Igualdad en la diferencia

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Por desgracia vivimos en un mundo tendente a la homogeneización generalizada. No sólo los grandes rasgos de las formas de hacer política tanto interna como externa, el devenir económico del mundo, las relaciones sociales estandarizadas y tristemente la creación del conocimiento en instituciones académicas. También tiende a la generalización las formas de sentir, de percibir, de amar… matando la ritualidad que gira en torno a los ritmos únicos de cada persona, pueblo y nación. Yo crecí ajeno a esta realidad, por pura ignorancia, en mi educación no entraba la posibilidad de que otras personas pudieran realmente entender y sentir diferente de mi o que mi propia forma de vivir estaba siendo transformada poco a poco hacía una estandarización global, que hoy veo muy evidente. Por desgracia en España no se enseña mucho sobre América Latina, a pesar de los lazos que nos unen, más allá de la mera anécdota histórica.

Como a tanta gente, este maravilloso territorio que es América Latina entró por mis ojos gracias a la literatura del uruguayo Eduardo Galeano, gran contador de historias. Siendo siempre figura recurrente en mi sentir para con la realidad que vivo aquí. Y tiene este autor muchas grandes frases e historias que podrían servir de inspiración… pero me gustaría recalcar especialmente dos. La primera frase sería:

 “El mundo está preñado de munditos”

Esta simple frase como axioma universal rompe los esquemas mentales tan reducidos que tristemente tenemos. Y como una constelación de munditos se construye el universo indígena, encubierto por cientos de años de historia hecha desde fuera, desde lo ajeno. La historia de América Latina es la historia de un mestizaje entre culturas y pueblos. Un mestizaje que nació, como casi todo mestizaje, con violencia y dominación. Basándonos en el razonamiento de que tras la violencia (todo tipo de violencia, no solo física) y la dominación se asienta una matriz nueva, podemos hablar que el proceso de mestizaje en América Latina está inacabado. Y en la periferia de ese mestizaje los indígenas sobrevivieron y permanecieron escondidos haciendo perdurar en los rincones de la memoria sus saberes y prácticas. Ese encubrimiento forzoso supuso masacres, esclavitud, negación, marginación y la desaparición de cientos de pueblos. Y como hablé antes, proceso que sigue hoy en día, con esa tendencia homogeneizadora mundial donde esos pueblos extraños en su propia tierra, no tienen hueco. Este es un hecho bien conocido, siendo por ejemplo Brasil uno de los lugares donde el proyecto de mestizaje estaba teniendo más éxito. El gobierno brasileño y los grandes ingenieros de la “brasilidade” hasta hace 30 años pensaban que los pueblos indígenas desaparecerían para siempre del Brasil. Siendo este, hoy en día considerado triste, acontecimiento celebrado como el triunfo definitivo en la construcción del país utópico que los portugueses habían comenzado quinientos años atrás. La desaparición de los pueblos indígenas no tiene porque ser necesariamente física, basta con dejar de ser indígena. Para ello la hegemonía tiene que medrar y crecer dentro del sentir de las gentes. Tiene que formar parte intrínseca de los pueblos dominados, que sea una hegemonía total que vaya más allá de lo consciente y lo político. Para daros un ejemplo de lo que hablo contaré una anécdota que un compañero investigador llamado Juan Álvaro Echeverri  que trabaja con etnoeducación y educación bilingüe intercultural en Colombia y que comenta en un trabajo suyo. Él cuenta como visitando el Putumayo, una región de la Amazonía colombiana, llegó a la casita de una familia indígena. Allí le ofrecieron de comer y beber, y mientras hacían esto charlaban, preocupándose sobre la situación familiar. Viendo que las hijas de la mujer estaban haciendo las tareas para la escuela se acercó a verlas. La mujer comentó “A la mayor no le gusta la escuela, es muy perezosa, ésa va a ser la chagrera; en cambio a la menor le gusta mucho leer y siempre le pregunta al papá las palabras que no entiende, ésa va a ser la secretaria.” Como el propio compañero señala en su trabajo la niña menor sonreía de satisfacción ante este juicio, mientras la mayor, seria, aceptaba impotente su destino de chagrera, es decir, de mujer indígena que tiene que trabajar duramente, que huele a yuca brava, tiznada de tierra y carbón. Una secretaria, en cambio, es una mujer de ciudad, una mujer limpia, bien vestida, instruida, que gana sueldo y que sabe escribir. Esta anécdota que cuenta el compañero la viví de primera mano cuando yo mismo visitando comunidades indígenas en la Amazonía ecuatoriana comprobé que la misma educación bilingüe y étnica que los jóvenes indígenas recibían fomentaba que la mejor opción de futuro para ellos era abandonar las comunidades y emigrar a las ciudades para tener una vida digna. En mi inocencia me enfadé y decepcioné con los propios indígenas al creer yo que estaban vendiendo su forma de vida ancestral de una forma gratuita y rindiéndose ante las seductoras promesas de la modernidad. Ahora entiendo que la realidad va más allá de ese simple juicio. La hegemonía entendida como un concepto gramsciano pone en cuestión una noción que se da por sentada en los rimbombantes discursos “multiétnicos y pluriculturales” que buscan el reconocimiento de derechos y la exposición de reivindicaciones: la noción de “culturas” autónomas y su “articulación” a “la sociedad mayor”, en este caso “Occidente”. Porque el concepto de hegemonía enfoca la atención no en las maneras como una sociedad o grupo dominante orquesta los mecanismos o estructuras de dominación sobre otros grupos, sino en las manera como la sumisión y la vergüenza operan internamente, en lo íntimo de la conciencia de individuos que tienen que actuar dentro de relaciones sociales contradictorias generadas por situaciones específicas de dominación. Lo que esa escena nos revela es una situación de hegemonía cultural tan consumada que está enraizada en el corazón de esas niñas y de esa madre, y que ellas ratifican aún antes del umbral de su conciencia. Esa es la amenaza más peligrosa, cuando la hegemonía forma parte interna del ser de los pueblos dominados, en este caso el indígena, y que trabaja desde dentro para minar todos esos munditos que componen el mundo. La segunda frase de Eduardo Galeano que me impactó en su momento y que me inspira a la hora de estudiar a los pueblos indígenas va íntimamente ligado a su lucha, así como a la lucha de todos los pueblos del mundo.

