A la derecha de Hernán Cortes – Los Grandes Olvidados nº1

Hoy comienzo otro serial titulado “Los grandes olvidados”, en el que iré publicando pequeñas biografías de personajes que fueron muy importantes en la historia de Iberoamérica, pero que no han trascendido tanto como otros grandes nombres de la Historia. Para esta primera ocasión voy a contaros la biografía de Don Bernal Díaz del Castillo, conquistador castellano y cronista de la Nueva España. Espero que disfruten de la historia.

Bernal Díaz del Castillo nació en Medina del Campo, en la Corona de Castilla, actual provincia de Valladolid. Los historiadores no se aclaran del todo con la fecha de nacimiento de nuestro protagonista, siendo 1496 el año más probable, aunque otros historiadores sostienen que pudo nacer en el año 1492.

Como otros jóvenes castellanos de inicio del siglo XVI, Bernal Díaz del Castillo era una persona humilde, con pocos estudios y que no poseía tierras ni riqueza en Castilla, así que decidió marcharse en una expedición de conquista hacia América, ya que era una buena manera de mejorar económicamente, sobre todo si se encontraba oro, plata u objetos de valor. Así, nuestro protagonista en el año 1514 se enroló en la expedición dirigida por Pedro Arias Dávila (Segovia 1468- León Viejo, Nicaragua, 1531), el cual había sido el año anterior declarado por el rey Fernando “El Católico” primer Gobernador de Castilla del Oro, territorio denominado así por este rey en Mayo de 1513 y que comprendía la costa oeste de la actual Colombia y algunos territorios de Centroamérica. Por aquel entonces este territorio se encontraba en litigio entre la Corona española y la familia Colón.

La expedición arribó en primer lugar en el Itsmo de Panamá, donde estuvieron algún tiempo antes de dirigirse hacia la recién conquistada Cuba, cuya máxima autoridad del momento era su primer gobernador y Adelantado Diego Velázquez de Cuellar (Cuellar, Segovia 1465, Santiago de Cuba 1524). Nuestro protagonista parece ser que estuvo en Cuba durante un par de años más o menos, sin que consiguiera ningún tipo de beneficio económico.

En 1517, la población indígena en la isla de Cuba estaba muy mermada debido a las enfermedades que eran transmitidas por los españoles, además de por los trabajos forzados a los que era cometido. Viendo esta situación, Diego Velázquez de Cuellar organiza una expedición (entre febrero y mayo de ese año) hacia otras islas del Caribe con el objetivo de capturar indios, dirigida por Francisco Hernández de Córdoba y en la que participó Bernal Díaz del Castillo. La expedición sirvió para descubrir la Península del Yucatán, donde pudieron observar la existencia de ciudades en la zona. Después de tener contacto con los indígenas del lugar y de correr innumerables peligros, los expedicionarios volvieron en ruinosas condiciones a Cuba.

Las noticias del descubrimiento de la Península del Yucatán, combinados con la informaciones de que allí existía oro, hicieron que al año siguiente se formara otra expedición que fue dirigida por Juan de Grijalva (Cuellar, Segovia 1490, Olancho, Honduras 1527); pariente de Francisco Hernández de Córdoba, el cual falleció al volver de la anterior expedición a Cuba. Esta expedición partió del puerto de Matanzas en Cuba el 8 de Abril de 1518. Exploraron toda la costa norte del Yucatán y parte del Golfo de Méjico. Tuvieron un duro enfrentamiento con los indígenas en Chakán Putum, donde la expedición del año anterior había sufrido una dura derrota, siendo ahora la contienda favorable a los españoles. Descubrieron el 8 de Junio Tabasco, y fue allí donde supieron de la existencia del Imperio Azteca por parte de mayas del lugar. Bernal Díaz del Castillo cuenta el encuentro así:

«…nos sahumaron a todos y presentaron ciertas joyas de oro como diademas y otras joyas como lagartijas, y tres collares de cuentas(…)y trajeron unas mantas de las que usan y nos dijeron que las recibieramos en buena voluntad, que no tenían más oro, que adelante, hacia donde se pone el sol, hay mucho, y decían: Colúa, colúa, y México, México, y nosotros no sabíamos que cosa era Colúa ni aún México.»

