El Galeón de Manila


En esta entrada vamos a analizar todo lo relativo sobre el Galeón de Manila, uno de los barcos más famosos de la historia. El Galeón de Manila fue en su época también conocido como Galeón de Manila-Acapulco, Galeón de Acapulco o Nao de China. Era un barco que realizaba el trayecto de ida y vuelta entre Manila, en Filipinas, y Acapulco, en el Virreinato de Nueva España, actual México. Este trayecto marítimo perduró desde 1565 hasta 1815.

Como ya comentamos en este blog en la entrada dedicada a Andrés de Urdaneta, fue este marinero español el primero que descubrió la manera de realizar el viaje en barco desde Filipinas hasta el continente americano en el año 1565, al descubrir la corriente de Kuro-Shivo en el paralelo 42.

Anteriormente, el español Vasco Núñez de Balboa había descubierto el Pacífico en el año 1913. El descubrimiento de Núñez de Balboa ponía de relieve a los españoles nuevamente la posibilidad de comerciar y adquirir los productos asiáticos, sobre todo las especias, comercio que se había cortado de raíz con la conquista de Constantinopla por parte de los turcos el veintinueve de mayo de 1453 y su posterior control del Mediterráneo oriental y de parte de Asia que cortó de raíz la ruta de comercio entre Occidente y Oriente.

España y Portugal comenzaron entonces una lucha encarnizada por el control de las islas Molucas, también conocidas como las islas de las especias, que según el reparto entre ambos países pertenecía a Portugal. Sin embargo, el marinero Fernando Magallanes, portugués al servicio de España, convenció a Carlos V de que las islas de las especias se encontraban en el hemisferio español y no en el portugués, y de que se podía llegar a esas islas por poniente, buscando un paso a través del Nuevo Mundo.

Así, en 1519, el navegante luso parte de Sanlúcar con trescientos hombres en cinco naves. La expedición que dio la vuelta al mundo entre 1519 y 1521. Juan Sebastián Elcano, que sustituyó a Magallanes a la muerte de este, realizó la vuelta desde Asia por el mar Índico y el Cabo de Buena Esperanza. Pero existía un problema. Esa era zona portuguesa y la Corona de Portugal denunció a los españoles ante el Papa, que en aquellos tiempos ejercía de mediador de conflictos entre las naciones católicas. Desde ese viaje de Magallanes-Elcano hasta el descubrimiento de Urdaneta pasaron cuarenta y cinco años sin que los españoles pudieran viajar a Filipinas sin quedarse atrapados en ese archipiélago al no saber cómo volver por oriente, y tener prohibido volver por occidente.

El primer viaje del Galeón de Manila partió desde Cebú el uno de junio de 1565, llegando a la Bahía de Acapulco el ocho de octubre. El Galeón de Manila no era un trayecto marítimo independiente, sino que cubría la primera parte del trayecto entre Filipinas y la Península Ibérica. Se tardaba de cuatro a cinco meses en cubrir el trayecto entre Manila y Acapulco.

Aunque algunas mercancías se desembarcaban antes de llegar a Acapulco, en los puertos de San Bernabé (San José del Cabo), Bahía de Banderas (Puerto Vallarta) y Santiago (Puerto de Manzanillo), la gran mayoría de las mercancías llegaban a Acapulco. Una vez que se llegaba a Acapulco las mercancías se diversificaban en tres rutas distintas. Una ruta llevaba mercancías hasta la capital de Nueva España, para desde allí dirigirse hacia el interior mexicano, hacia los centros mineros y las ciudades importantes del Bajío u Oaxaca.