“Hay quienes creen que el destino descansa en la rodilla de los dioses, pero la verdad que trabaja, como un desafío candente, en la conciencia de los hombres”.

f-8111Me gusta pensar que esta frase versa sobre la responsabilidad de la sociedad en los cambios que se operan en la misma. Quejarse de la situación social y responder con inmovilismo o conformismo es de un paradójico insultante. Esta situación tradicional a las sociedades humanas se ve hoy agudizada por el crecimiento exponencial de métodos cada vez más eficaces y sutiles de control y anestesia social junto con la falta de alternativas y la pérdida de fe en el modelo vigente.  Desde mi punto de vista los pueblos indígenas, como matriz desterrada, apartada y encubierta, podrían optar a un papel protagónico en la emancipación social del sur epistemológico. Incluido el ser ejemplo también para el sur encubierto en el norte imperial (siempre haciendo referencia a la terminología de don Boaventura da Souza). Esto quiere decir que los pueblos indígenas basando su fuerza en un pasado y un presente que les ha obligado a fortalecer su memoria deberían estar presentes en los cambios sociales, políticos y económicos que afectan a América Latina, y quién sabe, tal vez ser u
n ejemplo para el mundo.

20130801_celsias1Esto que hablo no es algo nuevo, ya surgió en otros países de mayoría indígena como es el caso boliviano. Allí una ley fue aprobada en 2012 llamada “Ley de la Madre Tierra y desarrollo integral para vivir bien”, donde se reconoce los derechos de la tierra como ser vivo, tal y como la cosmovisión indígena dicta. Este es un paso enorme ya que atentar contra la naturaleza en Bolivia no es atentar contra una ley del estado como en el resto del mundo, se está atentando contra un sujeto de derecho pleno.

Esta ley redefine las riquezas minerales del país como “bendiciones” y propone radicales medidas de conservación para reducir la contaminación y controlar la industria. Además, otorga 14 derechos básicos a la naturaleza, entre ellos a la vida; a continuar ciclos vitales y procesos libre de la alteración humana; al aire limpio y al agua pura; al equilibrio; a no ser contaminada; a no tener su estructura celular contaminada o alterada genéticamente.

