La música de resistencia en la dictadura chilena Las diversas artes en general y la música en particular sirvieron en Chile de hilo conductor para la resistencia de aquellos que estaban en desacuerdo con el nuevo régimen militar.

downloadpdfChile sufrió una dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet entre el once de septiembre del año 1973 y el once de marzo de 1990, cuando  los militares derrocaron al Presidente Salvador Allende e instauraron un régimen militar de extrema derecha.  Este periodo de la historia chilena se caracterizó por una violenta represión política con casi treinta mil personas encarceladas y más de tres mil doscientas ejecuciones, aunque hay autores que sostienen que las víctimas mortales de este conflicto fueron muchas más.

Las diversas artes en general y la música en particular sirvieron en Chile de hilo conductor para la resistencia de aquellos que estaban en desacuerdo con el nuevo régimen militar. Por una parte, nos encontramos con disidentes políticos que tuvieron que emigrar del país y que produjeron letras de canciones en contra de Pinochet y su régimen. Por otra parte, dentro de Chile comenzó a circular música clandestina de resistencia.

En el momento del inicio de la dictadura militar, la música chilena, representada por la Nueva Canción Chilena, estaba viviendo desde hacía años un momento de máximo esplendor. Pero los artistas que estaban dentro de este movimiento fueron perseguidos, encarcelados, asesinados o exiliados por el régimen, ya que todos tenían fuertes vínculos con Unidad Popular (UP), una coalición de partidos de izquierdas que habían llevado al poder a Salvador Allende.

La Nueva Canción chilena puede ser definida como un movimiento musical y político producido durante toda la década de los años sesenta e inicios de los setenta del siglo pasado por artistas vinculados a la izquierda chilena. Fue un movimiento muy vinculado desde el principio de su formación a la política de su país, que va desde el gobierno del democratacristiano Eduardo Frei Montalvo en 1964, hasta el acceso al poder de Unidad Popular y de Salvador Allende.

Estos músicos buscaron recuperar la música folclórica tradicional chilena y fusionarla con los ritmos latinoamericanos, además de producir música de contenido social, que se le conoce como canción protesta. Se considera a Violeta Parra la precursora de todo este movimiento político-musical, aunque falleció en 1967, antes de que la Nueva Canción chilena tuviera una gran repercusión. En conmemoración de su día de nacimiento, el cuatro de octubre fue elegido el «Día de la música y de los músicos chilenos».

La Fundación Violeta Parra  fue fundada en julio del año 1991 por su hija Isabel Parra con el objetivo de reunir, organizar y preservar su obra; proyectarla en Chile y en el exterior para que puedan acceder a ella estudiantes, artistas y público en general.

Varios de estos artistas fueron rápidamente torturados por la dictadura. Víctor Jara, cantor y poeta, fue encontrado con alrededor de cuarenta y cuatro heridas de balas y sin sus manos. Ángel Parra, hijo de Violeta Jarra y fundador de la mítica Peña de los Parra, fue detenido y torturado hasta que finalmente pudo exiliarse en México hacia 1974.

El grupo musical Inti-Illimani (nombre compuesto del término quechua inti, ‘Sol’, y la palabra aimara Illimani, ‘águila dorada’, nombre de la montaña cercana a La Paz) fue un conjunto musical chileno formado en 1967. Son una de las principales representaciones a nivel internacional de la Nueva Canción Chilena. En el momento del Golpe de Estado, este grupo estaba realizando una gira por Europa. Al no poder regresar a su país, los miembros del grupo fijaron su residencia fija en Italia hasta 1988, desde donde apoyaron las campañas de solidaridad internacional por la recuperación de la democracia en Chile. “Canción para matar una culebra” y “Palimpsesto” son algunos de sus títulos más conocidos.

Caso parecido fue el de la banda de música folklore, Quilapayún, (tres barbas en lengua mapuche) otro de los máximos exponentes de la Nueva Canción chilena. Durante el gobierno de Salvador Allende son nombrados embajadores culturales, realizando giras por Europa y obteniendo un gran éxito en Argentina y Uruguay. En esa época alternan canciones y obras de apoyo decidido a la causa de la Unidad Popular y de ataque a los sectores conservadores. Cuando se produce el Golpe de Estado, también estaban de gira por Europa, concretamente en Francia, donde se instalan al no poder volver a su país. Comenzaron a realizar una serie de presentaciones personales, en radio y televisión durante ese año en diversos países como Argelia, Francia, Países Bajos, Alemania y Suecia.

Otros músicos de la Nueva Canción chilena como Isabel Parra, Patricio Manns (exiliado en Cuba, retorna en 1990);  Payo Grondona, Charo Cofré o Osvaldo “Gitano” Rodríguez tuvieron que continuar sus carreras musicales fuera de Chile. El estudio del sello discográfico Dicap (Discoteca del Cantar Popular), que funcionó entre 1967 y 1973 y reinició su labor en 2006, fue arrasado la misma semana del comienzo de la dictadura. Este sello discográfico fue fundado por las Juventudes Comunistas de Chile.

Además, miembros del gobierno se reunieron con las principales discográficas del país y se les exigió que dejaran de grabar música que “atentaba contra la nueva institucionalidad”, y que dejaran específicamente de difundir folclore norteño.

De todo el conjunto de producción musical que realizaron los diversos artistas que conformaban la Nueva Canción chilena, dos fueron las canciones más representativas que han llegado hasta nuestros días como reflejo de aquel periodo histórico y de la canción protesta en todo el mundo: “el pueblo unido jamás será vencido” y “venceremos”.

