El inicio de la esclavitud del Nuevo Mundo

En el post de este mes quiero hablar de cómo se refleja la esclavitud del siglo XVI en la Cartografía del Nuevo Mundo. Pero para tratar de entenderla, primero hemos de saber cómo era la situación de la misma entonces, lo que quizás nos lleve a tener que retardar las imágenes de Cartografía a un segundo post.

Se puede decir con total seguridad que es Cristóbal Colón el introductor e iniciador del tráfico de esclavos naturales de las Nuevas Tierras hacia España cuando en su viaje de descubrimiento en 1492 toma el domingo 14 siete indios para que le hagan de intérpretes y pilotos por las Antillas[1]. De ellos hace referencia en su diario[2] el domingo 14 de octubre. En él podemos leer:

De siete que yo hize tomar para les llevar y deprender nuestra fabla y bolvellos. Salvo que Vuestras Altezas quando mandaren puédenlos todos llevar a Castilla o tenellos en la misma isla captivos, porque con çinqüenta hombres los ternán todos sojuzgados, y los harán hazer todo lo que quisieren. (…)”

Por tanto, se puede deducir que las Antillas, el lugar de llegada de los primeros descubridores, fueron el punto de inicio de la esclavitud india. El problema residía en que los minerales que tanto anhelaban los conquistadores eran más bien escasos o de bajo valor. Decimos problema porque esta escasez fue compensada con el valor de la población que allí habitaba, una densa población aborigen. Esto fue un motivo más que suficiente para considerar a los naturales mercancía exótica que se vendería para pagar los costos de los viajes realizados y más aún.

Se calcula que en aquella época en la Española existían unos 100.000  indios tahínos, los cuales dieciséis años después del descubrimiento se habían reducido a 60.000 y en 1514 solamente quedaban 30.000. Este cálculo se pondría en duda ya que si tenemos en cuenta la extensión de las islas de las Antillas, la población por metro cuadrado sería excesiva para su tamaño, a lo que se añade que según la descripción dada en distintas relaciones de viajes, los poblados estaban separados entre sí y su población era la perteneciente a diez o veinte casas a lo sumo.

En el último cuarto del siglo XVI, a pesar de estar ya más que vigentes las Leyes de Burgos-Valladolid, esta población se había reducido por las condiciones de vida impuestas por la esclavitud a 500 personas. Este descenso propició la entrada en masa de población africana como mano de obra esclava en el entramado comercial que tenían montadas las distintas coronas en el territorio americano[3].

El declive de población indígena fue una consecuencia directa de la llegada de los colonos españoles y su utilización en un principio para el comercio, y posteriormente, para el trabajo de la tierra. Sin embargo, no debemos entender su utilización para el comercio en cuanto a la venta esclavos se refiere, sino a la utilización de su inocencia para conseguir algo provechoso del territorio como Cristóbal Colón había comenzado a hacer. El ejemplo sería seguido por los siguientes conquistadores como Cristóbal-Guerra en 1499, viaje en el que consiguen hacer un trueque masivo de perlas con los naturales entregándoles cosas de poco valor.

Se podría diferenciar de esta manera dos tipos de esclavitud dentro de la política esclavista indígena iniciada: una mano de obra que sería la propicia para el abastecimiento, logística de la colonización por ser los conocedores del nuevo territorio español y de servidumbre en el continente en granjerías o minas[4]; y por otro lado, un producto dirigido al exterior como una mercancía exótica más que como mano de obra. Habrían establecido una economía circular  entre América y África, y cuyo centro receptor era Europa.

El rápido descenso de mano de obra por enfermedades, agotamiento, etc…produjo un gran debate con múltiples corrientes de opinión, en el cual se culpó a los descubridores y conquistadores, por entonces encomenderos, de la situación en el Nuevo Mundo, y se exigió que se dictasen unas leyes que protegiesen a los naturales de la codicia comercial[5].

Antonio de Montesinos es el claro ejemplo de denunciador de la situación que los indígenas están viviendo:

Todos estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía con que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estas indios?, ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados… por sacar y adquirir oro cada día…¿No son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? (…)”

Las islas y sus habitantes, como dictaba la ley, eran de propiedad del rey por derecho de guerra o iure belli y derecho de gentes respectivamente, además de contar con la bula papal que así lo confirmaba como dueño y señor, y que sería contrarrestado por el derecho natural en las posteriores discusiones que tuvieron lugar en la Junta de Burgos de 1512.

Se resolvió que la esclavitud india no estaba justificada en cuanto que los indígenas habían vivido en total aislamiento y desconocimiento de la fe cristiana, lo que legitimaba su defensa  y resistencia al atacante a diferencia de los infieles árabes. De modo que los indios pasarían a considerarse infiles de segundo grado.

A partir de entonces la esclavitud india se justificó con el rechazo a la fe cristiana que les amparaba y que si ellos denostaban o después de aceptarla se rebelaban contra ella, los españoles podían hacer la guerra y esclavizarles mediante la “guerra justa”. El jurista elegido por el rey, Juan de Palacios Rubios López, así lo certificó a la hora de hacer los tratados correspondientes en su Notificación y requerimiento que se ha de hacer a los moradores de las Islas e tierra firme del mar océano que aún no están sujetos a nuestro Señor:

“…Si no lo hiciéredes, o en ello dilación maliciosamente pusiéredes, certifico que, con la ayuda de Dios, yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré la guerra por todas las partes y maneras que yo pudiere, y vos sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y Sus Altezas y tomaré vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé y dispondré dellos como Su Alteza mandare, y vos tomaré vuestros bienes, y vos haré todos los males y daños que pudiere, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su Señor, y le resisten y contradicen, y protesto que las muertes y daños que dello se recrecieren sean a vuestra culpa y no de Su Alteza ni mía ni destos caballeros que conmigo vienen…”

Este tratado plasmado en Las Leyes de Burgos y Valladolid favoreció la disminución de la economía esclavista indígena que la Corona española había montado en los territorios descubiertos, aunque se debe tener en cuenta que los españoles habían reconocido ya la debilidad del indio en los usos para los que ellos requerían y de ahí que introdujesen a esclavos negros, y que los conquistadores preferían a indios a su servicio personal antes que el tráfico mercantil ya que podían ayudarles en el reconocimiento del terreno y recursos.

[1] J. VARELA: La organización de los grandes descubrimientos de América…[]

[2] J. VARELA MARCOS, J. MANUEL FRADEJAS: El diario de Cristóbal Colón, Valladolid, 2006, pp. 41.

[3]   MELLAFE, R: Introducción de la esclavitud negra en Chile, Chile, 1984.

[4] Vid el sistema de minas en C. MENA GARCÍA: El oro del Darién. Entradas y cabalgadas en la conquista de Tierra Firme (1509-1526), Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, CISC, 2011.

[5] Mª L. MARTÍNEZ DE SALINAS ALONSO, A. SAGARRA GAMAZO, Mª M. LEÓN GUERRERO: Las leyes de Burgos y Valladolid. Historia y contexto, Valladolid, 2012.