La ingeniería del alma humana: crítica de una educación gerencialista.

Productividad, emprendimiento, rendición de cuentas (accountabilty), estandarización, trabajo en equipo, logro de metas, innovación…entre otros términos, son parte del lenguaje de nuestros tiempos. De hecho es el vocabulario básico para comprender la forma en la cual nuestras subjetividades han sido orientadas en el marco de las verdades producidas por el Neoliberalismo. Nadie cuestionaría que una persona catalogada como emprendedora, productiva, orientada hacia metas claras y además eficiente en las labores que se le solicitan, fuese alguien “indeseable”, una “lacra” o un individuo disfuncional para esta sociedad. Para lograr construir un sujeto bajo estas “verdades” se hace necesario que la educación esté alineada con esta particular forma de ver el mundo o este régimen de la mirada como lo plantearía Foucault.

Las formas en las cuales la educación promueve la construcción del “yo” en la actualidad, obedecen a un entramado de relaciones de poder asociadas a tácticas de gobierno del cuerpo y del “alma” de cada uno de nosotros, una matriz tan compleja que excede con mucho a aquella mirada “inocente” y reduccionista que sostiene que las instituciones educacionales se preocupan de construir ciudadanos activos y participativos, funcionales para la sociedad del conocimiento y más importante aún, preparados para vivir en democracia.

Pero, ¿Cómo es que nos hemos convertido en sujetos “sujetados” por el Neoliberalismo? Una de las respuestas, se encuentra en la educación. Hoy en día, las políticas educacionales no sólo promueven subjetividades para sus propósitos (del sistema), sino que por medio de una muy conveniente alianza con los estados nacionales, promueven formas de “ser” y “estar” en el mundo que persiguen simplemente mantener el orden social y por supuesto, vender una falsa ilusión de la “meritocracia”, del esfuerzo, de la responsabilización por los resultados, del “emprendimiento” como atributos claves para lograr el éxito. En este escenario la educación se transforma en una herramienta poderosa para el desarrollo de capital humano avanzado y para la “movilidad social”, narrativas que como ya sabemos, son muy cuestionables por cierto.

Es esta alianza Estado-Mercado, muy común en nuestros pueblos Iberoamericanos, en donde, por medio de tecnologías educativas, como las pruebas estandarizadas (PISA, TIMSS, PIRLS, etc.) se persigue a través de los resultados en éstas y por ende, el tratamiento estadísticos de estos datos, promulgar políticas que fomenten la reproducción de “verdades incuestionables”, como por ejemplo, aquella verdad que versa sobre la promesa de una educación para la “libertad”, siendo que lo único que se persigue hoy en día son cuotas cada vez mayores de “control social” y de producción de ciudadanos afines al régimen de producción, expropiación e inversión de energías y de vidas humanas para acrecentar el capital de una élite que está presente y se materializa en la figura de las  compañías multinacionales. Sin embargo, sus fuerzas invisibles y sutiles han colonizado nuestras subjetividades de manera tan profunda que se podría sostener que son nuestros nuevos señores feudales postmodernos (Rose, 1990).

La ingenieria del alma
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Lo cierto es que las lógicas empresariales se han trasladado desde las empresas hacia las escuelas, y lo han logrado gracias a la muy conveniente alianza entre Mercado – Estado, en donde por un lado el Estado delega sus funciones a privados y por ende, los privados como muy buenos proveedores, se preocupan de dar cuenta al Estado del logro de un currículum, de resultados en pruebas estandarizadas (PISA, TIMSS, PIRLS, etc.), lo que resulta muy conveniente para el Estado, ya que éste educa a bajo costo y solo se encarga de supervisar a los privados. Desde la otra perspectiva, los privados se encargan de generar importantes ganancias logrando una alianza gana-gana. Bajo este régimen de verdad la escuela se transforma en una pseudo-empresa, los profesores en operarios y los estudiantes en los productos elaborados. Es la verdad instalada y producida por el Neoliberalismo y fomentada por los estados nacionales.

Bajo esta forma de entender la educación, evidentemente se producen efectos, que a modo de nudos críticos tensionan a las instituciones escolares, las cuales, deben responder, siendo productivas, rindiendo cuentas y tratando de lograr posicionarse en el mercado, como si tratasen de empresas que compiten por obtener las mayores utilidades posibles. En el marco de estas verdades indiscutibles, es en donde se producen las tecnologías necesarias para producir subjetividades que por un lado proporcionen cuerpos que sean dóciles, gobernables, que reproduzcan y defiendan a muerte el orden social establecido y por otro lado sean ávidos creyentes en las verdades trascendentales que impone el mercado, aspecto que ya avizoraba Foucault bajo la noción de gubernamentalidad.

La escuela – empresa, se transforma entonces en un dispositivo más de la articulación entre las políticas educativas y la constitución de las subjetividades dentro de las escuelas. No obstante, la aplicación de manera vertical y violenta de las políticas educativas produce profundas escisiones y transformaciones en las formas en que los sujetos dentro de los colegios se razonan a sí mismos.

Estos efectos nocivos, son más notorios o alcanzan su punto de saturación en contextos que han sido denominados como de alta vulnerabilidad o de riesgo social (Falabella, 2015). En estas escuelas se ha documentado, altas tasas de alienación de estudiantes y profesores. Por un lado, en el caso de los estudiantes, se han documentado altas tasas de deserción, de adiestramiento para rendir pruebas estandarizadas, ser sometidos a nuevos regímenes de exclusión, en donde la norma de buen estudiante que imponen las políticas, corresponde al alumno de raza blanca, de clase media alta o alta, con alto grado de dotación de capitales sociales, familiares y simbólicos (Infante, Matus y Vizcarra, 2011). Un estándar de sujeto que por lo demás es ilusorio y que se aleja sustantivamente de la riqueza de marcadores de subjetividad de los niños y jóvenes que asisten a nuestras aulas, características y atributos que son parte de su riqueza cultural, étnica, lingüística, etc. que nos constituyen como seres humanos.