Según la norma, un derecho no puede materializarse sin los otros o no puede estar sobre los otros, implicando la interdependencia y apoyo mutuo de una gama de garantías, que incluyen los de la “Madre Tierra”; de las naciones y pueblos indígenas. Otros derechos abarcan los de la población urbana y rural a vivir en una sociedad justa, equitativa y solidaria sin pobreza. Además, las funciones ambientales y procesos naturales de los componentes y sistemas de vida de la ‘Madre Tierra’ no son considerados como mercancías sino como “dones de la sagrada Madre Tierra”. El Estado y cualquier persona individual o colectiva, según la nueva ley, se obliga a prevenir y evitar de manera oportuna y eficiente daños al ambiente, la biodiversidad, la salud humana y los valores culturales intangibles, sin que se pueda omitir o postergar el cumplimiento de esta obligación  por falta de certeza científica o recursos.

Otro deber es que el Estado y cualquier persona individual, colectiva o comunitaria que ocasione daños de forma accidental o premeditada a los componentes y zonas de vida de la Tierra, está obligada a realizar una integral y efectiva restauración o rehabilitación de las mismas, de manera que se aproximen a las condiciones preexistentes al daño.

Otro caso interesante donde los indígenas comprenden una buena parte de la población y que gracias a su buena organización disfrutan de amplio peso en la política y la sociedad es el de Ecuador. Los movimientos indígenas consiguieron introducir el término del Sumak Kawsay o buen vivir, que es un concepto común al mundo andino (en Bolivia el Sumak Qamaña). En la constitución de Ecuador viene así:

  •   Art. 14. Se reconoce el derecho de la población a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, que garantice la sostenibilidad y el buen vivir, sumak kawsay.
  • Art. 275. El Buen Vivir requerirá que las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades gocen efectivamente de sus derechos, y ejerzan responsabilidades en el marco de la interculturalidad, del respeto a sus diversidades, y de la convivencia armónica con la naturaleza.

 buen vivir 2Estos son solo dos ejemplos significativos de la multitud de alternativas que están surgiendo en toda América Latina desde los pueblos indígenas. Lo que falta es que la sociedad tome conciencia de su existencia, no solo de sus reivindicaciones sino también de sus propuestas por una sociedad mejor. Dar espacio en la sociedad a las propuestas que vengan de otras epistemologías supondría construir a través del propio vivir. Como digo, introducir ciertas prácticas y saberes indígenas como territorio por producir y no como tierra por descubrir (lo cual es demasiadas veces sinónimo de conquista). Visto desde mi subjetividad, estas nociones (como el Sumak Kawsay) representa una alternativa respecto a la Europa de la crisis. La dimensión del Sumak Kawsay como práctica constituyente en América Latina más allá de lo público y de lo privado es tanto la afirmación de un proyecto anti-neoliberal inscrita en la complejidad del escenario regional latinoamericano de los últimos veinte años, como una fuerza crítica respecto a la tradición moderna y social-democrática del bienestar euroatlántico, donde el bien común está siempre sujeto a la autoridad racional del Estado. Una autoridad racional que muchas veces obedece a las lógicas del mercado capitalista que no entiende de humanidad.

¿Es posible que los pueblos indígenas en América Latina, siendo en general una amplia minoría, puedan ser motor de cambio en la sociedad?

Hablando honestamente, en la situación actual es un tanto utópico contemplar esta posibilidad, aunque sería la ideal. Para ello, los pueblos indígenas tendrían que superar una serie de desafíos muy complejos que les permitiese comprender mejor los mecanismos de la sociedad y les otorgase visibilidad. El primero de los grandes desafíos y que muchos movimientos indígenas están en proceso de superar es el del victimismo. Recordar el pasado es siempre importante y no sólo por como se dice “recordar la historia para no volverla a repetir”, es importante porque a través de la memoria puede entenderse el presente y se pueden afrontar mejor los desafíos del futuro. Más aún para los pueblos indígenas ya que para muchos de ellos el tiempo no es lineal sino que esta todo entrelazado y en el pasado se puede discernir el futuro.

