Etnografía dialógica y etnografía artística

En La Interpretación de las Culturas, Clifford Geertz inicia debatiendo las definiciones que Kluckhohn, en su libro Mirror for Man, hace del concepto de cultura como: el modo total de vida de un pueblo; el legado social que el individuo adquiere de su grupo; una manera de pensar, sentir y creer o un mecanismo de regulación normativo de la conducta. Frente a esto que Geertz llama “dispersión teórica”, propone siguiendo a Max Weber, que el ser humano es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido y por tanto la cultura es ese entramado de sentidos, de ahí que el análisis de la cultura no pueda perseguir la formulación o hallazgo de leyes sino la interpretación de sentidos. Lo que busca es la interpretación de expresiones sociales que son enigmáticas en su superficie. Esta tarea interpretativa en Antropología Social, opera a través de la etnografía; hacer etnografía para Geertz es un conjunto de acciones de especulación elaborada y remite al concepto de descripción densa elaborado por Ryle.

Ryle relaciona la descripción densa con la tarea de pensar-reflexionar y pensar-interpretar. Pero para Geertz eso es sólo el principio, cuando afirma que la etnografía es descripción densa, lo que realmente señala es que lo que encara el etnógrafo, es una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de ellas superpuestas o entrelazadas, que son al mismo tiempo, extrañas, irregulares, no explícitas, inconcebibles. El etnógrafo necesita captarlas, interpretarlas y explicarlas. Hacer etnografía es tratar de leer la cultura que es “un texto activo”, cambiante, complejo. La descripción densa es minuciosa, profunda, detenida y con un peso interpretativo.

Mi propuesta se basa en la idea de descripción densa, y busca avanzar  hacia un esfuerzo de reflexión conjunta en múltiples niveles. Esto implica una construcción dialógica y emergente, ya que a cada paso del trabajo de campo se van perfilando las necesidades de acción-conexión-interpretación.

En torno al arte como eje de la investigación, Geertz propone una Antropología interpretativa que busca romper las fronteras de los géneros, al plantear un vínculo directo tanto con la tradición hermenéutica de Paul Ricoeur como con la teoría literaria de Bajtín. Desde esta perspectiva la interpretación es un desenmascaramiento de lo real, es decir, encuentra el sentido de las cosas más allá de las formas y las expresiones.

En Geertz, texto, juego y drama son concepciones estéticas vinculadas a la producción artística. Hay un vínculo muy claro con James Clifford, pues ambos consideran que es posible plantear al arte como un documento primario para la investigación antropológica, y ambos retoman de Bajtín la idea de cultura como diálogo constante que da lugar a enunciados complejos que movilizan sentidos en una lógica social. Para Geertz eso constituye un entramado de sentidos y es por ello que considera a la cultura como un texto activo. En James Clifford, esta misma concepción da lugar a una propuesta metodológica concreta que él llama la “autoría múltiple”, o en otras palabras, la construcción del texto etnográfico a través de múltiples narrativas convergentes en torno a una problemática y sin disfrazarlas con la voz única del etnógrafo. Ambas propuestas traen consigo una nueva actitud epistemológica que reconoce que la base dialógica de las culturas hace posible hablar de zonas de contacto, que es un concepto de mayor movilidad que el de frontera, implica  a la vez, un desplazamiento y una afectación  entre quienes participan de esta zona. En algún sentido podríamos decir que se trata de un concepto tanto comunicativo como sociológico, dado que es en estas zonas de contacto donde emergen las traducciones que suponen procesos de interpretación y conversión de discursos y objetos.

En este punto es más evidente el vínculo con la obra de Bajtín  y su teoría dialógica. Este autor plantea que una obra al igual que un diálogo está orientada hacia la respuesta del otro. Y que el artista trabaja con la capacidad de comprensión de las audiencias. Esta cadena de propuestas y respuestas es lo que hace posible la vida social, donde las acciones desencadenan consecuencias y forman parte de la totalidad dialógica. Esta cadena también hace posible la ruptura con la idea de círculos cerrados como la alta cultura y la cultura popular, como el arte y las artesanías. De ahí que podamos hablar de imaginación dialógica, donde nuestras  representaciones están en contacto con los otros y en ese sentido transformándose y prefigurando respuestas. Es decir, hay un desplazamiento constante que ha sido acentuado por las formas sociales de la modernidad marcadas cada vez más por la interconexión, la velocidad y lo itinerante. Estamos inmersos en un juego entre lo familiar y lo extraño. Es ahí donde nuestra imaginación y capacidad creadora dialogan con los otros cercanos y lejanos.

