La osadía de un viejo sabio

Autor: Laura Seré.

Licenciada en Ciencia Política. Universidad de la República. Uruguay.

El 25 de septiembre de este año, ante la Asamblea General de la ONU, reunión de las máximas cabezas políticas de este planeta (las máximas, no las mejores….), se paró un hombre viejo, feo, vestido de un modo poco adecuado para la ocasión, y presidente de “un país esquina con vista al mar”, como dijera uno de nuestros más queridos y renombrados escritores[1].

La República Oriental del Uruguay, un país sin nombre, sólo nos identificamos por nuestra ubicación geográfica, al este del Río Uruguay, tiene una de las democracias más estables de América Latina.

Un país pacífico, pero con historias de sangre, revoluciones violentas a fines del siglo diecinueve y principios del veinte, cuando el partido Blanco pretendía interrumpir la hegemonía política de su rival, el partido Colorado, luego, más avanzado el siglo veinte, entre los años 60 y 70, el movimiento guerrillero Tupamaros intenta una revolución popular contra el gobierno de estos mismos partidos, que se alternaban en el poder, siendo derrotado militarmente por el ejército nacional en 1972.

Pese a esta victoria militar contra la guerrilla, en 1973, un presidente del partido Colorado, democráticamente electo en 1971, propicia un golpe de Estado apoyado por las fuerzas armadas, y el terrorismo de Estado asola el país hasta 1985.

Ese año, el pueblo uruguayo vuelve a ejercer una de sus mejores tradiciones, el voto, y retomada la democracia quedan libres los últimos presos políticos de la dictadura.

Uno de esos presos liberados era José “Pepe” Mujica, el guerrillero que hoy es presidente de mi país, electo en comicios libres y democráticos, el hombre viejo, feo y sabio, que se plantó frente a la ONU, y tomó 45 minutos de su tiempo para dictar cátedra de humanidad y de paso sermonear, amparado por sus años y su historia personal, a los más grandes poderes y poderosos del planeta.

Allí defendió a su patria latinoamericana, recordando a Estados Unidos,  al propio Presidente Obama y a sus aliados las agresiones sufridas por el continente desde el descubrimiento “[…] con las culturas originarias aplastadas, los restos del colonialismo en Malvinas, con los bloqueos inútiles y tristes a Cuba, con la vigilancia electrónica hija de las desconfianzas que nos envenenan, a países como Brasil.” [2]

Arremetió contra el poder económico, la sociedad de consumo, la ciencia que no está hermanada con la ética y el uso banal de las nuevas tecnologías que deshumaniza y aísla a las personas. “[…] Aturdidos, huimos de nuestra Biología que defiende la vida por la vida misma como causa superior y la suplantamos por el consumismo funcional a la acumulación.”

También se permitió recordarle a la ONU misma, su inoperancia de los últimos tiempos y su sumisión a las presiones y desacatos de las grandes potencias: “La ONU languidece y se burocratiza por falta de poder y de autonomía, de reconocimiento sobre todo de democracia hacia el Mundo débil que es la mayoría.[…]”

Este hombre habla desde la legitimidad que le confiere su historia personal y la historia del país que preside, donde conviven política y armoniosamente, en diferentes ámbitos de gobierno,  el guerrillero devenido en presidente, junto con varios de sus compañeros de armas de aquellos tiempos con los hijos de figuras muy notorias de la dictadura militar y de otros notables dirigentes de los partidos tradicionales, así como nuevas figuras políticas que abarcan todo el espectro político de derecha a izquierda.

Es poco probable que sus palabras cambien algo en el mundo, pero es importante que hallan sido dichas. Es muy poco probable que los destinatarios directos de este discurso cambien sus actitudes por el sermón de un viejo sabio, pero es importante que muchos en el mundo lo hayan escuchado o leído, y que algunas cabezas puedan parar a pensar sobre lo que los seres humanos nos hacemos a nosotros mismos y a nuestros congéneres más débiles.

Así, tal vez, escuchando y comprendiendo a los muchos viejos sabios de la tribu humana en un futuro que todavía es lejano logremos tener a “[…] la inteligencia y no el interés al Timón de la Nave.”

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[1] Mario Benedetti, conocido poeta, novelista y ensayista uruguayo, fallecido en el año 2009.

[2] Todos los entrecomillados en cursiva pertenecen al discurso mencionado.