La Guerra del Fútbol

La Guerra de las 100 horas, popularmente conocida como la Guerra del Fútbol, fue un conflicto armado que enfrentó a los países de El Salvador y Honduras entre el catorce y el dieciocho de julio del año 1969. Se le conoce como la Guerra del fútbol porque ambos países jugaron el mes anterior al conflicto una eliminatoria de semifinales de clasificación para el Mundial de México 70, de enorme tensión, donde El Salvador ganó tres a dos en la prórroga en el partido de desempate en México D.F. tras ganar Honduras uno a cero en su país y El salvador tres a cero en el suyo. En ese partido los aficionados hondureños fueron colocados a un lado de la gradería y los de El Salvador en la otra, y en la mitad se sentaron cinco mil policías mexicanos armados. Posteriormente, El Salvador ganó a Haití en el desempate de la final celebrada en Kingston, Jamaica, por uno a cero  siendo el primer país centroamericano en jugar un Mundial.

El término fue acuñado por Ryszard Kapuscinski (nacido en Pinsk, Polonia, actualmente en Bielorrusia, cuatro de marzo del año 1932 y fallecido en Varsovia el veintitrés de enero del año 2007),  principal periodista de guerra entre los años sesenta y setenta, escritor de más de una decena de libros donde cuenta las guerras africanas y latinoamericanas de esas dos décadas y un gran apasionado al fútbol. Suya es la frase “me gusta el fútbol, gracias a él tengo televisión en mi casa”. Fue premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003.

La causa principal de la guerra fue la siguiente: El Salvador es el país más pequeño de América Central pero tiene la mayor densidad poblacional de todo el continente americano, más de ciento sesenta personas por kilómetro cuadrado.  Falta espacio, aún más cuando la mayor parte de la tierra está en manos de las catorce familias del clan de terratenientes. La gente habla de “las catorce familias de El Salvador”. Mil terratenientes tienen diez veces más tierra que cien mil campesinos juntos. Una parte de los sin tierra y pobres había emigrado a Honduras, en donde había mucha tierra no cultivada sin dueño. Honduras, con 112 mil kilómetros cuadrados, es casi seis veces más grande que El Salvador. En 1969, la población salvadoreña era de tres millones seiscientos mil y la de Honduras de aproximadamente dos millones y medio. Por tanto, un país tenía exceso de población y falta de tierras y el otro país falta de personal no cualificado para trabajar en las haciendas y tierra de sobra.

Además, desde 1960 existía Mercado Común Centroamericano (MCCA), un espacio económico en la región ideado por los Estados Unidos para contrarrestar económicamente la ascensión del gobierno socialista de Cuba e integrado por Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador y Guatemala. Pocos años después de su creación se evidenció que el país centroamericano más beneficiado con este acuerdo sería El Salvador, ya que vería crecer sus exportaciones un 600%, mientras que su vecina Honduras solo crecería un 50 %, lo que convertiría a Honduras en un país secundario dentro de la órbita salvadoreña y muy inferior en potencial económico a sus vecinos, lo que lógicamente creaba malestar a la población hondureña hacia los salvadoreños afincados en Honduras.

Desde los años veinte existía un movimiento migratorio de campesinos sin tierra salvadoreños hasta Honduras para trabajar en las plantaciones bananeras. Fue una emigración ilegal y silenciosa que el gobierno de Honduras hizo como que no ocurría  durante muchos años ya que los peones salvadoreños indocumentados trabajaban en ínfimas condiciones por un salario mísero, lo que beneficiaba a las transnacionales bananeras asentadas en el país.

Los campesinos hondureños se quejaban mucho de que los salvadoreños les quitaban el trabajo o que hacían descender sus salarios al aceptar trabajar por menos dinero de lo que lo hacían los hondureños. Cuando llegó la eliminatoria entre ambos países y la victoria de El Salvador, esta fue ampliamente celebrada por la población salvadoreña afincada en Honduras, lo que provocó un aumento del odio entre ambas poblaciones. En el momento de estallar este conflicto entre ambos países, alrededor de trescientos mil salvadoreños trabajaban en las haciendas hondureñas, casi uno de cada cinco trabajadores de las mismas.

En los sesenta hubo protestas de parte de los campesinos hondureños que pedían tierras. Los gobiernos salvadoreños habían hecho oídos sordos durante décadas ante las reivindicaciones del pueblo, que pedía un reparto equitativo de la tierra. El gobierno había decidido hacer una reforma agraria. Pero como el gobierno era dependiente de los Estados Unidos y de las grandes fortunas del país, la reforma no tocó la tierra de los terratenientes ni de la United Fruit Company, que tenía plantaciones en Honduras que suponían el diez por ciento aproximado de la tierra hondureña. La solución fue expropiar las tierras propiedad de los campesinos salvadoreños que llevaban varias generaciones en Honduras. Significaba que los trescientos mil inmigrantes salvadoreños deberían regresar a su país, donde no tenían nada.