La segunda ruta trasportaba mercancías desde Acapulco al Virreinato del Perú. La tercera y última ruta realizaba un trayecto a pie entre Acapulco y Veracruz, con paradas en los mercados de Puebla y Jalapa para desde allí cruzar el Océano Atlántico en la Flota de Indias hasta el puerto de Sevilla. Las mercancías que salían desde Manila hacia Sevilla tardaban algo más de siete meses en cubrir el trayecto completo. Solo a partir de la aparición del Galeón de Manila, los productos asiáticos volvieron a aparecer en los mercados europeos con la asiduidad con la que aparecían durante la baja Edad Media.

El Galeón que realizaba el trayecto desde Acapulco hasta Manila transportaba misioneros, oficiales reales, mercaderes y soldados y estaba cargado principalmente de plata mejicana principalmente y en menor medida peruana, ya en lingotes, la cual era muy escasa y cara en Asia. Esto provocaba que se pudiera comprar las mercancías asiáticas con plata a unos precios muy asequibles. También se transportaban caballos y vacas, y muchos tipos de plantas: maíz, cacao, tabaco, caña de azúcar, cacahuete, tomate, calabaza, papaya, pimiento etc.

El Galeón que transcurría de Manila hacia Acapulco trasportaba especias para sazonar y conservar los alimentos (clavo, pimienta y canela), marfil, porcelana, biombos y espadas japonesas, artesanía china, jarrones de la dinastía Ming, alfombras persas y telas de las más lujosas del mundo tales como seda, terciopelo, tafetanes etc., recogidas tanto de la costa oriental del Pacífico como de la isla de las especias y que se pagaban con la plata llegada desde Acapulco. Una vez que las diversas mercancías asiáticas llegaban a Europa se vendía mucho más caro de lo que se habían comprado en Asia, ya que eran productos de lujo en Europa, con lo que se conseguía una amplio margen de beneficios, por encima del trescientos por cien.

Hasta 1593 zarpaban desde Manila unos tres barcos de media cada año, algunos años incluso más. Una gran cantidad de mercancías asiáticas llegaban a Sevilla cada año, lo que provocó durante años unas importantes pérdidas económicas a los comerciantes afincados en la ciudad andaluza. Esto produjo que estos comerciantes levantaran una queja al monarca Felipe II, el cual les hizo caso y en ese año promulgó una ley que decía que solo podían zarpar dos barcos desde cualquiera de los puertos, o sea, uno desde Manila a Acapulco y otro desde Acapulco a Manila.

Debido a esas restricciones en cuanto al número de viajes entre Filipinas y Nueva España, los comerciantes asiáticos realizaron los galeones más grandes para poder trasportar más cantidad de mercancías en un solo viaje, lo que hizo que estos barcos fueran los más grandes conocidos hasta ese momento. Tenían una eslora entre cuarenta y tres y cuarenta y nueve metros de media y capacidad para cargar entre mil setecientas a dos mil toneladas. Además, podían transportar a unas mil personas, la mayoría de ellos pertenecían a la tripulación. Iba dirigida por el Comandante o General y llevaba una dotación de soldados.

Los registros existentes sobre el Galeón de Manila hablan de ciento noventa y dos barcos en total. La mayoría de los barcos se construyeron en Filipinas debido a que abundaba la madera de gran calidad y también debido a que la población autóctona tenía mucha experiencia al trabajar con la madera y el metal. Solo en casos concretos se eligieron astilleros foráneos (Japón, Siam, etc.), prohibiéndose en 1679 su construcción fuera del archipiélago de las Filipinas.

A pesar de las leyendas existentes sobre los piratas ingleses interceptando a barcos españoles, solamente cuatro galeones fueron apresados por piratas ingleses y ninguno por piratas holandeses. El primer barco interceptado por los piratas ingleses fue El Santa Ana, en 1587, cerca de las costas de California, por dos naves del pirata inglés Cavendish. El veintidós de diciembre de 1709 el galeón Nuestra Señora de la Encarnación, pilotado por el capitán franco-español Jean Presberty, fue hundido a manos del capitán inglés Wood Rogers y su barco, el Duke.

