El héroe del Brasil contemporáneo

La presencia de Cándido Mariano da Silva Rondon en todo Brasil es constante: calles, avenidas y escuelas se llaman como él en ciudades, pueblos y regiones. El estado de Rondônia lleva su nombre, en su recuerdo Marechal Cândido Rondon es un municipio de Pará, otro municipio es Rondonópolis en Mato Grosso y también su pueblo de nacimiento, Santo Antônio de Leverger, tiene como lema “Terra do Marechal Rondon”. Cándido Rondon es el patrón nacional de las telecomunicaciones de Brasil y el 5 de mayo se celebra en su honor, su nombre está grabado en el Panteón de los Héroes de la Democracia y de la Libertad en Brasilia y en el hall of fame de la American Geographical Society de Nueva York como uno de los mayores exploradores de todos los tiempos, que con sus esfuerzos, hizo el mundo más accesible rellenando los vacíos de los vastos interiores amazónicos en los mapas de todo el mundo.

Considerado el héroe del cambio de siglo, Rondon abanderó la llegada de Brasil al siglo XX. Pero ¿Quién era? Desconocido más allá de las fronteras brasileñas y relativamente desconocido entre la mayoría de la población de su propio país, el mariscal Rondon se yergue como una figura de referencia para grupos y estamentos tan diferenciados, y tal vez enfrentados, como es el cuerpo militar y los pueblos indígenas.

Descendiente de nativos amazónicos, con sangre Bororó, Terena y Guará, Rondon era un caboclo (indígenas destribalizados y mestizos con fuerte influencia indígena) que nació en 1865 en el ya mencionado municipio de Santo Antonio de Leverger en el actual estado de Mato Grosso. Desde pequeño vivió la influencia de su sangre indígena pero también el necesitado patriotismo que los gobiernos brasileños implantaban a partir de las misiones religiosas y militares en las despobladas e incivilizadas fronteras de la nación. Al quedar huérfano en edad temprana y tras ser criado por parientes, Rondon decidió, aún adolescente, ir para Rio de Janeiro y entrar en la Escuela de Guerra, ya que no solo era gratis estudiar, sino que pagaban un pequeño sueldo.

Durante estos duros años de sobrevivir, Rondon (nombre que asume por parte del abuelo paterno, para no ser más llamado Cândido Mariano) va asumiendo los preceptos militares como el amor por la patria y el desarrollo, que unido a su capacidad y ansias de aventura, le llevaron ya a soñar con hacer llegar la civilización a su tierra natal. Su protagonismo e influencia en su entorno, a edad temprana, era cada vez mayor. Metido en movimientos abolicionistas y republicanos, estuvo presente el 15 de noviembre de 1889 cuando Deodoro da Fonseca proclamó la República y acabó con el Imperio. Algunas fuentes apuntan a su activa participación en el proceso, al estar en el ambiente de Benjamin Constant.

Humanista, asimiló profundamente los principios del positivismo (uniéndose a la Iglesia del Positivismo en 1898), su empeño y arrojo le llevaron a acompañar al Mayor Antônio Ernesto Gomes Carneiro como alférez en su misión de extender las líneas telegráficas por el vasto e inexplorado interior brasileño, labor que se convertiría en su máxima vocación.

Al trabajar en Mato Grosso de 1890 a 1895 ayudando a dirigir los trabajos, observó preocupado el choque continuo con las tribus indígenas locales que llevaban siempre a una serie de enfrentamientos donde los nativos solían salir perdiendo. Preocupado ante tal situación, ideó una metodología que le permitiese, no solo no chocar con los pueblos indígenas sino demostrar que era posible mantener relaciones amistosas con ellos y ayudarles a desarrollarse. Consiguiendo, gracias a esto, pacificar y aliarse con los beligerantes bororós, que terminaron ayudándole en los trabajos que su proyecto exigía.

Durante este tiempo colaboró en la construcción de la carretera entre Mato Grosso y Goiás, al mismo tiempo que conectaba ambos estados por diversos cables telegráficos. Con el interés de trabajar duro para integrar el Centro Oeste brasileño (considerada una región totalmente aislada) con el resto del país.

