Glaciares y cambio climático en el cono sur

downloadpdfDesde distintas organizaciones y plataformas sociales y políticas hace más de una década que venimos advirtiendo la necesidad de poner a los glaciares andinos en el centro de la preocupación científica y de los gobiernos en el cono sur. Esto por su carácter estratégico como moderadores del clima, fundamentales en la dotación de agua para las ciudades, la agricultura, la industria y la mantención de la vida y los ecosistemas en todas sus formas.

Los avances en información científica, que incluye la clasificación e inventarios de glaciares, el retroceso acelerado de los mismos y el recalentamiento de la atmósfera como consecuencia del cambio climático, ya son hechos incuestionables. Se trata de una tendencia que afecta a todos los glaciares de montaña del mundo (IPCC, 2001; Francou y Vincent, 2007) en magnitudes diferentes, ya no sólo se limita su afectación a la cordillera de Los Andes o a las zonas tropicales.

A pesar de lo anterior, la extrema vulnerabilidad ante el Cambio Climático de los glaciares andinos es un hecho innegable, así como la afectación antrópica a la que hemos sometido estos ecosistemas fundamentalmente por faenas mineras. Los estudios son claros y las evidencias hablan por sí solas. Los países de América Latina son altamente vulnerables al cambio climático y tendrán que soportar entre el 75% y el 80% de los costos y perjuicios asociados (CEPAL 2009). Asimismo, las proyecciones indican que la contribución relativa de la región a las emisiones de GEI ha ido en aumento, y que es necesario emprender reducciones importantes de las emisiones para limitar el aumento medio de la temperatura global a 2°C, que es el umbral crítico para la sostenibilidad de las condiciones que hasta hoy han permitido la vida en la tierra (ONU 2015).

Por tanto mantener una postura indolente sólo nos traerá consecuencias nefastas. El mes de julio de 2014 fue considerado como el mes más cálido del que se tenga registro y los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera superaron los 400 ppm por primera vez en miles de años. La posibilidad de limitar el aumento se está agotando rápidamente, aunque con acciones de gran alcance que favorezcan la transición a energías renovables y una relación armónica con la naturaleza antes del 2020 ello aún sería posible.

La desaparición de glaciares como el Chacaltaya, de la cordillera Real en Bolivia, el cual abastecía de agua potable a una parte importante de la ciudad de La Paz, la disminución del Glaciar San Francisco que abastece casi en un 70% a la ciudad de Santiago, o la desaparición de glaciares en Perú y Venezuela, requieren de acciones precautorias por parte de los gobiernos a través del desarrollo y la ejecución de estrategias de ordenamiento, adaptación y mitigación para controlar el retroceso y pérdida de los glaciares, y así atender los conflictos sociales relacionados con el acceso, uso y distribución del agua que se incrementaran. Las estrategias locales de adaptación deben incluir los saberes y conocimientos tradicionales y avanzar hacia sistemas de transición y desarrollo sustentable.

Este escenario crítico sin duda también es una oportunidad para avanzar en un marco conjunto de apoyo entre los países andinos que permita una mejor integración en estas materias, que son de interés estratégico, lo que permitiría instalar a la protección de los glaciares como un ejercicio conjunto de cooperación e integración para el cono sur y no como un factor de diputa y herencia bélica para las generaciones futuras.

Lo que dará viabilidad a este proceso, sin duda, es el trabajo de incidencia ciudadana. Ya que es desde este espacio y no desde los gobiernos ni la academia, que se ha puesto y construido una agenda sobre esta materia. Las luchas sociales que dan cuenta de esta afirmación existen en todos los países de América y muchas de ellas están ampliamente documentadas. En la otra vereda están los gobiernos de turno que generan las condiciones para que la industria minera, hidroeléctricas, forestales, entre otras, pueda explotar e instalen sus faenas en la alta cordillera destruyendo el patrimonio de todos. En este sentido, la emergencia climática, nos pone en la disyuntiva extrema de proteger estas reservas de vida, no tan solo para hoy sino en solidaridad intergeneracional con las futuras generaciones.

Los esfuerzos gubernamentales en la línea de normar y detener faenas industriales, principalmente mineras, en áreas peri-glaciares y de glaciares propiamente tal, con vista a alcanzar su protección, no han resultado fácil, ya que los intereses económicos, el tráfico de influencias y en cierta forma la criminalización de los movimientos ciudadanos en pro a paralizar proyectos mineros para proteger los glaciares, han jugado en contra.

En junio se cumplen casi siete meses desde la Cumbre por el Clima realizada en Paris, el 2015, donde los gobiernos -incluidos los del cono sur- comprometieron asumir de manera seria la cuestión climática. Hasta hoy en día, en la práctica, el tema no ha presentado grandes avances.

El argumento de los gobiernos del cono sur para no asumir una postura de vanguardia en esta materia es que no sería grandes contribuyentes de gases de efecto invernadero, lo que sumado a las bajas expectativas económicas y de crecimiento de la región, así como por la crisis política existente, han puesto el tema en una última prioridad.

El abordaje social en contraposición las propuestas gubernamentales que han ido tomando forma en las últimas décadas, y los escenarios futuros posibles y derivados de estas últimas negociaciones climáticas, serán temas a abordar en las siguientes publicaciones, ya que a mi modo de ver hoy constituyen ejes fundamentales desde donde pensar la lucha socioambiental.

Para citar este artículo: Villarroel, C. (2016). Glaciares y cambio climático en el cono sur. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales VI, pp. 51 – 52. Recuperado en: http://iberoamericasocial.com/glaciares-cambio-climatico-cono-sur