Inicialmente, el gobierno salvadoreño no quería recibir a ese enorme contingente de población ya que eso provocaría que las tensiones sociales por la tierra pasaran a su país. El gobierno hondureño persistió en su idea de deportar a todos los salvadoreños de su país, mientras que el gobierno de El Salvador continuó negándose. Las relaciones entre los dos países se tensaron. A ambos lados de la frontera se cultivó el odio y una campaña de desinformación en los periódicos. En los medios de comunicación de ambos países se hacían fuertes acusaciones los unos a los otros y viceversa, acusándose de hitleristas, enanos, borrachines, arañas, bandidos, ladrones y cosas por el estilo, alimentando el odio entre ambas poblaciones.

Por otra parte, surgió en Honduras un grupo clandestino llamado la Mancha Brava que comenzó a asesinar y aterrorizar a los campesinos salvadoreño con el beneplácito en muchas ocasiones de la policía o directamente sin la presencia de esta en las zonas más rurales, y con un desinterés grande del gobierno hondureño por capturar a los asesinos. De ahí viene la frase popular:

“Hondureño, toma un leño y mata a un salvadoreño”

El desinterés del gobierno hondureño ante los asesinatos de salvadoreños hizo que finalmente explotará el conflicto provocando que el gobierno salvadoreño se decidiera finalmente a intervenir en Honduras.

En la mañana del catorce de julio de ese año el gobierno salvadoreño invadió Honduras tanto por tierra como por aire. Por tierra, un pelotón del ejército de El Salvador capturó la guarnición fronteriza de Ocotepeque; mientras que por aire la aviación salvadoreña intento destruir algunas posiciones importantes hondureñas sin demasiado éxito. En respuesta, la aviación hondureña bombardeó zonas fronterizas de El Salvador. Ambos países utilizaban una aviación de combate extremadamente obsoleta, ya que todos eran aviones utilizados por los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y que fueron utilizados en combate por última vez en ese conflicto. Fue la última vez que se utilizaron los aviones de pistón conocidos como Corsarios. Además, debido a la escasez de armamento se utilizaron avionetas privadas a las que se acoplaron metralletas.

Por suerte, el conflicto solo duró cuatro días y pudo ser parado por la Organización de Estados Americanos (OEA), que negoció un alto el fuego. Las tropas salvadoreñas abandonaron Honduras a principios de agosto.

Sin embargo y a pesar de su corta duración, esta guerra provocó la muerte de entre cuatro mil y seis mil civiles y alrededor de quince mil heridos, además de la deportación de entre sesenta y ciento treinta mil salvadoreños (las cifras varían bastante según que fuente se utilice para conocer sobre este conflicto) y otros cinco mil perdieron su hogar en Honduras.

Además, la entrada en El Salvador de ese numeroso contingente poblacional provocó que el gobierno salvadoreño tuviera que realizar una reinserción económica y laboral de esas personas (algo que no se hizo muy bien ya que sigue hoy en día siendo la zona más pobre del país) y esta provocara una mayor presión social en el país durante la década de los setenta que derivó en la guerra civil que vivió el país de 1980 a 1992.

Las dos naciones firmaron el Tratado General de Paz en Lima el treinta de octubre del año 1980, en el cual se indicaba que la disputa fronteriza entre ambos países se resolvería en el tribunal internacional de La Haya, que resolvió el once de septiembre de 1992 que el control de dos tercios de los cuatrocientos veinte kilómetros cuadrados, conocido como Los Bolsones, pasara a formar parte de Honduras en detrimento de El Salvador, gran perjudicado en esta sentencia.

Aquí os dejo un relato de Kapuscinski de las causas de esta guerra y de cómo este periodista vivió esos días turbulentos en Tegucigalpa, capital hondureña….

… y un documental sobre este tema con testimonios de pilotos de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS) que participaron en el conflicto.

Varias fueron las consecuencias que produjo este conflicto armado entre estos dos países: miles de muertos en ambos bandos de manera innecesaria, la oligarquía de los dos países y las transnacionales americanas siguieron controlando ambos países y un ascenso de los militares en la política.

“La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran” Paul Valéry.

En la próxima entrada hablaremos de Los Dragones de Cuera, fuerza militar de la Monarquía Hispánica en la frontera norte del Virreinato de Nueva España, la cual fue durante casi tres siglos la encargada de la defensa del territorio contra las incursiones de distintos pueblos indígenas.