El acercamiento teórico al concepto de imaginación creadora que es congruente con la idea de una etnografía dialógica proviene de la Fenomenología de Husserl, Merleau-Ponty y Bachelard; quienes coinciden en afirmar que no existe una fenomenología de la pasividad, pues la experiencia fenomenológica es siempre una participación, una toma de conciencia. Bachelard en La Poética de la ensoñación, afirma que toda toma de conciencia es un esfuerzo de la coherencia psíquica. La imaginación poética y la poética de la ensoñación, muestran actos vivos donde el sí mismo se transforma.  En este sentido, es posible pensar en una relación estrecha entre arte y ensoñación como dos aspectos del mismo proceso de toma de conciencia. Estas formas de expresión y representación tienen una determinante temporal, en el sentido de Husserl, pues ocurren siempre en un aquí y ahora. Los objetos artísticos son también objetos temporales, ahora bien, la producción de esta clase de objetos complejos encierra el enigma de los saberes y los aprendizajes implícitos tanto en el plano de su contenido como en su función social y en el sentido cultural que adquieren, al igual que en el efecto que producen.

Hacer una etnografía del proceso de producción y circulación de objetos artísticos, requiere de una perspectiva dialógica, pero además de ampliar o trascender “la definición restringida del arte”[1] Luis Camnitzer, afirma que el arte seguramente inició como una actividad comprensiva que abarcaba muchos campos del conocimiento y en consecuencia todo acto artístico era también un acto político y ético. En el análisis de Camnitzer, actualmente las definiciones restringidas del arte nos dejan únicamente con los objetos como productos de una disciplina, y al parecer es el libre juego del mercado lo que da prioridad a algunas expresiones sobre otras. Siguiendo los argumentos de este autor, tanto el mercado de arte capitalista como lo que ha sido la estética nacional socialista, revelan que en muchos casos el artista se convierte en un instrumento tecnocrático que sigue órdenes. Desde este punto de vista la enajenación puede corregirse por medio de un sistema de educación que permita la apropiación de los procesos de decisión. “Los intentos de tratar el conocimiento por medio de vías interdisciplinarias y transdisciplinarias, son pequeños pasos que ayudan a revelar estos procesos dado que sirven para comparar y para crear modelos estructurales y metafóricos”.

Al ampliar la definición del arte, desde el proceso etnográfico, necesariamente nos encontramos con la relación Antropología-Filosofía. El conocimiento filosófico es reflexión del ser humano sobre sí mismo y para poder captar la totalidad del ser es necesario estar en el presente. Martin Buber consideraba que el filósofo al estar en el presente se convierte en totalidad y por tal razón es posible que crezca en su pensamiento. Al vivir en el instante presente el filósofo logra captar y participar de la totalidad del ser en el cosmos. Buber avanzó en su argumentación para decir que el ser se encuentra entre lo finito y lo infinito y  que el asombro que experimenta frente a su sí mismo y el cosmos están en relación directa con la afirmación de Kant del ser como gran misterio. Esta necesidad de conocerse a sí mismo, desde la visión de Michel Foucault es una manera de sobreponerse a la estulticia  y es posible a través del cuidado de sí. Las sociedades disciplinarias que imponen el castigo y el aislamiento como formas de establecer el control y convertirnos en cuerpos dóciles, atacan directamente al ser y al conocer. “La estulticia es por lo tanto el otro polo de la práctica de uno mismo. Para salir de la ignorancia es necesario echar mano del cuidado de uno mismo…Qué quiere decir por lo tanto estulto. En primer lugar, apertura a las influencias del mundo exterior, recepción absolutamente acrítica de las representaciones. En segundo lugar, estulto es aquél que se dispersa en el tiempo, el que se deja llevar, el que no se ocupa de nada, el que deja que su vida discurra sin más. Su existencia transcurre sin memoria ni voluntad.” Para Foucault, la práctica de sí es una manera de conectar la voluntad con el sí mismo, y el cuidado de sí  es el placer de sí mismo.

La etnografía dialógica resitúa al etnógrafo como filósofo, la densidad etnográfica se refiere también al proceso vivido por el investigador,  a su voluntad de conocer. Hacer etnografía es también una forma de la práctica de sí, gracias  a la posibilidad de establecer una relación con el otro. La generación de conocimiento antropológico requiere de una actitud filosófica en la que el diálogo como proceso creativo, activa la memoria y permite el descubrimiento y el asombro. El proceso etnográfico, es siempre un proceso interdisciplinario: filosofía, arte y antropología, guardan relaciones muy estrechas que no podemos desconocer, ni mucho menos obviar. Es necesario abundar en el sentido dialógico y lúdico de la investigación antropológica.

Ahora bien, al mirar la escena artística contemporánea encontramos, un juego de representaciones en donde un objeto puede convertirse en arte si se presenta y funciona como tal. De acuerdo con  Arthur Dantó, es durante el siglo XX cuando comienza un distanciamiento de la idea clásica de la representación para acercarse a un concepto de arte vinculado con el análisis del propio lenguaje y de la naturaleza del arte. De tal manera que la actividad artística en el siglo XXI  se pueda convertir en una forma de filosofía. La pregunta por el sentido de la existencia humana sigue siendo vigente, pero entre las últimas décadas del siglo XX y el inicio del siglo XXI, la violencia se ha acrecentado y nos permite prefigurar que nuevas formas de guerra continuarán en el escenario actual.

