La metodología “del garrote” que se aplica en México

En México, las protestas y movimientos sociales tienden a reivindicar a la sociedad ante el Estado y el gobierno de turno cuando éste último realiza acciones que van en contra de sectores populares, minorías vulnerables y personas que ven afectadas su cultura, su patrimonio, su Lebenswelt.

Sin embargo, por más diverso que sean los temas que reivindican dichos movimientos sociales, lo cierto es que comparten algo en común: la forma en que el gobierno termina con ellos. Esto es la represión. Y es que, la historia de los movimientos en México sólo demuestra que los gobiernos han siempre tomado el camino más fácil, rápido y contundente desde su punto de vista, aunque desde el otro punto de vista se convierta en el camino más despótico, infrahumano y que deja rencor en la sociedad.

Lo que está sucediendo en el estado de Oaxaca en estos días, no es más que una muestra más desarrollada de dicha prepotencia a través de un mecanismo que ejerce e impone el poder de unos cuantos sobre aquellos que están inconformes. Y es más desarrollada porque ahora tienen el descaro de “negar” lo que las redes sociales y los medios de comunicación independientes afirman: uso de violencia y armas contra la sociedad civil que apoya a la otra parte. Las instituciones están solapando la violación de los Derechos Humanos. Parecería justificada si los que promueven la violencia del Estado hubieran entablado relaciones de diálogo, sin embargo, es todo lo contrario: los que se cierran son ellos y están atentando contra quienes piden una mesa para resolver desde arriba y abajo, uno de los grandes problemas nacionales.

En 1968, quitaron cámaras y rollos a los periodistas para evitar las notas en contra del régimen; hoy no pudieron hacer nada debido a que los medios electrónicos se volvieron en extensiones de la sociedad civil amplificando su voz, sus ojos, su sentir de lucha. En 1971 desaparecieron estudiantes (igual que en 1968 y más recientemente en 2014), hoy son maestros, niños, padres de familia y todo aquel que no acepte lo que desde arriba se ordena. En 1968, desaparecieron cuerpos en la noche, hoy prefieren cortar la luz y la señal en la capital oaxaqueña para hacer a sus anchas lo que desde siempre han hecho. “Mátenlos en caliente” decía Porfirio Díaz (de origen oaxaqueño), presidente por 30 años de México, a finales de su dictadura.

En todas estas formas de represión, el olvido del otro se ha convertido en un presupuesto básico “ojos que no ven, corazón que no siente” afirma el dicho popular. Algo de cierto debe tener. Hoy, se debe establecer las bases de una reforma incluyente y de desarrollo social nacional, y no una que segregue, maquille la realidad y culpe sin discreción a un sector de la población. “Quien esté libre de culpa, que arroje la primera piedra”.

¡Lo que se necesita es diálogo ya! No se puede seguir derramando sangre (de policías, maestros, padres, trabajadores, niños) ya que es racionalmente ilógico, socialmente inhumano y políticamente detestable. #DiálogoYa