Bernal Díaz del Castillo también participó en la expedición del año siguiente, 1519, dirigida por Hernán Cortés y que a la postre se convirtió en la conquista del imperio Azteca en 1521.

Tras conquistar Tenochtitlán, Bernal se unió a la expedición de Gonzalo de Sandoval (Medellín, Badajoz 1497- Palos de la Frontera, Huelva 1528) hacia Coatzacoalcos. Posteriormente participó en la conquista de Chiapas y estuvo a las órdenes nuevamente de Hernán Cortés en 1524 para la conquista de Hibueras en Honduras. Tras vivir allí quince años,  se instaló definitivamente en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, donde contrajo matrimonio en 1544 con Teresa Becerra y donde vivió hasta su fallecimiento en 1584.

La importancia de nuestro protagonista no fue que estuviera caída de las grandes civilizaciones mesoamericanas, el mismo dice: «…ningún capitán ni soldado pasó a esta Nueva España tres veces arreo, una tras otra, como yo; de manera que soy el más antiguo descubridor y conquistador que ha habido ni hay en la Nueva España…»; sino que plasmó todo lo que vio en una inmensa obra, llamada la “Historia Verdadera de la conquista de Nueva España”. En unas 1500 páginas y 214 capítulos, Bernal nos cuenta con asombrosa facilidad y sencillez para el lector todo lo ocurrido en la conquista de Méjico. No está del todo claro las fechas de inicio y finalización de la obra; según la mayoría de sus biógrafos, Bernal escribe la obra cuando ya es bastante mayor, pudiendo ser que fuera terminada en 1568, y que llegaría la obra manuscrita a España en 1575 y que sería impresa y publicada en 1632.

Veamos varios fragmentos distintos de la obra de Bernal. Por ejemplo, de la primera vez que los españoles entraron en Tenochtitlán;

 «luego otro día partimos de Estapalapa, muy acompañados de (…) grandes caciques, íbamos por nuestra calzada adelante, la cual está ancha de ocho pasos, y va tan derecha a la ciudad de México, que me parece que no se torcía poco ni mucho, y puesto que es bien ancha toda iba llena de aquellas gentes que no cabía, unos que entraban en México y otros que salían, y los indios que nos venían a ver, (…) estaban llenas las torres y los cués [templos] y en las canoas y de todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar, porque jamás habían visto caballos ni hombres como nosotros».

O también podemos conocer las costumbres alimenticias de Moctezuma:

“en el comer, le tenían sus cocineros sobre treinta maneras de guisados, hechos a su manera y usanza y teniánlos puestos en braseros de barro chicos debajo, porque se enfriasen, y de aquello que Moctezuma había de comer guisaban más de trescientos platos (…) cotidianamente le guisaban gallinas, gallos de papada, faisanes, perdices de tierra, codornices, patos mansos y bravos (…) él sentado en un asentadero bajo, rico y blando, y la mesa también baja (…) allí le ponían sus manteles de mantas blancas (…) y cuatro mujeres muy hermosas y limpias le daban agua en unos xicales (…) y le daban sus toallas, y otras dos mujeres le traen el pan de tortillas”

Bernal viaja varias veces a España, para conseguir recompensas por su participación. La primera fue 1539 y participó en 1550 en la Junta de Valladolid que enfrentó a Bartolomé de las Casas y a Ginés de Sepúlveda. Nunca estuvo conforme de cómo le recompensaron las autoridades españolas y por eso Bernal escribe su obra, para reivindicar el papel de los conquistadores españoles en Mesoamérica, exagerando sus virtudes y escondiendo sus defectos, como asegura el historiador belga Michel Graulich, nacido en 1944 y especialista en Mesoamérica. Además el antropólogo francés Christian Duverger, nacido en Burdeos en 1948, publicó la obra “Crónica de la eternidad”, donde Duverger sostiene la teoría de que la obra de Bernal fue realmente escrita por el mismísimo Hernán Cortés, también descontento con el trato dispensado por la Monarquía hispánica, ya que según Duverger Bernal no sabía leer ni escribir

La próxima entrega versará sobre la Mita, el sistema de trabajo que los españoles impusieron en la región andina en el siglo XVI y XVII.