El desencanto

Amigo Lector:

En estas breves palabras que serán transcritas a pluma y por fruto de una quimera, me apoyo en el pensamiento que a veces se traduce en ciertas formas extrañas de ver, estar, existir y coexistir en esta realidad que irónicamente llamamos mundo. Sin el ánimo de herir susceptibilidades, de ahora en adelante transmitiré algunos predicamentos y me hare cargo de ellos. A pesar de que echarle lirios ajenos a otro, casi siempre goza de un placer casi sensual.

Pues bien, me afinco en esta latitud y afirmo que este mundo seguramente en una par de centurias hará implosión, mostrando lo frágil de la existencia de aquel que ha venido a nombrarse hombre, y que por desfachatez… ya no dará más.

He visto los ríos cristalinos y brillantes, a punto tal, que al enfrentarlos con la mirada  podíase correr el riesgo de quedar en ceguera placentera, al saberse seguro de la negativa admiración de aquella belleza angelical, y casi a la par sentir ese alivio por estar ante la calidez inasible de lo real.

He aspirado el aire más puro de tal ciudad, porque los campos están muriendo con cada día y su pureza exuberante ha entrado en cuenta regresiva. Ese aire denso y pesado que da vida a la niebla al madrugar. Algo que quizás mis ojos ya no verán. Aquel feroz torrente invisible que nunca se muestra, de aquel que solo se siente su fuerza de titán.

También he sentido el frío del altiplano y el fulgor de la tierra oriental y en ambos he tenido la dicha de ver la vida florecer, a pesar de que allá, la tierra se torna hostil congelando el suelo que por desértico se ve, en cambio al otro lado, de lo caliente se puede claudicar y no es sorpresa ver a la selva abrazarse de los edificios, bombardeando los cristales en los ventanales con zancudos con sus pequeños aguijones, como imaginarios los pigmeos que tras la presa van.

Es de seguro que los ojos de los que habitan este mundo han visto las mismas cosas que afirmo están en lo real, pero seguro es también que no todos supieron apreciar lo magnánimo de aquellas ilusiones socavadas en falsa realidad, que maquilla lo hermoso, haciéndola insignificante para los demás, para aquellos que aceptan la realidad como fealdad, como aquello que no merece ser apreciado más que por solo ser necesaria a la loca pantomima de la vida en sociedad.

Por ello cambio el esquema de mis perspectivas, porque ahora he comprendido que no se trata de ser metódico o de afianzarse solo en la ciencia. Tampoco se trata de seguir los lineamientos de cualquier alarife que saltara de cualquier lugar creyéndose celestial, y en esas cuadrillas seguramente también estoy yo.

Menos se trata de que las grandes transformaciones sean hechas por los intelectuales y los grandes pensadores, o la sociedad organizada o los movimientos sociales que ahora están en boca de todos y se han vuelto punta de lanza para los cambios momentáneos en muchas sociedades.

Que mis mentores disculpen, pero debo decir no, no señores, los cambios no se hacen desde las grandes manadas, ni desde los conglomerados de una u otra ciudad  o comunidad o como se la quiera llamar, tampoco la hace sola la masa y con en eso niego muchas posturas en mi pensamiento.

Si el grupo se mueve como la masa, quiere decir que el grupo está siendo pensado y que se somete por inercia, por comodidad o simplemente porque no le queda de otra, y si así son las cosas pues entonces este sujeto no solo que no piensa, sino que además no tiene la mínima conciencia de sus actos y ni que decir de una acción crítica frente a las realidades que se le presentan.

No niego la fortaleza del grupo ni la potencia de sus anchas espaldas que cargan el sufrimiento de los demás, de los pobres y desposeídos, con sus anhelos y sus tristezas y con aquellos que casi siempre tienen menos. Ellos, los que se inician con cada día, salen adelante trabajando, comerciando, negociando, incluso estando en la ilegalidad. Aquellos, que son los primeros en distribuir las miserias de sus ganancias con los más pobres, a veces enterándose de sus hechos y la mayoría de las veces, casi sin saberlo. A ellos mi respeto. Pero estoy casi seguro, de que ellos mismos la mayoría de las veces solo reaccionan y en muy pocas oportunidades se preguntan el porqué de sus actos.

De allí que el largo camino me ha enseñado que las grandes transformaciones deben comenzar por uno mismo, es decir, se debe de partir primero de la autorreflexión,  para así poder recién dar el salto hacia la reflexión en grupo o en masa o en movimiento masivo, de otra manera los esfuerzos vienen a ser insuficientes al pensar que puede ser  cualquier grupo cohesionado por solo buenas intenciones, el que encienda y maneje la maquinaria, no, no pasa así, el pensar que el grupo es un ente autónomo y cuasi semi-blindado es mentirse y a estas alturas del partido las mentiras solo pueden ser innecesarias o mal intencionadas.

