El primer rebelde de América – Los Grandes Olvidados nº2

Hoy os presento una nueva versión de Los grandes olvidados, donde os quiero contar la historia de Hatuey, personaje muy importante en los inicios de la conquista española en el Caribe, pero desconocido para la mayoría. Veamos su historia.

Hatuey fue un líder de origen taino que vivía en la isla de La Española, conocida por los oriundos como Quisqueya (actuales Haití y República Dominicana) a la llegada de los españoles a la región a finales del siglo XV e inicios del siglo siguiente, y que ostenta el título honorífico de Primer Rebelde de América.

El afán de oro de los conquistadores y los métodos de esclavitud y muerte impuestos a los nativos de Cuba y otras islas del Caribe despertaron el sentimiento de rechazo a los recién llegados. En La Española hubo levantamientos de tribus o cacicazgos y germinó el espíritu rebelde de quienes combatían en condiciones de ostensible desigualdad.

Hatuey era un indio de tamaño regular, cabellos y ojos negros, hombros anchos, brazos fuertes y cuello corto. Era Cacique subalterno en la región de Guahabá, en la isla de Haití o Quisqueya, subordinado a Behechio, gran Cacique de la provincia de Jaraguá. Fue él uno de los jefes entre quienes se distribuía el mando de su isla natal y era seguido por los suyos tanto en los juegos, cantos y bailes, como en las guerras con tribus rivales o frente a las invasiones de los Caribes, que nunca pudieron derrotar a sus huestes. Sabía mantener su autoridad y preservaba la unidad de su grupo, la paz y la entrega al trabajo.

Cuando los abusos contra los indios se generalizaron, sobre todo en las labores de extracción de oro, en la región de Guahabá la rebelión fue iniciada por Hatuey, enfrentándose a las tropas enviadas al lugar por el gobernador de La Española, Nicolás de Ovando (nacido en Brozas, provincia de Cáceres en 1460 y que fue Gobernador de La Española entre 1502 y 1509). Hatuey se negó a entregar a alguno de sus súbditos y los españoles se retiraron, temerosos ante la superioridad numérica de los nativos. Pocos días después volverían los conquistadores con fuerzas superiores en número y armas, registrándose el primer combate entre los españoles y los hombres de Hatuey, quienes ante la imposibilidad de triunfar se retiraron a los bosques. El invasor ocupó Guahabá, donde los hispanos fundaron dos villas, y Hatuey y los suyos, se refugió en el monte

Una vez que Hatuey fue derrotado y expulsado por los españoles de La Española, arribó a la parte oriental de la isla de Cuba con alrededor de 400 personas, incluyendo niños y mujeres de su tribu. Desde el momento que llegó, Hatuey tuvo como misión convencer a las tribus tainas de la parte central y oriental de la isla de que se unieran a su lucha contra los españoles. También les instó a que se deshicieran de todo el oro que tenían, ya que ese era el objetivo primario de los españoles. Según cuenta Bartolomé de las Casas, Hatuey se dirigió hacia los indios de Caobana mientras sostenía una canasta de oro y joyas y dijo lo siguiente:

“Este es el Dios que los españoles adoran. Por estos pelean y matan; por estos es que nos persiguen y es por ello que tenemos que tirarlos al mar… Nos dicen, estos tiranos, que adoran a un Dios de paz e igualdad, pero usurpan nuestras tierras y nos hacen sus esclavos. Ellos nos hablan de un alma inmortal y de sus recompensas y castigos eternos, pero roban nuestras pertenencias, seducen a nuestras mujeres, violan a nuestras hijas. Incapaces de igualarnos en valor, estos cobardes se cubren con hierro que nuestras armas no pueden craquea”

A pesar de la claridad de sus palabras y del horror vivido por Hatuey y su pueblo en La Española muy pocos tainos de Cuba podían creer la historia que él contaba y por tanto fueron muy pocos los que se unieron a Hatuey en su resistencia.

Era 1511 y Diego Velázquez de Cuéllar, primer gobernador de Cuba desde ese año hasta su muerte en 1524, partió desde La Española hacia la isla de Cuba con el objetivo de colonizarla. Entre los soldados se encontraba un joven Hernán Cortés que posteriormente liderara la conquista del actual Méjico.

La táctica militar de Hatuey para llevar a cabo la resistencia contra el invasor fue la de atacar a modo de guerrilla, con palos, piedras, flechas y en general todo lo que pudiera convertirse en un arma arrojadiza, para rápidamente replegarse a las lomas, donde se reagrupaban para el siguiente ataque. Esta táctica fue enormemente eficaz los tres primeros meses, lo que hizo que los españoles se refugiaran en la fortaleza de Baracoa y tuvieran miedo de salir.

Poco a poco Diego Velázquez fue ganando terreno a los Tainos y fue eliminando a varios grupos uno a uno principalmente gracias a la experiencia acumulada por los españoles en la lucha contra los Tainos en La Española, y sobre todo por la superioridad tecnológica y armamentística de los españoles, los cuales utilizaban diversas armas de fuego, corazas y hasta perros rastreadores.

Gracias a un traidor de su pueblo que tenía viejas rencillas con Hatuey, las tropas de Velázquez consiguieron saber dónde se encontraba su escondite y capturarlo a inicios del año 1512. El 2 de Febrero de ese año  fue condenado a morir en la hoguera, castigo únicamente reservado a los peores criminales. Justo antes de ser quemado vivo el sacerdote Juan de Tesín, franciscano que acompañaba a los conquistadores, quiso salvar su alma antes de morir enseñándole una cruz y pidiendo que se convirtiera al Cristianismo para ir al cielo. Hatuey preguntó:

¿Y los cristianos también van al cielo?”.  El sacerdote contestó: “hay muchos como nosotros en el cielo” y entonces Hatuey dijo: “No quiero yo ir allá, sino al infierno, por no estar donde estén y por no ver tan cruel gente.

Entonces Velásquez fue a ofrecerle salvar su vida a cambio de revelar el lugar donde se hallaba el oro, y Hatuey le dijo que el metal dorado lo habían desaparecido y nunca conocerían los españoles su destino final.

Actualmente está aceptado por los historiadores que este suceso ocurrió en la parte oriental de la isla de Cuba, en la actual provincia de Granma según una carta firmada por el propio Diego Velázquez

Hatuey sirvió de inspiración para que otros Caciques siguieran posteriormente la lucha contra los conquistadores, entre ellos destaca sobremanera Guamá, muerto a manos de los españoles el 7 de junio de 1533. También existieron otros como Caguas, Habaguanex, Casiguaya (esposa de Guamá) entre otros.

Próximamente un tema completamente distinto, Las bandeiras brasileñas, expediciones de colonización del interior de Brasil que partían de Sao Paulo.