La precarización del Trabajo y su impacto en las personas

En el actual escenario neoliberal y globalizado hemos asistido a situaciones cíclicas de crisis y desempleo, y al fenómeno de precarización laboral, el que implica una condición de inestabilidad dada por la carencia de un trabajo por tiempo indefinido, ingresos insuficientes que impiden satisfacer la totalidad de las necesidades humanas, inseguridad laboral por ausencia de cobertura de la seguridad social y falta de  libertad de organización para la defensa de los derechos laborales.

Actualmente Latinoamérica posee una baja cobertura de seguridad social. Según informa el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el 43.2% de los trabajadores asalariados entre 15 y 65 años de edad no están cubiertos por sistemas de pensiones. En el caso de trabajadores con menos de 9 años de educación y de trabajadores jóvenes y mayores, esta cobertura es aún más baja, disminuyendo aún más en el caso de trabajadores independientes o auto-empleados. (BID, 2016) Para el caso de Chile, sólo el 57,2% de trabajadores asalariados tiene un empleo protegido, entendiéndose por tal, la existencia de un contrato de trabajo indefinido, el pago de un sueldo y cotizaciones para pensión, salud y seguro de desempleo. (Fundación SOL, 2016)

Quienes tienen una mayor probabilidad de caer en la precarización laboral son las mujeres, las minorías y los inmigrantes. A nivel global, las personas que  realizan estos trabajos están expuestos a condiciones laborales más peligrosas, y están lejos de tener derecho a integrar un sindicato, y en el caso de tener esta posibilidad, son más temerosos de hacerlo si están más conscientes de que su trabajo es reemplazable.

La precarización laboral es un proceso que ha ido transformando  las condiciones  de protección, ha ido deshumanizando los vínculos detrás del uso de la tecnología y deshaciendo las relaciones entre quienes integran la comunidad de trabajo. Y hoy en día, cada vez hay más casos de trabajo permanente que está siendo desplazado hacia el empleo precario a través de la subcontratación, tercerización de servicios y  categorizaciones como “trabajadores a corto plazo” e “independientes”.

Pero ¿nos hemos detenido a pensar en el impacto que la precarización laboral tiene sobre las personas? Todas estas transformaciones en el sistema laboral han tenido serias consecuencias en la sociedad y en las vidas de las personas y sus familias. Las jornadas extenuantes, la necesidad de cumplir con más de un trabajo y efectuar parte de éste en el hogar, han resultado en el  debilitamiento de los lazos y vínculos sociales y familiares. En aquellas familias donde el trabajo había sido realizado principalmente por el padre, ha emergido el trabajo de la mujer para aumentar los ingresos insuficientes del cónyuge, trabajo por el que obtendrá bajos ingresos también, si no cuenta con una sólida educación o capacitación. Sin embargo, personas con niveles de educación más altos no están exentas de llegar a tener un trabajo inestable.

Uno de los ejemplos históricos de injusticia social, el trabajo infantil, surge en los  contextos de mayor deprivación, los que el actual esquema económico y laboral ha acentuado. El trabajo infantil sigue siendo una de las estrategias de supervivencia de  las familias y personas de más bajos recursos, permitiendo que aún hasta el día de hoy, niños, niñas y adolescentes pongan en riesgo su seguridad y salud, quedando expuestos a todo tipo de desprotección y abusos.

Por otra parte, la pérdida del trabajo o la reducción de las condiciones laborales afecta tanto a hombres como a mujeres, y sobre la familia cae la incertidumbre y la ansiedad debido a la imposibilidad de realizar sus proyectos personales, lo que finalmente llevará a la frustración y desesperanza. La desmoralización y la rabia están presentes cuando no se cuenta con el trabajo como medio de sustento básico, momento en el que comienzan a desarrollarse las condiciones que llevarán a poner en juego la salud emocional y física. Y aún más: la precariedad de las condiciones de protección y el desentendimiento de las responsabilidades de la empresa tienen una gran incidencia  en el aumento de los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales, problemas que  continúan siendo foco de la legislación laboral que ve burladas las normas de seguridad, sin otra explicación que la avaricia y el egoísmo humano.

