La espiritualidad contrahegemónica como espacio de descolonización

downloadpdfHace un par de años tuve oportunidad de realizar una breve estancia en el departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) en México DF, donde me fue posible intercambiar palabras e ideas con profesores, investigadores y alumnos. Recuerdo como me sorprendió la vitalidad de esta disciplina en México, su fuerza y su reconocimiento dentro y fuera del ámbito académico. No en vano, cuentan con multitud de departamentos de Antropología en todo el país y con algunos de los más notables investigadores, así como con una multitud de instituciones que son referencia mundial como el museo de Antropología de la capital mexicana. El valor que se le otorga a esta disciplina allí es envidiable y los conocimientos que se generan a través de ella mantienen una relevante consideración a la hora del diseño y la gestión de acciones y discursos relativos al ámbito de lo político y lo social. Las posibilidades son infinitas si las comparamos con España, donde lo habitual cuando explicas a alguien que te dedicas a la Antropología sea que te pregunten algo como: “¿qué es eso?”, “¿antropo… qué?”, “¿eso es lo de los huesos?”, etc. En España hay algunos departamentos de esta disciplina, pero lo que más abunda es un profundo desconocimiento de su labor, un total desinterés institucional por ella y escasas posibilidades de desarrollarse como antropólogo/a. Por ello, en varias ocasiones que referí este asombro por la salud de la Antropología mexicana a algunos de mis interlocutores, quedaba yo más asombrado al comprobar la alta consideración que sostenían de la Antropología en España, cuestión que me resultaba difícil de comprender. De una forma u otra, la idea de la colonización era el argumento que me parecía más plausible, esto es, dicha confusión sólo podía ser fruto de las profundas imbricaciones culturales e históricas entre ambos pueblos construidas en gran parte en base a dinámicas de dominación, explotación y extorsión exportadas desde Europa y que han provocado la extensión de relaciones asimétricas que favorecen tanto la distorsión de la imagen propia como de la ajena, consiguiendo perpetuar en el tiempo la idea de que todo lo que provenga del occidente europeo está cubierto de una pátina de infalibilidad.

Este ejemplo nos permite constatar que si bien los procesos de colonización europea sobre territorios iberoamericanos han sufrido cambios fundamentales en los últimos siglos en cuanto a las formas en las que se desarrollan, al igual que los modos de organización social en todo el globo, pervive con fuerza una visión jerarquizada en base a la diferencia como aspecto negativo en la construcción de las relaciones entre estas regiones y sus habitantes. Así pues, en la actualidad, las distintas maneras en las que el colonialismo se materializa podrían ser catalogadas como más sutiles que las que asociamos con los procesos de colonización clásicos, ya que a diferencia de estos casos la ocupación de territorios ya no es física y el control y sometimiento de poblaciones se edifica a través de organismos e instituciones con capacidad para definir segmentos de la realidad y establecer determinadas condiciones estructurales. No obstante, los procesos de colonización no pueden considerarse como un monopolio de algunos sectores específicos de determinados estados o de los estados mismos, por el contrario se han de entender como dinámicos y presentes en distintos niveles de relación e interacción, a pesar de que estos tienden a formar parte de estrategias de acumulación de capital y de reproducción social para las élites económicas.

Por el contrario, y debido en parte a la contestación de determinados sectores de población en buena parte del mundo ante las dinámicas de control y de producción de poder, vemos como ciertas consideraciones de la lógica colonial basadas en la dicotomía superioridad/inferioridad se volatilizan al mismo tiempo que se cuestiona la esencia misma del llamado proceso modernizador y se generan espacios contrahegemónicos que favorecen la generación de discursos, prácticas y experiencias que, en las antípodas de la lógica colonial, entienden la diversidad cultural como fuente de riqueza no crematística, invirtiendo el sentido de la diferencia como algo negativo hacia su consideración como algo positivo, ya que no sólo se oponen a entenderla como un argumento plausible para una tutela obligada e impuesta sino que la asumen como una prolongación de la propia identidad, como un nexo que facilita el autoconocimiento y, en definitiva, como una sólida base para la materialización de utopías panhumanistas. El desarrollo que planteamos lo reconocemos en ámbitos de la vida social como el de las creencias espirituales, ya que en el tiempo de la espiritualidad subjetiva y reflexiva una buena porción de los participantes de esta realidad han dirigido su mirada a grupos, saberes y prácticas tradicionales propias del continente americano en busca de respuestas que les permitan superar las perversiones de los sistemas políticos, económicos y sociales dominantes, los cuales cegados por la obsesión de acumular y crecer en lo material han descuidado, olvidado y perdido conocimientos inestimables por haber sido previamente catalogados como inferiores, inútiles y polucionantes.

Es harto complicado imaginar un panorama en el que la colonización en cualquiera de sus formas desaparezca, sería necesario un cambio de paradigma radical en todos los niveles, no obstante ante el inmovilismo ideológico del poder hegemónico vemos como se extienden multitud de grupos de poblaciones de contextos occidentalizados que no sólo desdeñan las imposiciones de la cosmovisión occidental dominante a otras cosmovisiones tradicionales sino que parecen desear con sincero interés incorporar la esencia de estas últimas a su ethos.

Para citar este artículo: Bozano, J. (2016). La espiritualidad contrahegemónica como espacio de descolonización. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales VI, pp. 37 – 38. Recuperado de: http://iberoamericasocial.com/ la-espiritualidad-contrahegemonica-espacio-descolonizacion