Su momento llegó cuando se le pidió liderar una expedición que conectase las líneas telegráficas de Cuiabá (capital de Mato Grosso) con Corumbá en la frontera con Bolivia/Paraguay. Labor que realizó con éxito entre 1900 y 1906, y que supuso la conexión con las comunicaciones más avanzadas de su época, con los países vecinos a través de una frontera porosa y salvaje. Su trabajo fue arduo e incesante, abrió caminos y carreteras, construyó líneas telegráficas, mapeando el terreno, descubriendo y dando nombre a ríos y sobre todo manteniendo buenas relaciones con los pueblos indígenas. Quería demostrar a toda costa que la agresividad de los nativos nacía de la soberbia con la cual los blancos invadían sus tierras.

En 1907 se le designó jefe de una expedición que conectase Cuiabá con Santo Antônio do Rio Madeira (hoy en día un barrio de Porto Velho en Rondônia), trabajos que se alargaron hasta 1915. Durante esta época ya era una celebridad entre militares y políticos, tanto que el proyecto llevó el nombre de Comisión Rondon y que junto con la construcción de la línea férrea que unía los ríos Maimoré (en la frontera con Bolivia) y Madeira, integró toda la región que se convertiría en el futuro, en el estado de Rondônia.

Fue durante esta expedición que su figura alcanzó el estatus de leyenda viva. Los indígenas nhambiaquarás, conocidos por su fiereza y por masacrar a todos los blancos que encontraban, habían ya ahuyentado y repelido varios grupos de la expedición. Rondon en persona sufrió un ataque de estos nativos conocidos por envenenar sus flechas. Durante el ataque, se mantuvo firme conteniendo a sus tropas para que no disparasen y comenzasen una masacre. Al retirarse los indígenas sin que hubieran recibido un solo disparo por parte de los militares dirigidos por Rondon, este descubrió que se había salvado de una muerte segura cuando notó que una flecha se había quedado incrustada en la funda de su rifle. Peor suerte recibió su famoso perro de caza, llamado Rio Negro, atravesado por un proyectil. Al poco los nhambiquarás entablaron amistad con tan prodigioso hombre blanco que prodigaba un valor nunca visto antes. Ese día nacía la leyenda y su más famoso lema en relación a los pueblos indígenas: Morrer se preciso for, matar nunca (morir si fuese preciso, matar nunca).

Por si fuera poco, en mayo de 1909 decidió llevar una expedición hacía el río Madeira y cartografiar aquella zona desde el norte de Mato Grosso. Queriendo pasar por un río que el mismo había descubierto, el Juruena, acabaron todas las provisiones y perdieron todo contacto con el resto del país. A partir de ahí comienza una epopeya, donde los hombres de Rondon estuvieron sobreviviendo a partir de lo que la propia selva proveía y de intercambios con poblaciones nativas jamás contactadas. Durante el trayecto, descubrieron un río, que creyeron no conocido y al que llamaron río de la Duda. Teniendo que esperar para poder construir unas canoas que le permitiesen continuar por las vías fluviales de la Amazonía, la expedición alcanzó su objetivo a finales de año, después de ocho años de luchar contra la soledad infinita del corazón del mundo. Él y sus hombres fueron recibidos como héroes.

A partir de sus experiencias con las poblaciones indígenas y la novedad de sus metodología de acercamiento y pacificación basada en el entendimiento y la amistad, se pidió a Rondon que presidiera el Servicio de Protección al Indio (SPI) fundado en 1910. Este nuevo organismo gubernamental tenía como objetivo contactar, pacificar, proteger y ayudar en la integración en la sociedad nacional a los pueblos indígenas de todas las regiones del país. En la mentalidad de la época, se creía que la civilización y el desarrollo era un camino lineal y progresivo. Para los intelectuales del mundo occidental, en el cual Rondon se enmarca, los pobres pueblos indígenas vivían en estados atrasados de desarrollo. El SPI quiso acompañar y tutelar a los pueblos indígenas en este viaje, para poder convertirlos en trabajadores y campesinos integrados a los ritmos de la sociedad nacional. En poco menos de dos años, pacificó e integró a los botocudos del río Doce en Minas Gerais (1911) y a los agresivos kaingang del norte de São Paulo (1912) que estaban impidiendo el avance del ferrocarril y la industria cafetera y ganadera en la región.