El victimismo visto como una piedra en el zapato, como un lastre que impide mirar hacia delante porque solo se tienen ojos hacia atrás. Adoptar una actitud de víctima hacia un hecho pasado acarrea una actitud de conformismo y pesimismo que mata toda intencionalidad, toda motivación. El victimismo aviva los estereotipos y ayuda a crear una invisibilidad autoimpuesta donde ellos mismos aceptan el rol de conquistados y sometidos que una historia hecha desde los vencedores les impone. También el victimismo genera odio y demonización del otro, que bloquea el camino al reconocimiento de uno mismo como lo que es y no como un producto definitivo de la historia. Demonizar al otro, en este caso a Occidente, conlleva una falta de diálogo y aprendizaje que los pueblos indígenas no pueden permitirse. Es más, desde mi punto de vista los pueblos indígenas, los eternos sometidos, tienen que ser ejemplo de diálogo, horizontalidad, responsabilidad e interés. Con esta actitud mostraría la madurez y legitimidad que a Occidente le falta y tiene que suplir con violencia y agresividad.

La hegemonía, como comenté antes, permanece en el interior de las personas subyugadas. Para estos colectivos que de una forma sutil pero constante, siente vergüenza de sus tradiciones, corren el peligro de la histórica seducción del mundo occidental (como dice el intelectual indígena brasileiro Gersem Baniwa, se estigmatiza en la figura del espejo de Cabral, osea el espejo que los europeos ofrecían a los indígenas a cambio de sus riquezas). La ilusión de un ideal de vida encima del bien y del mal del mundo moderno, basado en el supuesto poderío de la tecnología y de la economía de la acumulación e individualismo, seduce a los pueblos indígenas y deja atónitos sus propios horizontes socio-culturales. La promesa de la felicidad posible, accesible por medio de la competición, de la competitividad y de la concentración individual de riqueza y poder pasa a competir con el ideal de vida basado en el bienestar social colectivo, en el cual la hospitalidad, la generosidad y la igualdad de oportunidades y de valores de vida son bienes primordiales.

Por otro lado, la misma sociedad tendría que cambiar hacia una sociedad más tolerante y respetuosa, y sobre todo que acepte que no todo lo que aprendieron de pequeños de cómo tiene que estar organizado el mundo y sus países tiene que ser necesariamente inmutable. Aparte y principalmente, dado el escaso número que los indígenas representan en muchos países de América Latina y que por sí solos no podrían representar una fuerza política considerable, tendría que aparecer un partido político que integre el discurso indígena en sus líneas de actuación. Los partidos políticos en su gran mayoría, son generalizadores y extienden la problemática a todos los grupos sociales y étnicos ofreciendo en la mayoría de los casos una solución también generalizadora y por tanto, encubridora y negadora de la diferencia. Por tanto, los propios partidos deberían cambiar sus nociones de integración y reforma.

Los pueblos indígenas tienen muchos conceptos que la sociedad occidental donde se engloba a América Latina, deberían introducir para generar una sociedad que supere la multiculturalidad para andar los caminos de la interculturalidad. Comprender la naturaleza como un ser vivo al que el ser humano tiene que cuidar con reverencia y observar como una bendición, que los valores que ensalcen la colectividad sean más importantes que los que ensalcen la individualidad, la solidaridad por encima del enriquecimiento, la horizontalidad que sustituya la verticalidad, espiritualidad, ritualidad y ritmos más calmados que nos hagan disfrutar más de los tiempos de la vida, etc. Son solo algunos de los conceptos que los pueblos indígenas de América Latina tienen para ofrecer en la articulación de los estados que afrontan la crisis del sistema capitalista y neoliberal global como expresión de extrema decadencia de la Modernidad.

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En cuanto el camino de los pueblos indígenas, lo dejo en palabras de Gersem Baniwa:

Por fim, o grande desafio dos povos indígenas é como garantir definitivamente e em determinadas condições sociojurídicas ou de ciudadanía o seu espaço na sociedade brasileira contemporânea, sem necessidade de abrir mão do que lhe é próprio: as culturas, as tradições, os conhecimentos e os valores.