Por eso cada uno de nosotros debe de aferrase a la vida, entendiéndola como la única capaz de empujarnos a la reflexión a través de nuestras experiencias, que por insignificantes que parezcan son y hacen a la construcción de un hombre con indicios de reflexión y con sueños de crítica. De allí la vida, de allá venimos nosotros, los que nos creemos inmortales haciéndonos dueños del tiempo finito… pobres ignorantes, despilfarraros en su ignorancia, sin tomar en cuenta que es de las pequeñas experiencias de la vida de donde se bebe la añoranza del pasado perdido.

Es justamente allí hacia donde apuntan mis guijarros. A la sociedad aquella en donde todos somos parte de un juego atroz. Contarles el cuento de la vida es de por si atormentador, pero es algo que debe expulsarse, porque caso contrario aquella hiel de quemar mis viseras no se cansara y con todo su desprecio solo me impedirá ser.

De la vida y sus temores

Mostrar a los demás lo falaz en su esplendor no es tarea fácil, porque genera cierta desilusión en los otros, en aquellos que están seguros en su cubil: Donde los muros son resistentes por demás. Es que aquellos nacidos del concreto, ya no están, porque el mundo es irreal, un  tramado extraño de verdades envueltas en mentiras, donde los mitos son despreciados y donde las historias se convierten en “la historia”. Allá los niños tienen miedo de la juventud y en estos se puede concebir la decepción de la adultez, donde los viejos viven de los recuerdos, de lo que fue y no pudo ser, y donde los niños creen que tienen sueños sin dar cuenta de que hace mucho, mucho  tiempo atrás, se olvidaron de lo que es el soñar.

Allí la vida corre a raudales y tanto mujeres como hombres no la pueden alcanzar, porque ella esquiva es y ocultándose tras arquetipos de la vida en comunidad se ríe de los que la quieren atrapar, y tras terminar la celada siempre los ve tirados sobre sus sueños y acercándose cual fiera tras gacela, susurra en sus odios: “Ya estás cansado por demás  y ya es tiempo de descansar. Viviste bajo todos mis preceptos y por eso te agradezco. Ahora debo marchar, pues la empresa no está completa, siempre habrán millares que me quieran alcanzar, olvidándose de lo que es el vivir en realidad. Yo sé que ellos me aprecian por ser yo la vida y con cada día me sonríen como queriéndome conquistar, sin darse cuenta que yo no soy doncella de los demás y que más bien ellos me deben de acompañar, sin pretextos,  por la forma en que yo hago mis cantos templados por la lira y la soledad.

Pero ellos descubrieron la justicia y por justicia como injusticia lo vieron todo y con ello despreciaron los dones que yo doy, y renegaron de la vida que les profeso. Hoy ni la vida que soy yo, es suficiente para satisfacerlos. Por ello reniegan de su existencia, de lo efímero de sus logros, de lo poco que tienen y de lo mucho que pagan, el uno envidia lo que tiene el otro y puede matar por tener más que los demás. Mientras, se ofuscan en pequeñas guerras por conquistar pequeños imperios, se olvidan de que los caudales de la vida solo manan paz.

Por ello les despojo de mis dones por no beber de esa riqueza asentada en manantial, y maldigo sus existencias para que vivan en la oscuridad, y mientras estén en este mundo habrán ciertos destellos de luz bella que poco a poco los unirán, para que al final ellos crean que encontraron el camino, donde se torna con claridad, la fuerza de la mujer y el hombre y no la mansedumbre del humano en realidad.

Pero todo será mentira, más no puede ser verdad, porque todo será parte del mismo sueño, y a ellos los manipularé de manera mundial o mínimamente en grandes conglomerados, donde entre todos solo sepan aprisionarse, donde todos crean ser parejos. A estos los llamaré la mayoría, porque serán como los perros de caza, que no saben si ellos mismos son y que solo se mueven por puro instinto, creyendo que lo que hacen es menester de la gran bondad. Estos harán caza de los otros y royendo poco a poco se multiplicaran, porque es obra suprema hacer cenizas con los seres que no están de acuerdo y que para mal de males de paso quieren pensar. A estos los pondrán en el redil para que no multipliquen sus ideas de nuevos campos fuera de la pradera. Así la verdad será una nada más, será la mayoría  con la que se deba congraciar, y yo la vida, de piel, cuero, bota y satín, seguiré jugando al ajedrez moviendo astutamente mis peones. Ellos, que se creen dueños de mi menester… nunca sabrán lo que sucede porque nunca les perteneceré”.

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