Una vez que la represión hacia los artistas chilenos de izquierda fue efectiva y tuvieron que emigrar lejos de su país se produce en Chile el llamado «apagón cultural», ya que muchas de las manifestaciones culturales fueron prohibidas.

Entonces comenzaron a proliferar las peñas folklóricas, que sirvieron de punto de encuentro y de unión entre los diferentes grupos de disidentes, que tenían desde la clandestinidad que dar un paso al frente a la hora de sustituir en la lucha política a los miembros de la Nueva Canción chilena, asesinados o en el exilio.  Estas peñas servirán sobre todo de refugio ante la desorientación política y la represión militar. Su importancia radica en que el régimen de Pinochet desmanteló fulminantemente cualquier tipo de organización política, social o cultural; la mayoría de los espacios sociales fueron abordados para evitar cualquier pensamiento disidente al régimen militar. De ahí que estas peñas fueran fundamentales a la hora de organizar y planificar una resistencia política efectiva a las políticas fascistas y neoliberales del gobierno de Pinochet.

Tanto para la circulación como para la producción de música de resistencia fue fundamental el casete. Este medio de difusión musical era tremendamente bueno para evitar que fuera interceptado por las fuerzas del gobierno. Proliferaron en este medio copias caseras tanto de las nuevas canciones chilenas como de música producida ya en la dictadura, música política anti régimen y que estaban producidas específicamente para la clandestinidad.  Era una herramienta más de lucha contra la dictadura.

Entre todas estas canciones destacan Vamos Chile (1986), producido por dos células culturales del Partido Comunista y del Partido Socialista, bajo el liderazgo de Gabriela Pizarro; El camotazo n° 1 (1988), editado por sectores comunistas con la participación de renombrados agentes del Canto Nuevo; FPMR canto popular; casete proselitista del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, cuyo himno fue compuesto por Patricio Manns; Miranda al frente (1987), de Ana María Miranda, también dedicado al FPMR; MDP Movimiento Democrático Popular (1985), donde están presentes también varios cantores cuya participación en los circuitos solidarios es reconocida. Todas las letras que están incluidas en estos casetes tienen en común una intención claramente panfletaria donde se llama al pueblo a la organización y a la lucha armada.

Aparte de la música grabada de manera casera y difundida clandestinamente en casetes, también se grababan en este soporte programas de radio, principalmente de Radio Liberación y Radio Chilena. En las dependencias de estas emisoras de radio eran utilizadas para que se reprodujeran allí cientos de copias de casetes de la Nueva Canción chilena, que luego eran difundidas  entre los sectores izquierdistas de la sociedad chilena.

Algunos de los ejemplos de música clandestina chilena son los siguientes:

El Pinocho tiene miedo
Y nos pega la allaná
Hagámosle la collera
Con el paro nacional
No, no, no, no queremos represión
Sí, sí, sí, viva la liberación.

Una estrofa y estribillo de “La cumbia de la Unidad” en Vamos Chile.

 

Y va a caer, y va a caer, y va a caer
Si el pueblo se une, seguro que caerá.
Chile no se rinde ¡caramba!
La consigna popular.

Estribillo de “Y va a caer” en El camotazo n° 1.

 

Al Frente Patriótico Manuel Rodríguez ven,
a conquistar con él
la vida, el pan, la paz.
Con el Frente Patriótico descubre la unidad
que al que divide hoy, la historia enterrará,
a las milicias rodriguistas únete
porque esta vez la patria va a vencer.

Estribillo de “Himno del Frente” en FPMR canto popular y Miranda al frente.

La música política chilena, tanto la música previa al inicio de la dictadura como la música distribuida clandestinamente una vez iniciada la dictadura, fue un ejemplo en todo el mundo de lucha y resistencia pacífica contra el fascismo neoliberal, y a su vez fue esta música la que produjo un efecto de unión en la lucha entre los que vivían fuera de Chile porque tuvieron que exiliarse y los que luchaban dentro del país por derribar la dictadura; y también la música de grupos exiliados produjo que multitud de personas no chilenas se concienciaran del horror que estaba produciendo en esos momentos el gobierno de Pinochet y que por tanto apoyaran la resistencia chilena.

 

Referencias:

JORDÁN, L. (2009). Música y clandestinidad en dictadura: la represión, la circulación de músicas de resistencia y el casete clandestino. Revista Musical Chilena, Año LXIII, Julio-Diciembre, 2009, N° 212, pp. 77-102.

MOLINA, S. (2010). Las peñas folklóricas en Chile (1973 -1986). El refugio cultural y político para la disidencia.  Aletheia, vol. 1, número 2, mayo 2011. ISSN 1853-3701 La Plata, Argentina.

SAGREDO ASTUDILLO, J.F. (2013). Identidad y proscripción: Espacios musicales como formas de resistencia cultural al interior de la Universidad de Concepción, 1973-1983. Tesis (Magíster en Historia de Occidente) — Universidad del Bío-Bío. Chillán.

 

También es interesante el documental de Tomás Achurra “Toque de queda”, que expone el movimiento musical chileno durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

 

Para citar este artículo: Córdoba, J. (2017). La música e resistencia en la dictadura chilena. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales VIII, pp. 14 – 18. Recuperado en http://iberoamericasocial.com/la-musica-resistencia-la-dictadura-chilena/