Educadores, en las huelgas educativas, un paso al frente

Brasil, México, Colombia, Chile, España… prácticamente en todos los lugares de Iberoamérica se está en pie de lucha contra el ataque que está sufriendo la educación desde los propios estados. Recortes de sueldos y plantillas, aumento de tasas que nos lleva a la mercantilización (¿o ya estábamos en ella?) de la educación donde solo pueden acceder los que siempre pudieron, privatización de un bien público con la consiguiente redirección de sus intereses y finalidades, en fin, degradar el sistema educativo hasta que la mentira que viene siendo repetida hasta la extenuación se convierta en realidad. Nos dicen que lo público es ineficiente y que dejemos entrar al eficaz sector privado para que nos salve. Casualidades de la vida que el vocero y el salvador sean el mismo ente. Hablaremos de esto otro día, hoy lo voy a hacer sobre las huelgas educativas.

Me posiciono en el lado de los huelguistas. En una situación donde se ataca el bien público para beneficiar a una minoría, me sitúo en el lado de la contestación. La educación es base del desarrollo de la sociedad y la precarización a la que está siendo sometida de forma salvaje tendrá unas consecuencias nefastas para el devenir de las diferentes sociedades y con ellas de la humanidad. En sus manos está el rumbo de las personas. Como decía Paulo Freire “la educación es el instrumento por excelencia tanto para la opresión como para la liberación”. En estos momentos, considero que está más del lado de la opresión que de la liberación.

Como educador me siento en la obligación de ir un poco más allá de la motivación de las huelgas y profundizar hacia la raíz del problema educativo y por ende de la sociedad. Los educadores deberíamos asumir mayor protagonismo en este tipo de acciones colectivas. Mostrar las carencias perennes del sistema educativo que no son recortes económicos pero que son la base de la deficiente calidad en él. Carencias que persisten en el sistema pero que nunca promovieron paralizaciones en el sector educativo. ¿Estamos acomodados? ¿O tal vez el sector educativo ya no ejerce la función intelectual que siempre se le atribuyó?

La educación continúa empapada del paradigma mecanicista y obsesionado por la eficiencia que el Taylorismo nos trajo desde el mundo productivo. Llevamos décadas pasando por alto que la formación de una persona no se puede asemejar a la elaboración de una mercancía. Cada persona tiene un ritmo de aprendizaje, unas habilidades, unas capacidades y actitudes que generan el proceso histórico por el que se convierte en un ser único e irrepetible. Partiendo de esta base se rompe en pedazos cualquier lógica de querer aplicar un mismo tratamiento a todo alumno que pase por la cadena educativa. Más ilógico es aun cuando se aplica ese tratamiento en masa a la población educativa. Horarios fijos, grupos cerrados, materiales y contenidos descontextualizados, aulas impermeables a la realidad exterior y total ausencia de poder de decisión del alumnado en su proceso de formación. Realmente sorprendente que algún educador piense que de esa forma el alumnado podrá obtener una formación integral que le permita alcanzar su pleno desarrollo y con ello se convierta en un ciudadano completo de una democracia. Evidentemente no es tan sencillo. La estructuración del sistema educativo como una cadena de montaje trae consigo muchas más implicaciones. Los docentes, como parte de la cadena, tienen que ejercer su función de una forma “eficiente”, es decir, cuantificándolo todo y dejando a un lado lo cualitativo. Conocer a sus alumnos y su entorno para crear espacios de enseñanza-aprendizaje acorde a ellos no es algo eficiente, de eso se encarga el libro de texto. Ese material celestial capaz de educar a cientos de miles de estudiantes de un modo preestablecido y que se erige en protagonista del proceso educativo. No se puede convertir al docente en la herramienta de la herramienta. El docente no puede ser un simple transmisor de la información del libro de texto hacia su alumnado. La docencia tiene una función muy importante, la artística, de convertir cada proceso educativo, debido a la singularidad de cada persona, de cada grupo, en un proceso único donde se adapten los materiales empleados al grupo con el que trabajemos y no al contrario. Para esta función es necesario que los educadores se vean liberados de tanta carga cuantificable y se le deje espacio para aumentar la calidad de los procesos educativos. Crear espacios de aprendizaje adecuados precisa de tiempo para conocer a nuestro alumnado, elaborar estrategias, metodologías y contenidos que se adapten a él para generar en ellos motivación y pasión por el aprendizaje. Tal vez no sea eficiente económicamente, pero es eficiente en cuanto a humanismo ya que perseguirá realmente el desarrollo personal de nuestros futuros ciudadanos. Puede que sea la hora de mudar la eficiencia económica a la humana.

Error en el sistema

Desde mi punto de vista la educación precisa de un cambio radical que la establezca como institución donde se trabaja con seres humanos y no con mercancías. Los cambios tienen que ir en dirección a la democratización de los espacios y las relaciones. Buscar la participación del alumnado en todos los ámbitos posibles, desde los contenidos hasta la organización de los espacios, ya dijeron Illich y Lüning que “el desarrollo de un alumno dirigido autoritariamente al ciudadano adulto de una democracia, es un absurdo”. ¿Quizá el problema es que no va dirigido hacia una democracia? ¿O que intencionadamente se hace omisión de este terrible ataque a la democracia? Entender que la escuela no es todopoderosa para la educación en este mundo tan complejo y que precisa de la sociedad al completo (hablo de ciudades educativas) que puedan compensar la (des)educación que ofrecen los medios de comunicación e internet, que asumámoslo, ejercen mayor influencia en nuestros educandos que el cuerpo docente. Establecer como finalidad de la educación que a cada una de las personas que pasen por ella se les ofrezca el más amplio abanico de conocimientos posible para que cada uno pueda encontrar cuáles son sus pasiones en esta vida, pasiones que pueda desarrollar en su vida y sentirse como un ser completo, además de aprender democracia siendo demócrata.

Las anteriores críticas y propuestas para el cambio educativo son una pequeña aportación desde mi ser educador, cada educador tendrá otras críticas y propuestas, pero lo que es evidente es que los sistemas educativos quedaron anclados en el pasado y no supieron adaptarse a los cambios de las sociedades. Por ello, apoyo a las huelgas educativas, sí, pero los educadores tenemos que organizarnos e ir más allá. Ser capaces de mostrar al resto de la sociedad (y especialmente a los estudiantes de otras ramas) lo podrida que está la educación por dentro, desfasada en su tiempo y espacio, que adopta la organización y estructura represiva de las prisiones (Foucault) y toman la eficiencia de producción en cadena (Taylor). Recordar que dentro de las escuelas se forman personas, ni presos ni productos. Enseñar que la educación no es tanto cuestión del dinero gastado en ella sino de las intenciones que ella posea. Por todo lo anterior, educadores, en las huelgas educativas, un paso al frente.