El rapto de las mujeres en contextos de crisis

Últimamente son frecuentes las noticias relativas a la captación de mujeres a las filas del yihadismo. Sin duda, un tema muy controvertido, aparentemente relacionado de manera exclusiva con la religión. Sin embargo, el proceso por el que muchas de estas mujeres son atraídas recuerda a otros muchos sistemas de reclutamiento de mujeres practicados también en nuestra historia más remota. Como por ejemplo, al proceso de colonización americana por parte de la Monarquía Hispánica que, incluso hasta finales del XIX y comienzos del XX, provocó la salida ingente de mujeres hacia el nuevo continente. Mujeres que terminaban finalmente en condiciones muy precarias y practicando labores domésticas o, en el peor de los casos, de  prostitución.

Las mujeres son en la actualidad atraídas a las filas del yihadismo por motivos puramente patriarcales. Se entiende por parte del estado islámico que la presencia de las mismas es absolutamente necesaria, eso sí, protagonizando no tanto las filas del campo de batalla, sino las filas de la domesticidad, y configurando así de este modo el eterno papel femenino otorgado a las mujeres en la historia de madres, hijas y esposas.

Dicha política, sin embargo, también fue ejercida por el cristianismo, como decía, en momentos como el de la colonización de los pueblos americanos. Miles de mujeres eran esperadas por los soldados en los puertos más importantes, reclamadas por aquellos que buscaban criados domésticos, o captadas por aquellos otros que necesitaban mujeres para el ejercicio de la prostitución en diferentes lugares habilitados al efecto. Dichas mujeres, generalmente, eran atraídas aprovechando su difícil situación económica en sus lugares de origen, con promesas de amor, de matrimonio, y/o de prosperidad económica y social.

Lo cierto es que la mitología ya nos habló de estas situaciones en las cuales las mujeres se convierten en víctimas de guerra, de divisiones territoriales o de la desigualdad biológica en diferentes lugares y momentos de la historia. Así, el rapto de las sabinas constituye un episodio extraordinario de como las mujeres se convierten en fácil moneda de cambio en función de los intereses masculinos, a menudo, simplemente sexuales. Este suceso narrado durante la historia antigua, nos habla de la desigualdad e indefensión que sufrían las mujeres en el denominado antiguo mundo patriarcal.

Soldados romanos, celestinas, agentes de emigración…son términos que nos revelan la misma indefensión y vulnerabilidad social ejercida sobre las mujeres en etapas muy diferentes y distanciadas entre sí de la historia, como son, la historia antigua, moderna y contemporánea. Pero dicha vulnerabilidad no es sólo cosa del pasado y parece manifestarse en nuestro mundo actual con bastante fuerza, propulsada por agentes como la tecnología y las redes sociales, y auspiciada por las situaciones de crisis económica mundial. En momentos de crisis, tiende a volverse más pobre el pobre; se originan desconfianzas en torno a aquello que se considera ajeno o foráneo; se incrementan las posibilidades de vulneración de los derechos personales, con mayor medida, en aquellos lugares o sociedades donde de por sí no tiendan a garantizarse… En momentos de crisis, las mujeres se convierten en sabinas expuestas a la violencia social y patriarcal, consistente en la subestimación de las mismas y en su ubicación en un segundo o tercer plano del ámbito público y también privado.

Es la crisis, por tanto, la que vuelve a mostrar de manera feroz, la desigualdad social existente aún entre hombres y mujeres de cualquier parte del mundo, así como la urgencia de políticas educativas y de igualdad que logren concienciar a la sociedad de que mujeres y hombres tienen los mismos derechos, erradicando así la utilización de estas como mercancía al servicio de cualquier religión, estado o circunstancia.