En 1914 es llamado desde Rio de Janeiro para ayudar en la organización de una expedición donde participaría el propio Theodore Roosevelt, el expresidente de los EEUU (1901-1909). Rondon propuso que la expedición (conocida como Expedición Científica Roosevelt-Rondon) llevara a cabo la exploración y mapeamiento del río de la Duda, que tantos quebraderos de cabeza le dio en aquella vieja expedición de 1909. El viaje fue un éxito y durante el mismo, el río pasó a llamarse río Roosevelt. La aventura fue dura, quedándose sin alimentos y padeciendo enfermedades e infecciones, incluso el expresidente, contrajo malaria, enfermedad que le llevaría poco a poco a un deterioro paulatino de su salud hasta su muerte. A su vez, Rondon recibió a causa de esta colaboración el premio Livingstone de la American Geographical Society de Nueva York.

Expedición de Roosevelt por América del Sur, incluyendo el trayecto realizado con Rondon.

Pero para Rondon no existía descanso, ese mismo año y apenas reponiéndose de la dura expedición, participó de la pacificación de los Xokleng en Santa Catarina. A partir de aquí, dedicándose a su labor como indigenista, consiguió contactar y establecer relaciones con los Umotina en las confluencias de los ríos Sepotuba y Paraguay (1918), Parintintim del Madeira (1922) en Mato Grosso, y los Urubu en el río Gurupi en la frontera entre Pará y Maranhão (1928). El tiempo dedicado a su labor como presidente del SPI no le impidió participar y dirigir proyectos personales o encargados por el gobierno brasileño, como la inmensa labor de inspección de las fronteras de Brasil. Encargo que hizo sin rechistar desde 1927 hasta 1930, recorriendo el borde brasileño desde las Guayanas hasta Argentina.

Su presencia era requerida en todas partes para legitimar los cambios políticos, sin embargo al negarse a apoyar la revolución de 1930 fue encarcelado, por un breve periodo, por parte del gobierno de Getulio Vargas, intentado posteriormente apartarlo de la vida pública. A pesar de él mismo dejar el cargo de presidente del SPI ese mismo año, que recuperaría en 1939, siguió en activo dada su fama mundial. Por ejemplo cuando, en misión diplomática, ayudó a restablecer la paz entre Perú y Colombia en sus fronteras amazónicas.

La relación entre Rondon y el gobierno Vargas, radicalizado a partir del golpe de Estado que le llevó a establecer el Estado Novo en 1937, se suavizó cuando Rondon vio con buenos ojos el proyecto de colonización del Centro-Oeste brasileño (región donde hoy está Brasilia, Goiás, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul) de la expedición Roncador-Xingú, llamado popularmente La Gran Marcha para el Oeste. El objetivo era abrir caminos y fundar ciudades en esa región abandonada y olvidada del centro de Brasil. Ayudando en su planificación, Rondon participó activamente con el SPI en la pacificación de los celebres xavantes, grupo indígena famoso por su capacidad de lucha y resistencia. Pasaba ya los ochenta años de vida.

En los últimos años de su vida, cuando ya rondaba los noventa, Rondon se dedicó a afianzar su legado. En 1952 presentó el proyecto del Parque Indígena del Xingú con la intención de preservar la flora, fauna y culturas indígenas de la zona, como un recuerdo del Brasil antes de la llegada de los europeos. Proyecto que no se materializó hasta 1961 y que gracias al esfuerzo de los famosos hermanos Vilas Boas, se mantuvo en el tiempo. En 1953 ayudó a Darcy Ribeiro, otro famoso antropólogo, a fundar y crear el Museo del Indio en Rio de Janeiro, institución pionera en su época y que hoy en día funciona como un potente archivo indigenista. El 5 de mayo de 1955, el día que cumplía 90 años, es nombrado mariscal, en 1956 nace el estado de Rondônia en su honor y en 1957 es propuesto al Nobel de la Paz por el Explorer’s Club de Nueva York.

Tras recorrer más de 100.000 kilómetros, descubrir ríos y regiones, establecer relaciones con presentes y aprendiendo sus lenguas con pueblos indígenas jamás contactados, conectar al mundo a través del telégrafo a las regiones más recónditas de Brasil, descubrir animales y plantas en expediciones científicas y sirviendo de inspiración a miles de antropólogos, aventureros, políticos y militares, Rondon dejaba el mundo que había contribuido a hacer más pequeño tras una vida fascinante, el 19 de enero de 1958, cuando contaba con 92 años.