La precarización del trabajo ha ido produciendo transformaciones en las relaciones sociales y laborales: la tendencia a despedazar una actividad de trabajo en muchas secciones para pagar sólo por la que resulte en producto, obedece a una intención de explotación, la que quedará disimulada bajo el nombre de algún tecnicismo. De esta forma, quedan fuera del conteo de horas trabajadas aquellas horas empleadas en crear, planificar, investigar, preparar, consensuar; y el trabajador, la trabajadora, terminarán siendo disminuidos en su calidad de seres humanos capaces de reflexión y creatividad. Junto a esto, la tercerización de trabajos y servicios ha tenido un efecto significativo en la interacción de trabajadores: la fragmentación de la actividad laboral y el debilitamiento o ausencia de relaciones entre quienes ejercen en el mismo rubro han ido disminuyendo la fuerza y poder de acción de los grupos y asociaciones de trabajo. Se ha ido desvaneciendo la presencia del trabajo colectivo, el que era fundamental por su poder de socialización y transmisión de conocimientos y experiencias, perdiéndose además una valiosa línea de conexión con las memorias sobre un oficio y con el sentido de identidad y de pertenencia social. Y aquellos trabajos que tradicionalmente se efectuaban en forma colectiva y en contextos de grupo, como la docencia, las profesiones técnicas y de servicios, están siendo realizados en forma aislada (o con escasas interacciones entre trabajadores) en una importante proporción de su desempeño. Estos  cambios en las interacciones están llevando a transformar poco a poco estos trabajos en una experiencia individual, lo que resulta perjudicial al impedir el encuentro entre pares y con ello la posibilidad de surgimiento de movimientos sociales, encargados de velar por la observancia de los derechos y del progreso de la sociedad.

Al mismo tiempo, la precarización laboral tiene repercusiones más íntimas, las que están a nivel de las emociones y la construcción de la imagen y autoestima de las personas: El trabajo permite el reconocimiento de la capacidad e inteligencia del ser humano en una dimensión pública y social, desde donde obtiene una valoración de su madurez y autonomía y de donde surgen importantes retos y desafíos para su creatividad. Es por esto que la actividad laboral adecuada es un importante factor que beneficia la salud mental e imagen de sí mismo. En contraste, el trabajo que es desvalorizado en términos de su retribución económica y dignidad de su ejercicio empieza a abrir paso a la inseguridad, al desgaste físico y mental, y  a la percepción de los trabajadores de ser vistos sólo como instrumentos para incrementar la productividad y riqueza de otros. El miedo a no cumplir con el rendimiento exigido  y a perder el trabajo, lleva a aceptar condiciones contractuales deficientes y de seguridad laboral precaria hasta el punto de poner en riesgo la vida. Finalmente, la suma de todos estos riesgos laborales, frustraciones y la permanente incertidumbre instalan una amenaza para la estabilidad de la vida emocional, especialmente cuando este miedo es infundido por empleadores y superiores para imponer sus propias condiciones y perseverar en la explotación de seres humanos.

La sombra de la precarización laboral es especialmente negativa en Latinoamérica, donde  existen altos niveles de pobreza e inequidad estructural, amparadas en la indiferencia social y la naturalización del problema. Es necesario que se tome conciencia de que estamos frente a una crisis del trabajo que está destruyendo la vida y dignidad de miles de trabajadores y sus familias y que para afrontarla será fundamental tener un comprensión que reúna todas las aproximaciones del saber y del hacer, con el fin de transformar el estado actual del  trabajo y conducirlo a la equidad y justicia social.

Referencias.

Banco Interamericano del Desarrollo-BID (2016)  Disponible en: http://www.iadb.org/es/temas/trabajo-y-pensiones/indicadores-de-trabajo,2955.html Consultado: abril 2016.

Fundación Sol (2016). Informe Mensual de Calidad del Empleo (IMCE) Marzo 2016. Disponible en: http://www.fundacionsol.cl/estudios/nuevo-informe-mensual-de-calidad-del-empleo-imce-diciembre-febrero-2016/ Consultado: abril 2016.