La necesidad del arte sigue siendo una necesidad de sobrevivencia. Creer en el arte, puede ser un espacio de resistencia y de resguardo del equilibrio, frente al fanatismo que impregna los discursos de quienes han tomado en sus manos el derecho a la vida de los que habitamos este mundo. Hacer que el arte funcione como un laboratorio del lenguaje en el que sea posible imaginar formas diferentes y necesarias de respuesta frente a toda forma de violencia. Resistir y actuar artísticamente nos conduce a recuperar la aguda visión de Nietzche respecto a la genealogía de la moral, es decir que a principios del siglo XXI, seguimos necesitando liberarnos de la imposibilidad de ser. Sobreponernos al auto sacrificio y la autonegación para evitar el suicidio colectivo.

La aprehensión estética de la realidad cuando ésta está impregnada de múltiples formas de violencia, implica una tarea interpretativa. Si recordamos la definición que hace Herbert Read del acto estético como  el tomar posesión de un segmento descubierto de lo real, establecer sus dimensiones, su complejidad y definir o configurar sus formas o su expresión. Vemos la necesidad de vincular las habilidades del etnógrafo con las capacidades del artista y del filósofo. Surge así la posibilidad de actuar como Artista etnógrafo o como Etnógrafo artista.

Hacer Etnografía usando los recursos del arte, es mi propuesta central que he desarrollado en los últimos años y se deriva de mi anterior idea de una etnografía dialógica. Se trata de encontrar las intersecciones entre la mirada del etnógrafo y la mirada del artista. La propuesta metodológica parte del trabajo de campo, que en este caso está centrado en visualizar la dimensión poética de lo real. Visualizar quiere decir, hacer visible la forma múltiple de la ocurrencia de lo real, la calidad sensible, el tono, los matices; para que de esta manera otros puedan percibirlo a través de ti. A partir de las visualizaciones se elabora el registro etnográfico. El diario de campo se transforma, desde la doble perspectiva de una etnografía dialógica y artística, en  una herramienta de exploración literaria y plástica, en el cual tanto lo visual como lo verbal interactúan, y en donde pueden leerse esas múltiples narrativas, ese proceso de diálogo emprendido como base de la investigación etnográfica. Los apareceres, entre el recuerdo y la intensidad del instante, quedan guardados entre las páginas del cuaderno de campo, las “revelaciones” o en otras palabras el “darse cuenta”, también queda registrado entre las notas y las citas. El etnógrafo-artista, trabaja con su memoria, con su capacidad de escritura, con su cuerpo y sobretodo con la intuición y el asombro. El etnógrafo-artista, se deja llevar en el fluir de la vivencia y se permite crear y recrear, comprende que el conocimiento también requiere de la imaginación.

Continuará…

Bibliografía

Bachelard, Gastón.

(1997) La poética de la ensoñación FCE.

(1994) La poética del espacio FCE.

Bajtín, Mijaíl M.

(1999)The dialogic imagination. Unniversity of Texas.

(2000)Yo también soy. Fragmentos sobre el otro. Taurus.

Buber, Martin.(1993)Qué es el hombre. FCE.

Camnitzer, Luis.(2000) Arte y Enseñanza:la ética el poder. Casa de América, Madrid.

Cardoso de Oliveira, Roberto. (1997)Sobre o pensamento antropológico. Edites Tempo Brasileiro. Río de Janeiro.

Cardoso de Oliveira, Roberto.(1997) “Antropologías periféricas vs antropologías centrales”. En V Congreso argentino de antropología social. Universidad Nacional de la Plata.

Clifford, James.

(2001) Dilemas de la Cultura. Gedisa.

(1999) Itinerarios transculturales.Gedisa.

Foucault, Michel. (1996) Hermenéutica del sujeto. Altamira.Argentina.

Gadamer, Hans-Georg.(2002) Acotaciones Hermenéuticas. Trota.

Geertz, Clifford.(1997) La interpretación de las culturas. Gedisa, España.

Husserl, Edmund.(2002) Lecciones de Fenomenología de la conciencia interna del tiempo. Trota, España.

Merleau, Ponty. (1999)Fenomenología de la percepción. FCE.

Nietzsche, Friedrich. (1992) La genealogía de la moral. Alianza editorial.

Read, Herbert.

(1993) Imagen e idea. FCE 1993.

Tedlock, Dennis.(1991) “Preguntas concernientes a la antropología dialógica”. En el libro El surgimiento de la antropología posmoderna, coordinado por James Clifford.

¹ Camnitzer, Luis. Arte y educación, la ética del poder.Casa de América 2000.