El acoso de los acosos

En un ambiente azaroso, lleno de presión y sin poder gritar a los cuatro vientos los temores, problemas y necesidades, se logra pasar la frontera sin darse cuenta de la bestialidad del otro, a cambio de satisfacer sus deseos banales, llega al punto de pasar por encima de cualquier ambición, sentimiento y cargo burocrático si es necesario decirlo.

Por supuesto,  ha sucedido en los últimos meses. Existen ciento de mujeres que viven en medio del silencio y otras que por gusto guardan el hecho, sin darse cuenta del grave daño que amerita dichas prácticas como es el Acoso de los acosos.  En Colombia, los procesos institucionales por hacer de ello un delito, han quedado solo en proyectos de ley, acciones laborales pero en el transfondo del problema – sigue creciendo la persecución tanto de hombres como mujeres al ser víctimas del acoso sexual, el acoso laboral y porque no el acoso de ideas, pensamientos y forma de vivir la incuestionable vida. Véase: http://www.hchr.org.co/acnudh/index.php?option=com_content&view=article&id=1235:el-acoso-sexual-y-la-sociedad-colombiana&catid=72:columnas-de-opinion

La crisis es de largo trayecto histórico, se cuenta que desde Adriano en el imperio existía la subordinación sexual a cambio de ocupar una mejor silla a la hora de compartir la mesa, igualmente desde Napoleón, Bolívar, Santander, Zapata entre otros, el trato injusto e inhumano contra las mujeres en particulares ha sido la bandera para hacer de su condición, objetos sexuales, favores íntimos y asuntos de prácticas donde unos ganas, otros pierden y en unos casos ambos quedan satisfechos.

Los acontecimientos que sucedieron al interior de la Defensoría del Pueblo en Colombia, la Policía Nacional, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), son una simple cuota a la profunda herida que viven los funcionarios de bajo estatus administrativo, económico y social. Es de recordar, que toda acción que atente contra la condición humana, no  merece ser reconocida, aceptada ni mucho menos auspicia mediante prebendas, favores políticos pero que la cultural tinterilla, facilista y corrupta se convierte en la principal prueba de la decadencia que constituye las instituciones públicas. Véase: – http://www.elespectador.com/opinion/acosos-y-acosos

No sólo se habla de los hechos conocidos mediante el abuso sexual, también con el abuso laboral, las largas horas extras sin ser remuneradas, el no pago de prestaciones sociales, servicios de salud ni el apoyo en materia de cualificación laboral y educativa – parte de este retroceso administrativo y laboral se debe a la configuración de un modelo de orden neoliberal que solo ha favorecido los sectores privados, facilitado el deterioro del ethos que simbólica lo público, es un debate que se enmarca en lo que el Maestro Batrar señala como una crisis civilizatoria con un transfondo que atenta contra lo humano.

Lo peor resulta ser, escuchar la narración de los hechos, patadas, gritos, humillación con los “subalternos”, un tono de voz fuerte por afuera pero débil adentro, una mentalidad enmarcada por imponer su deseo mental, y lo más lamentable una figura de tirano, reyecito en donde el micro- poder de su estatus sólo es la muestra de su cobardía y falta de racionalidad.

Pero todo tiene una relación, el Gobierno colombiano gasta millones de pesos para financiar comisiones, carros, cuerpos de vigilancia, prebendas burocráticas, viajes en primera clase, un sinnúmero de cargos impuestos a través de la aplastante mayoría de votos, mientras unos que tienen las condiciones no se les brinda la oportunidad, los otros que hacen parte de la famosa “rosca” o sea círculos de poder gozan de las acciones que se refleja en la “dictadura de la burocracia”.

No resulta ser un caso  extraordinario, en las entidades públicas y las empresas privadas, los dueños, jefes y directivos escogen la gente de su interés, aquellos que se pueden modular a sus condiciones y aquellos que son de su necesidad, el más laxo, el que no se queja y el que de vez en cuando pasa la frontera y en su interior se presencia un silencio como decía Eduardo Galeano “Un silencio bastante pareció a la estupidez” resultar ser el más llamativo para extender sus horas extras y desbordarse ante las exigencias intimas, personales y de gran satisfacción sexual del otro.

Aquello que se presencia en las instituciones públicas del país, es un reflejo de hasta donde se llega con un micro- poder y cuáles son las consecuencias que atenta contra la dignidad humana, el delito, la corrupción, el clientelismo son prácticas políticas que atenta contra el interés de lo público.

Una esfera que con el paso del tiempo es necesario retornar pero no de manera vinculante sino de manera crítica como se aflora en el pensamiento decolonial, es justo no pensar en la justica perse sino es una justicia que se manifiesta en la praxis del sujeto – en esta consistencia se configura una alternativa para superar la mansalva sexual, abusiva y sexista que ejercen los cargos directivos en la institucionalización.