Pero la principal captura inglesa sobre un galeón de Manila se produjo en el año 1743 cuando el almirante Anson capitaneó una expedición con el objetivo de atacar la ciudad de Manila, compuesta por seis naves, doscientos treinta y seis cañones y unos mil quinientos hombres. El dieciséis de junio de ese año uno de esos barcos ingleses, el Centurión, interceptó al galeón español Covadonga que había partido desde Acapulco el quince de abril. Los ingleses lograron un botín valorado en 1.513.843 pesos de plata y 35.862 onzas en barra de plata. El galeón apresado fue llevado a Macao y vendido a un comerciante por seis mil pesos.

El último de los Galeones de Manila interceptado por barcos ingleses fue el navío Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, alias El Poderoso. En 1762, realizando el trayecto desde Manila hacia Acapulco tuvo que volver a las Filipinas debido a la rotura de parte del barco debido a un tifón. Al regreso fue atacado por el navío Panther, y la fragata Argo. El Santísima Trinidad se rindió y fue conducido a la ciudad inglesa de Portsmouth donde su venta procuró una verdadera fortuna a sus captores. Además de estos cuatro barcos capturados, otros veintiséis fueron hundidos.

Es considerado por los expertos el barco con más mortandad de la historia, donde de media seis de cada diez tripulantes que se embarcaban en Manila no llegaban vivos a Acapulco, y viceversa, debido a una serie de elementos entre los que destacan las malas condiciones higiénicas que tenían estos barcos, unido a la longevidad del viaje, a la calma chicha, esto es, la falta de viento que provocaba que los barcos no avanzaran, o los temporales que azotan todos los años esa zona del mundo. A todo ello hay que unir el hambre y la falta de fruta fresca, que provocaba Escorbuto a muchos marineros. http://iberoamericasocial.com/el-escorbuto/ ,
El Galeón de Manila era mucho más que un barco comercial. Era la única manera de tener un contacto entre las diversas posesiones de la Corona española en Asia con el Virreinato de Nueva España y de ahí con la Península. Era la única forma de llevar las órdenes dictadas por los monarcas españoles para poder gobernar las Filipinas, Guam o Las Marianas; territorios muy alejados de Madrid y cuya capacidad de control y organización por parte del gobierno español era muy reducida en la época debido a la distancia y a la lentitud de las comunicaciones de los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho.

Por otra parte, servían de contacto e intercambio cultural entre Asia y Europa y sobre todo entre Asia y México. La gran mayoría de los españoles que vivían en Filipinas en la Edad Moderna no eran españoles peninsulares, sino que procedían de México. Además muchas de las costumbres del Virreinato de Nueva España en la Edad Moderna fueron adquiridas por la sociedad filipina, lo que demuestra los contactos constantes entre ambas partes gracias principalmente a este trayecto en barco.

Desde el año 1785 el monopolio que tenía el Galeón de Manila para ser el único barco que podía viajar de Filipinas a México se anula y se crea ese año la Compañía Real de Filipinas, que animaba al comercio directo entre Filipinas y España de pequeños comerciantes. Posteriormente, en 1810, México declara unilateralmente su independencia de España. Ese año, el galeón no pudo desembarcar en el puerto de Acapulco, teniendo que hacerlo en el puerto de San Blas, donde la mercancía se vendió muy poco a poco y a menor precio del habitual. A pesar de ello, las autoridades españolas decidieron al año siguiente enviar de nuevo otro galeón desde Manila hacia Acapulco, que quedó atrapado en la ciudad mexicana cuatro años, hasta que le permitieron volver a Manila en el año 1815. Ahí se acabó la historia de este barco, que durante doscientos cincuenta años conectó las posesiones del imperio español en Asia con la metrópolis.

En la próxima entrada trataremos la utilización de los perros por parte de los españoles en la conquista de América y la importancia que estos tuvieron debido al miedo que infundían a los indígenas, los cuales no habían conocido nunca ese tipo de animales.