La importancia de los pequeños detalles

Cuando nos decidimos a comenzar un artículo o redactar nuestro trabajo de investigación, hay un sinfín de datos que necesitamos saber y aprendemos poco a poco, por inercia. De algún modo, nos formamos a partir de nuestros errores, pues durante nuestros años universitarios –en cualquiera que sea la rama-, no se nos ofrece información sobre cómo y cuándo se debe citar al pie, cuáles son los mejores consejos para realizar unas conclusiones, cuál es la diferencia entre divulgación e investigación, qué línea escoger para mejorar nuestro estilo, etc.

No es fácil ponerse frente a una hoja en blanco y decidir qué camino escogerán nuestras líneas. Quizá haya quien escriba y no se plantee muchas cuestiones más allá de conseguir que sea publicado tras releerlo. Normalmente te aconsejan consultar Cómo se hace una tesis de Umberto Eco donde encuentras muchas pistas para organizar bien un texto, nociones para recopilar información, citarla, etc. A pesar de ello, no hallamos consejos sobre cómo hacer una buena conclusión o consejos de estilo. Estos datos están en muchos libros de estilo gracias a muchos estudiosos de la materia, entre los que destaca en los últimos años Alex Grijelmo. Con este y otros autores a veces deseas un listado de conectores para no repetirte y consejos en esa línea, pero no suele ser así. Nos abalanzamos sobre muchas nociones sobre gramática que nos aburren y nos hacen abandonar la lectura una y otra vez. No obstante, con el paso del tiempo, nos llega el momento en el que reconocemos el verdadero valor de estos conocimientos.

Hace poco tuve que mostrarle a un alumno la necesidad de estudiar gramática. Aprendíamos a analizar la estructura morfológica de las palabras y rehusaba memorizar de nuevo los tiempos verbales. A decir verdad, pensé que debía aprenderlo realmente, pues como suele decirse si se olvidó, es que nunca se supo.

Era difícil justificar algo tan aburrido, aún más sabiendo que se trata de una clase que había apelado en más de una ocasión a mi capacidad de inventiva, solían desear que les razonara la necesariedad de las nociones teóricas que exponen en el aula. Todavía me acuerdo de cuando estudiamos los elementos de coherencia y cohesión textuales y tuve que dar un discurso sobre los textos orales, pues nosotros trabajamos esencialmente con los escritos, pero los orales son los más utilizados por ellos a diario y que determinarán muchas de sus elecciones. Los enfrenté a una posible entrevista de trabajo, a saber qué es la adecuación y valorarla, les recordé que para indicar que eran los trabajadores idóneos necesitaban elaborar un texto argumentativo, que si no ordenaban bien las ideas y las relacionaban, no lo conseguirían.

En esta ocasión apelé a mi experiencia revisando textos. Les conté que hacía unas semanas había corregido un texto para una revista, cuya autoría desconozco. Debía ser un arqueólogo/a que quizá, como ellos, no quiso aprender los tiempos verbales y el valor que se esconde tras ellos.

El artículo en cuestión presentaba un contexto histórico y metodológico que  estaba escrito en presente histórico. Pero, cuando dejó de utilizar datos extraídos de otras obras y comenzó a ofrecer sus propios datos en torno a la temática escogida, utilizó el futuro y el condicional.

A priori, fijarse en estos detalles puede convertirte en un ser muy detallista y procurarte demasiados aspectos a revisar, pero es necesario. El futuro nos ofrece información sobre aspectos no ocurridos y, cuando se escribe sobre hechos pasados puede resultar contradictorio. Se comprende que lo utilizamos para dar a entender cuál fue la consecuencia surgida debido a una causa (invento, cambio, etc.). No obstante, este cambio dio lugar a ese avance y no lo dará, porque ese tiempo ya ha acabado.

El uso del condicional, por su parte, fue muy revelador, mas de aspectos que su autor/a puede que no deseara revelar. Quizá este/a no se había percatado de que este tiempo ofrece un valor hipotético o posible a sus afirmaciones, a sus datos extraídos durante su investigación. Todos debemos partir de una hipótesis y luego valorar si la hemos confirmado o no, qué datos relevantes obtuvimos, etc. En su caso, esta información estaba escrita en condicional, por lo que si nos atenemos al significado que aportaba el tiempo verbal a sus resultados, puede pensarse que estos no estaban confirmados. Eran posibles, probables, pero no totalmente ciertos. Por tanto, o la investigación aún estaba inconclusa o su autor/a no creía en las palabras que ofrecía.

Muchos alumnos se sorprendieron. No creían que fuera tan importante el uso y conocimientos de los tiempos verbales. Mientras, quienes tienen un interés en continuar sus estudios y caminar hacia la universidad, lo vieron totalmente necesario. Entonces, para darle un tono jocoso al discurso solemne, les recordé la diferencia entre el aspecto perfecto e imperfecto de los tiempos. Esto me llevó a advertirles que la clase continuaba, aspecto imperfecto, y que solo cuando haya tocado el timbre finaliza, tiempo compuesto y por tanto aspecto perfecto. Por tanto, debían dejar de recoger lentamente y con disimulo, y sacar sus agendas porque había tarea para el día siguiente.