Así también los daños de las políticas educacionales de orientación Neoliberal, se han manifestado de manera brutal en los docentes. La forma en que esta educación de mercado los concibe, es de una violencia simbólica tal, que los reduce a meros sujetos técnicos, transmisores de saberes y reproductores de verdades en apariencia neutrales,  negando el estatuto de “profesionales” que tienen los educadores, ya que como expertos en educación, los profesores son intelectuales, tal como lo sostiene Giroux, productores de saberes, sujetos reflexivos, capaces de encarnar aquella misión que postula que la educación tiene como función fundamental aumentar el grado de emancipación de sus estudiantes, aspecto que no logran bajo este régimen neoliberal. La clave de la manifestación de los daños en las subjetividades docentes, se puede evidenciar en las altas tasas de precarización de sus condiciones de salud (estrés, ansiedad, depresión, burnout, etc.), pero también en sus salarios, aspectos que los tensionan aún más y los hace cuestionar su rol como educadores y el valor de su vocación (Rojas y Leyton, 2014).

Es ante este escenario, en donde debemos promover desde la educación, lugares de resistencia y de lucha ante las formas postmodernas en que nos construyen como sujetos. Es por eso, que ante los dispositivos y tecnologías de saber/poder como lo plantearía Foucault, es que nos vemos interpelados a encontrar formas de organizar la resistencia. Y en este sentido la subjetividad se convertiría en el lugar de lucha y resistencia (Ball & Olmedo, 2013).

Las formas de ser “neoliberal” están tan arraigadas en nosotros, que es necesario que la educación promueva la crítica, la problematización, la desnaturalización de las verdades producidas, de tal manera que podamos interrumpir nuestras acciones diarias, reflexionar sobre ellas y comprender si es que nuestras prácticas cotidianas, nos dirigen hacia donde nosotros queremos llegar y convertirnos en esa persona que deseamos o por el contrario nos moviliza el afán de lograr las falsas y putrefactas verdades que promueve el Neoliberalismo, como por ejemplo, el incandescente deseo de lucro, de reconocimiento externo, de éxito social, de tener la capacidad de para someter a los demás y convertirlos en mercancías, entre otras maneras en que se manifiesta nuestro “neoliberalismo de cada día”.

Es hora de re-pensar nuestra educación, es momento de actuar sobre nosotros mismos y desligarnos de las “verdades” instaladas por los ingenieros del alma, agentes que produjeron en nosotros el deseo de ser alguien que no queremos/deseamos ser, obligándonos bajo el imperativo de ser “gerentes” de nuestras propias vidas, de asumir que nuestro cuerpo y tiempo son activos que deben ser explotados para obtener las mayores ganancias posibles, como si de eso se tratara el sentido de la existencia.

Para lograr estos objetivos, no hay nada más poderoso que una educación para la emancipación, para alcanzar mayores grados de libertad, para hacer efectiva la agencia, para generar una subjetividad que pueda subvertir y rechazar formas neoliberales de ser, las que lamentablemente solo nos llevan a la búsqueda de una felicidad, prosperidad, éxito y placer que no son más que promesas vacías, que en el fondo no tienen fundamento alguno, que son metafísicas, narrativas que se están descomponiendo, que se pudren, pero que entre más podridas y rancias se tornan, con más fuerza se instalan dentro de nuestro ser. Por ello, hay que encontrar líneas de fuga y éstas solo pueden ser proporcionadas por una educación para la subversión y la resistencia, y aunque suene como si fuese un aforismo oriental, la manera más poderosa de luchar contra el Neoliberalismo, es a través de nuestras prácticas cotidianas y de la reflexión gatillada gracias a una educación crítica, en nuestro “yo” se debe dar la lucha día a día.

Referencias

Ball, S. & Olmedo, A. (2013). Care of the self, resistance and subjectivity under neoliberal governmentalities. Critical Studies in Education, 54 (1), 85 – 96. Recuperado el 12 de mayo de 2015 desde:

Falabella, A. (2015) ¿Qué aseguran las políticas de aseguramiento de la calidad? Un estudio de casos en distintos contextos escolares. Revista Estudios Pedagógicos, 41 (En Prensa). Recuperado el 15 de septiembre de 2015 desde: www.ciie2014.cl/download.php?file=sesiones/260.pdf

Infante, M., Matus, C. y Vizcarra, R. (2011). Razonando sobre la idea de diferencia en las políticas públicas chilenas. Revista Universum, 26 (2), 143 – 163. Recuperado el 13 de marzo de 2015 desde: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-23762011000200008&script=sci_arttext

Rojas, M. y Leyton, D. (2014). La nueva subjetividad docente. Construcción de  subjetividades en los inicios de la implementación de la Subvención Escolar Preferencial en Chile. Revista Estudios Pedagógicos, 40, (Especial). 205 – 221. Recuperado el 17 de agosto de 2015 desde: http://www.scielo.cl/pdf/estped/v40nEspecial/art12.pdf

Rose, N. (1990). Governing the soul. The shaping of the private self. Londres: Routledge.