Estados Unidos y los crímenes de odio

Durante el mes de abril Sheila Abdus Sallaam de 65 años, primera jueza musulmana de Estados Unidos y la primera afroamericana en la corte de apelaciones de New York, -luego de ser reportada por su familia como desparecida- fue hallada flotando en el rio Hudson. De forma apriorística la policía descartó una causa criminal en su muerte e incluso atribuyó la misma a un suicidio, sin embargo, tras la realización de la autopsia -en la que se encontró agua en sus pulmones y heridas en su cuello- aumentaron las sospechas de homicidio.

Ahora bien, haciendo un ejercicio hermenéutico de escucha y sospecha (en términos ricoeurtianos), ¿En una sociedad patriarcal en la que gran proporción de mujeres mueren como consecuencia de la misoginia y las relaciones de poder, desde el inicio –como lo indican los protocolos de actuación- la muerte de la jueza no debió ser abordada como un femicidio para posteriormente descartar otros móviles? En un país profundamente racista y xenofóbico en el que en los últimos años han aumentado notoriamente los grupos de odio, y donde el discurso misógino, racista, xenofóbico y homo-lesbo-bi-trans-fóbico del actual presidente ha exacerbado la ocurrencia de formas de discriminación y crímenes de odio en los Estados Unidos, ¿No es posible pensar que la muerte de una jueza mujer, afroamericana, musulmana y defensora de los derechos civiles (en especial de la población afroamericana y Lgbti) fue algo más que un suicidio? ¿No cumplía o poseía Sheila Abdus Sallaam todas las características y defendía todo aquello que es motivo de discriminación y violencia en la sociedad contemporánea? Si bien estas no son más que conjeturas y las causas de la muerte deberán ser esclarecidas por las autoridades, vale la pena poner atención a los crímenes de odio en la sociedad norteamericana.

Estos delitos fueron tipificados en Estados Unidos en 1969 con la Ley Federal de Delitos de Odio como respuesta a los brutales actos de violencia por parte de los sectores blancos conservadores contra la población afroamericana mediante apaleamientos, linchamientos, atentados con bombas y asesinatos tras la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964; sin embargo, este instrumento jurídico solo reconoció los delitos en los que los autores actuaron basados en un sesgo en contra de la raza, el color, la religión o el origen nacional de la víctima y sólo si la víctima estaba realizando una actividad protegida federalmente como ir a votar o a la escuela.

No obstante, en la contemporaneidad esta ley dejaba desprotegida a una cantidad importante de la población vulnerable producto de la estigmatización y discriminación, por lo cual en el año 2009, fue aprobada la Ley para la Prevención de los Delitos de Odio Matthew Shepard y James Byrd Jr, que amplía la ley federal para incluir los crímenes motivados por el género, orientación sexual, identidad de género o discapacidad de las víctimas. Esta legislación histórica también amplió el papel del FBI para permitir la investigación de estos crímenes, lo cual ha tenido un impacto significativo en el proceso de sistematización y análisis estadístico de los crímenes de odio.

De acuerdo a las Estadísticas delictivas del FBI los delitos de odio continúan estando muy presentes en los Estados Unidos, teniendo altos niveles de ocurrencia, pero contrario a la opinión generalizada el número total de incidentes de crímenes de odio reportados ha decrecido de manera progresiva en los últimos años, pasando de 8.759 en 1996 a 5850 en el año 2015.

Estas estadísticas por crímenes de odio sistematizan aquellos ocurridos por motivos raciales, religión, orientación sexual, etnia u origen nacional, discapacidad y otros motivos, además desde el año 2013 incorporan las variables de género e identidad de género. Empero, en todos los años de forma consecuente es posible evidenciar que las principales víctimas de ataques por motivos de odio son afroamericanos, judíos, hispanos, homosexuales, mujeres y transgéneros.

Estas cifras del descenso de los crímenes de odio contrastan con el proceso de reagrupamiento e incremento de los grupos de odio en los Estados Unidos. Southern Poverty Law Center (principal organización sin fines de lucro que monitorea los grupos de odio y expone al público las actividades de grupos radicales) afirma que estas organizaciones extremistas pasaron de 457 en 1999 a 917 en 2016, entre los que destacan el ku klux klan, el movimiento neo-nazi, los nacionalistas blancos, neo-confederados, skinheads racistas, anti-lgbti, anti-musulmanes, entre otros.

No obstante, como he señalado en el libro Racismo y brutalidad en los Estados Unidos (2017) “ha quedado en evidencia que los grupos extremistas han aumentado exponencialmente durante las administraciones demócratas, pero en particular durante el gobierno de Barack Obama; por ello es posible inferir que estos grupos conservadores perciben a los gobiernos republicanos como garantes del status quo, las desiguales sociales y la dominación racial, que ante los gobiernos demócratas ellos se verían en la necesidad de mantener. La creencia de que la elección del primer presidente afroamericano sentaría las bases para la erradicación del racismo, por el contrario, contribuyó a reavivar el racismo, el rechazo al multiculturalismo, así como, la sensación de pérdida de control y poder social por parte de la población blanca”.

Este malestar de los grupos más conservadores se expresó durante 2016 con la elección del incendiario Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, quien posteriormente nombraría como parte de su gabinete a funcionarios abiertamente anti-musulmanes, anti-Lgbti y simpatizantes del nacionalismo blanco como Kenneth Blackwell, Mike Flynn, Mike Pompeo, Stephen Bannon, entre otros. Hechos en su conjunto que contribuyeron reavivar, fortalecer y legitimar el pensamiento anti-inmigrante, anti-afroamericano, anti-musulmán y anti-Lgbti; concretándose además en un notorio incremento de los incidentes de odio en el período inmediatamente posterior a la jornada electoral, los cuales según cifras de Southern Poverty Law Center ascienden a 1.094 incidentes de prejuicio en los primeros 34 días.

En este contexto ¿Es posible seguir considerando la muerte de una jueza, afroamericana, musulmana y defensora de los derechos civiles de los afroamericanos y la población Lgbti como un hecho casual? ¿Constituye este un hecho aislado o por el contrario se presenta como una advertencia del devenir de la sociedad norteamericana en la que el racismo, la xenofobia, el sexismo, la homo-lesbo-bi-trans-fobia y otras formas de discriminación dejaron de formar parte de los imaginarios descontentos para encontrar asidero en el discurso y la práctica oficial?