943 aproximadamente en Madrid, Valencia y Alicante. En ocasiones se conservó el formato y subtítulo de la edición iniciada en 1938 y en otros, como en la edición madrileña publicada entre 1944 y 1945, ostentó diferente subtitulo y formato. A partir de 1952 surgió con el subtítulo « Revista de educación ideológica del Partido Comunista de España » y perfeccionando el formato anterior, que perduró hasta la caída del Régimen Franquista. En las últimas décadas del siglo XX logró unificarse en una sola publicación, que en la actualidad sobrevive, bajo el título Utopías/Nuestra Bandera.

A modo de conclusión, indicaremos que la longevidad de esta publicación nos lleva a ver la importancia que la prensa tomó en este momento histórico, especialmente con un conflicto que, tras la derrota, se convirtió en un exilio que empujó a muchos a seguir luchando. Sabían que se trataba de un efectivo medio de propaganda desde el que difundir las ideas de partido, en el que había que creer y en el que debían trabajar para que creciera. Fueron siempre fieles a sus deseos de mejorar las diferentes publicaciones del PCE porque pensaban que se trataba de un esencial medio de comunicación; creyeron siempre que debían continuar con su lucha y seguir difundiendo sus ideas; y sobre todo nunca dejaron de invitar a todos los partidos antifranquistas a conseguir la unidad para lograr la caída del Régimen.

Iniciaron en 1937 una larga andadura que continuaron durante décadas, bien en el destierro, bien desde la clandestinidad. Avivaron sus ansias de retorno a través de una publicación que no mostró en ningún momento un ápice de flaqueza, algún signo de abandono o ganas de doblegarse ante las circunstancias.

Pero, lo que aquí queremos poner de relieve es la controvertida vida que experimentó, junto a su intensa y prolongada vida. Es importante valorar su continuidad, junto a otras tantas revistas longevas que existen; es esencial saber que como otras durante décadas experimentaron la penuria de la guerra, el destierro y la clandestinidad; es interesante observar cómo cambió de formato y de consejo adaptándose a circunstancias como la escasez económica o la dispersión de sus antiguos componentes, etc. Pero, además, es crucial pensar en esas figuras anónimas que estaban tras la dirección de la revista, ante el perpetuo intento de sobrevivir, de lucha y cambio. Es decisivo ver más allá de las páginas de una publicación cuando la estudiamos y ver como en este caso, la importancia de personalidades que apenas podemos distinguir  siempre tras las firmas de colaboraciones, sin procurarse un destacado lugar como directores o redactores generales de la revista. En este caso concreto nos lleva a valorar cómo la vida de estos militantes que permanecieron en la sombra, que luchaban en el frente moviéndose de un lugar a otro, se trasladaron con su órgano de difusión y sus esperanzas. Estuvieron en Valencia, Barcelona, México, Francia y en la clandestinidad española demostrando que la lucha iba más allá desde la guerra, que tras ella aún quedaba mucho por hacer. Desearon unir a los españoles por una causa que muchos daban por perdida y, por ella, fueron capaces de subsistir durante décadas entre el destierro y la clandestinidad que el Franquismo imponía y, tras la caída del Régimen, se recompuso tras renovarse, conservando su histórico y valioso nombre.