La eterna crisis de migración / refugiados en Europa: menos silencio, más respeto

Desde enero hasta agosto 2015, 2.300 personas han muerto intentando entrar en Europa.

Hasta esta fecha el número de personas que han llegado supera las 250.000, cantidad que va más allá del total de los ingresos de 2014 (237.000). Personas que huyen de la guerra, del hambre y de la violencia y que se encuentran con una Europa vieja y cansada, terriblemente desprevenida para gestionar este fenómeno, con unos políticos racistas y populistas que siembran el miedo para recoger votos de electores que no han sido educados sobre respeto y hospitalidad.

laura1Este año, sin embargo, se trata de una inmigración en parte diferente: además de ciudadanos del África subsahariana, de Eritrea y Libia que huyen de violencias, dictaduras y pobreza, nos encontramos con familias enteras de sirios que huyen de una guerra que el “occidente pacificador y exportador de democracia” no ha sabido gestionar. Situaciones por las cuales somos culpables y que provienen de la inestabilidad del territorio empezada con la guerra en Afganistán de 2001 y seguida por aquella en Iraq de 2003: unas guerras que han destruidos totalmente el futuro de millones de personas y que han sido capaces solo de alimentar el extremismo y la violencia.

Por primera vez la Unión Europea se encuentra con lo que los políticos y los periodistas más sensacionalistas están llamando “invasión”.  Estábamos acostumbrados a las migraciones que tenían sus desembarcos en Italia, España y Grecia. Por años la Unión Europea ha dejado la patata caliente a estos países con ayudas económicas (con las cuales países como Italia han conseguido también lucrar) y programas inadecuados e irrespetuosos de los derechos humanos como Triton. Este verano la situación es diferente: la mayoría de los migrantes quieren pasar las fronteras y subir hacia los países del norte de Europa, destacando, aún más, las debilidades del sistema de acogida de la organización internacional ganadora del Nobel por la Paz en 2012.

laura2Además de la falta de infraestructuras idóneas para la acogida, las debilidades se notan en la gestión del derecho de asilo en la Unión Europea. Según la Convención de Dublín los prófugos pueden pedir el asilo solo en los países donde han llegado y han sido identificados por la primera vez. De esta forma, además de limitar el derecho de libre circulación de las personas, derecho del cual Europa tanto alardea, provocan caos en los países donde la llegada de los inmigrantes es mayor. Ejemplo claro puede ser el de junio cuando decenas de prófugos se quedaron bloqueados en la frontera entre Italia y Francia, en cuanto el gobierno Cisalpino no quería abrir las fronteras apelando a la Convención de Dublín.

Caso extremo de la crisis es el del Reino Unido que quiere endurecer aún más sus fronteras permitiendo la entrada en sus territorios solo a extranjeros (comunitarios y no) con un contrato de trabajo. Por un lado escuchando los discursos de algunos políticos, como el premier británico o húngaro o el partido italiano de la Lega Nord, y de muchos ciudadanos, los europeos se descubren xenófobos y racistas, incapaces de quedarse en silencio ni siquiera frente a imágenes de niños muertos en las orillas del Mediterráneo o bloqueados por días en la estación de Budapest.

Por otro lado, afortunadamente, encontramos ciudadanos que donan agua, comida, ropa y juguetes. Políticos como las alcaldesas de Madrid y Barcelona que están preparando sus ciudades para acoger refugiados. En muchas ciudades europeas miles de familias han puesto a disposición sus casas para la misma labor.

A final de agosto, los primeros ministros europeos han decidido convocar una cumbre especial el 14 de septiembre para intentar resolver lo que ya se está llamando emergencia. Me parece equivocado llamar emergencia algo totalmente previsible y que, aún si en formas menores, acontece desde hace muchos años, y viendo la tragedia humana que estas personas están viviendo, creo que la UE ha decidido moverse demasiado tarde. Sin hablar de la total ausencia de la ONU que ha decidido reunirse con toda la tranquilidad del mundo solo el 30 de septiembre.
laura4No podemos saber cual solución encontrarán los líderes europeos. El miedo es que se hagan distinciones entre refugiados de serie A y de serie B, entre los que llamamos refugiados y huyen de guerras y violencias, y los que comúnmente se llaman migrantes económicos y que, como hicieron nuestros abuelos al principio del siglo XX y como han hecho millones de jóvenes europeos en los últimos años, que emigran para buscar un futuro mejor.

Las soluciones parecen simples: canales humanitarios seguros para entrar en Europa y derecho de asilo único europeo. Así se lucharía contras las mafias que por muchísimo dinero (se habla de cifras que van desde los 1500 hasta los 5000 euro por personas) organizan y coordinan las travesías por el Mediterráneo. Se evitarían muertes, se garantiría el derecho de libre circulación de las personas y no se cargarían solo algunos países de la responsabilidad de la gestión de estas personas.

Soluciones fáciles de aceptar solo para una parte de los europeos: los otros aún son víctimas ignorantes del racismo y de la xenofobia, que jerarquiza el género humano.

El resto del mundo, como siempre cuando los acontecimientos no nos tocan directamente, simplemente mira y juzga.

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