El 11 de Septiembre nuestro

Hace unos días se cumplieron quince años de un atentado que cambió todos los parámetros de seguridad, forma de ver el mundo –guerra fría/guerra caliente, y la forma en que nos miramos unos a otros. Los EEUU despertaron de un sueño largo y pesado que se había iniciado con el ataque de Pearl Harbor en 1941 y que se extendió hasta ese fatídico 2001 en donde todo cambió, desde como se visualizan a sí mismos, su rol internacional y también hasta su seguridad interior.

Como nuestros padres o abuelos que recuerdan lo que estaban haciendo cuando fue asesinado Kenedy, nuestra generación recuerda lo que estaba haciendo el 11/09/01. En mi caso particular me encontraba en mi cuarto estudiando Derecho Administrativo para mi carrera de grado de Abogacía. Cuando mi madre me llama anunciando un accidente que mostraba la tele yo poco interés le dí. Seguí estudiando. Ante la insistencia de mi madre interrumpí el estudio, salí de mi cuarto y lo que pude observar me impresiono como a todos, solo que en un arranque de humor negro descargue mi resentimiento contra la patria opresora del mundo moderno: “… pero mamá, ¿están repitiendo el accidente?” “Si, paso hace media hora mas o menos” “y entonces ¿por qué cuando choca el avión ya está humeando la otra torre?” Luego el silencio…

Podemos decir que comenzó una nueva era. La Era de la Seguridad. Dejamos, como decían los viejos filósofos del contractualismo, en un contrato una porción de nuestras libertades al servicio del valor seguridad.

En un acto el presidente Obama recordó que muchas cosas han cambiado en estos quince años, pero aseguró que una cosa no ha cambiado: “Los valores centrales que nos definen como estadounidenses. La capacidad de recuperación que nos sostiene”. Llamó a no ceder ante el miedo.

Qué buenas palabras pero que contradicción. El miedo es lo que nos hace ceder libertades, pero desde el aeropuerto hasta nuestras casillas de correo electrónico, pasando por el contenido de lo que navegamos en internet o los consumos que hacemos con nuestra tarjeta de crédito, la invasión hacia nuestras personas en lo más recóndito de nuestro ser ha sido facilitada por el pretexto del miedo.

En EEUU el estado de excepción nunca más fue levantado y dicho estado justificó las medidas más aberrantes de la humanidad bajo el pretexto de que hay que responder al terrorismo. Tal así es que oímos frases como: “No podemos rendirnos ante aquellos que nos quieren dividir. No podemos reaccionar de formas que erosionen el tejido de nuestra sociedad, porque es nuestra diversidad, cómo acogemos a todos los talentos, la forma en que tratamos justamente a todos sin importar su raza, género, etnia o credo, es parte de lo que nos hace grandes como país. Eso es lo que nos hace fuertes”, según Obama.

La palabra Justicia también se mete en la discusión. Quién en su sano juicio diría que Osama Bin Laden (líder de Al Qaeda, muerto por el ejército encabezado por los norteamericanos en 2011) tuvo un juicio justo. Cuanto menos un juicio. Y todo en aras del valor Seguridad interna y externa ya que nuestros padres así lo sintieron desparramando soldados por medio planeta.

Así sigue la danza de los Valores saltando de un lado a otro. Orden, Libertad, Seguridad, Progreso, Justicia, etc.

Y para colmo de males asoma la imagen de un tal Donald. Un Donald sediento de venganza y discriminación. Un Donald Trump que puede vencer en las próximas elecciones presidenciales, afectando el devenir de toda esta gran aldea llamada Tierra y que no creo que haya estudiado valores en su escuela.