La educación es del sistema y no del sistema educativo

“No es posible democratizar la enseñanza de un país, sin democratizar su economía y sin democratizar, por ende, su super-estructura política.”

Jose Carlos Mariátegui.

Empiezo esta nueva entrada con una cita de uno de los más importantes sociólogos de América Latina del Siglo XX, el peruano Jose Carlos Mariátegui. Con ella concreta en pocas palabras la obligada subordinación en la que vive el sistema educativo a los mandatos de la economía y la super-estructura política.

Primero haré una básica diferenciación entre educación y sistema educativo. La educación es un elemento que engloba al sistema educativo. El sistema educativo se encuentra cerrado entre los muros de las escuelas, y de forma puntual fuera de ellas, mientras que la educación inunda nuestra vida transcendiendo cualquier tipo de límites. Se podría discutir que la educación solo se da cuando es ejercida de forma planificada e intencional, sin embargo, entiendo que todo lo que acontece en la sociedad es fruto de un acto planeado y premeditado por las decisiones tomadas desde el espectro político y económico que configuran la cotidianidad de nuestras vidas a través de un proceso histórico de tales medidas. La forma de relacionarnos con las personas, la estructura laboral, los valores de cada sociedad, la alimentación, la situación social en cada contexto, la legislación nacional, etc. Todo supone parte importante en la formación integral del individuo, es decir, es educación y provienen directamente desde una planificación económica y política, en nuestro caso capitalista. Invirtiendo las palabras de Paulo Freire, todo acto político es educativo ya que configura nuestras experiencias diarias.

Por lo anterior, se puede llegar a la conclusión de que el sistema educativo es parte de nuestra vida mientras que educación es nuestra vida misma. Sin embargo, al poseer el nombre de “Sistema Educativo”, en el imaginario colectivo se encuentra impreso que los aprendizajes solamente suceden dentro de él, obviando los aprendizajes que realizamos a cada momento fuera de las aulas ¿o es que las personas fuera del sistema educativo no aprenden nada? Por otro lado, esa arma a la que se refería Nelson Mandela como la más poderosa para cambiar el mundo, la educación, no es la que se encuentra entre los muros de la escuela, sino que es la que empapa todas las situaciones cotidianas, con las que asimilamos como es el mundo, la que nos hace aprender sin tener consciencia de esos aprendizajes al ser interiorizadas de forma natural.

La educación es natural, el sistema educativo artificial. Esto es parte fundamental. Lo natural es interiorizado sin tener consciencia de ello, como ya dije, mientras que para lo artificial precisamos esfuerzos para adquirirlo y, aún así, podría no ser interiorizado al ser recibido como algo ajeno e impuesto. Es aquí donde viene el quid de la cuestión tratada.

El alumnado en su educación, en sentido más amplio, construye su formación bajo la lógica y los valores provenientes del sistema capitalista basado en democracia representativa en que vivimos. Estos serían: el excesivo individualismo, la competitividad más feroz, la ciudadanía pasiva o la apatía por las desigualdades sociales y la conservación del medio ambiente. Estos atributos han sido intensamente estudiados por gran número de investigadores. Es con estos valores interiorizados por la cotidianidad con los que nuestros futuros ciudadanos acceden al sistema educativo, entrando en conflicto con los “valores curriculares” de participación, cooperación, diversidad o pensamiento crítico que se intentan transmitir dentro de las aulas. Lo natural contra lo artificial. Lo interiorizado en nuestro vivir contra lo administrado en forma de lecciones. ¿Imaginan resistencias? Claro que las hay, y muchas. Intentar enseñar cooperación, interculturalidad, igualdad, el valor de lo colectivo, la importancia de la participación en democracia o capacitar para adquirir un pensamiento crítico en unas horas dentro de las aulas se convierte en tarea casi imposible (e incluso diría irrisoria) cuando el sistema en el que vivimos promueve a cada segundo todo lo contrario. La lógica de nuestra cotidianidad suele imponerse a lo enseñado de forma puntual dentro del sistema educativo.

Sumado a lo anterior, y aunque dentro del sistema educativo existe gran cantidad de docentes que se esfuerzan de forma titánica en su rutina escolar por trabajar esos valores deseables para una sociedad democrática, la misma estructura del sistema educativo se encuentra influenciada por esa lógica del sistema capitalista de eficiencia, individualismo y competitividad. La escasa o nula participación del alumnado en las tomas de decisiones tanto de organización como didácticas, la atomización y competitividad entre departamentos, la eficiencia económica por encima de una educación humana de calidad o la obsesión por lo cuantificable en los procesos educativos son algunas muestras de ello. Pero esto dará para profundizar en otra entrada. Ahora lo dejo tan solo como una muestra más de que la educación es del sistema y no del sistema educativo. El currículo y los docentes son del sistema educativo, la lógica y los valores, los del sistema.

Vuelvo a la frase inicial de Mariátegui para terminar. Hemos podido comprobar como las esferas superiores (económica y política) de la sociedad imponen la lógica y valores inherentes a ellas al resto de las estructuras, incluida la educativa, por lo que se coloca como una apariencia apenas estética la pretensión de educar en valores humanos a través de un sistema educativo emanado del capitalismo. Como dice nuestro compañero Mateo Aguado, ser anticapitalista hoy, es una cuestión de sentido común.