La matanza de pingüinos

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El Estrecho de Magallanes es uno de esos lugares que, desde su descubrimiento por Fernando Magallanes en la primera mitad del siglo XVI, ha atraído a múltiples navegantes. Tras la expedición inaugural de Magallanes, fueron muchos los navegantes/exploradores que se lanzaron a conocer esas tierras a las que muchos le habían atribuido mitos como la existencia de gigantes (si bien es cierto, que estos gigantes fueron localizados a lo largo de toda la Patagonia, el punto clave fue siempre varios lugares del Estrecho tales como Bahía Posesión, Bahía de Gente Grande, etc.). También el Estrecho fue el protagonista de historias de colonias que tuvieron un fin bastante triste como las dos colonias fundadas por Pedro Sarmiento de Gamboa: Ciudad Rey Felipe y Nombre de Jesús. Su empresa colonial, que tenía el fin de asegurar el Estrecho de Magallanes (Que él bautizó, por cierto, como Estrecho Madre de Dios) para los españoles e impedir su acceso a enemigos tales como Francis Drake – quien en 1577 había alcanzado el Estrecho en su primera circunnavegación del mundo-. Ambas colonias, fundadas con un gran deseo de prosperar por parte de Gamboa, apenas duraron unos meses. Ciudad Rey Felipe sería visitada por Thomas de Cavendish, también corsario inglés, y lo que vio fue tan tétrico -cadáveres por todos lados- que decidió bautizarla Port Famine, es decir, Puerto del Hambre.

El Estrecho nos deja historia de navegantes como Loaysa, Andrés de Urdaneta, Pedro Sarmiento de Gamboa, Francis Drake, Nunho Da Silva, Thomas de Cavendish, Oliver Van Noort y Sebald de Weert. Historias fascinantes llenas de aspiraciones, ambiciones, aventuras, desventuras, etc. Y la página que ilustra o que da pie esta entrada -la inaugural- es parte de una de esas historias: la de Sebald de Weert. Los motivos por los que he elegido “contar” o seleccionar esta historia es bastante obvia si nos figamos en la imagen, una matanza de pingüinos. Lo que me hace pensar que siempre creemos que los hombre crean nuevas atrocidades, nos escandalizamos hoy día de la matanza de seres como los pingüinos o focas y no sabemos que el hombre lleva realizando atrocidades desde que dejó de ser mono, e incluso desde antes.

Sebald Weert (1567-1603) fue un capitán y vicealmirante de la Compañía de las Indias Orientales holandés, lo que viene siendo conocido como VOC. Suele ser famoso por ser el primero en avistar las Islas Malvinas en 1598, esas islas que tantos quebraderos de cabeza darían a los españoles, franceses e ingleses en la segunda mitad del siglo XVIII. Alrededor de 1598 varias expediciones saldrían de Rotterdam, Sebald de Weert capitanearía el Blijde Boodschap. El 7 de abril de 1599 llegaría al estrecho donde vería a unos extraños nativos, los archiconocidos en Europa como patagones -alimentando un mito ya más que sobrealimentado-. Fue precisamente los patagones los que hicieron que me topara con esta imagen que tanto me llamó la atención, la “matanza de pingüinos”.

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Este bellísimo grabado -por su elaboración y no por lo que representa- lo encontramos en la obra del grabador belga Theodore De Bry (1528-1598) -el mismo que ilustró la obra de Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias en su edición Holandesa –  titulada Americae nona & postrema pars… que forma parte de lo que se conoce como Grand Votages; America que consta de 12 libros, algunos de los cuales póstumos y terminados por sus hijos. En definitiva, se trata de una recopilación de grandes viajes a América, y en este caso se trataría del viaje de Sebald de Weert.

El texto que acompaña a la imagen, en latín, explica como los Holandeses llegaron al Estrecho de Magallanes –freto Magellanico- se toparon con estas graciosas aves y su número era tal, que no dudaron en cazarlas con el fin de abastecer las naos. Asimismo, el texto cuenta como los vientos fueron adversos y tuvieron que buscar refugio en el Estrecho donde permanecieron cuatro meses. El segundo párrafo es una descripción de los pingüinos, calificándolos similares a los gansos, con un peso de más de 8 libras. De color negro y con cola. Las patas, también similares a la de los gansos, son negras. Carecen de alas, y en su lugar tienen una especie de aletas que agitan cuando quieren nadar.

La imagen no deja de ser llamativa por lo que tiene de “actual” a pesar de ser del siglo XVI, si no me creen vean la siguiente imagen, que muestra, en este caso, a un hombre matando a una foca pero cuya similitud no deja de ser aterradoramente llamativa ¿Tan poco ha evolucionado el hombre en 400 años?

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