Ecuador, ¡convulsiona!

Quito, 30 de agosto de 2015

¿Es Ecuador un país moderno con un gobierno del siglo XXI, preparado para enfrentar la situación económica global y la marea de demandas por parte de los movimientos sociales locales? ¿Es Alianza País, el movimiento político de Rafael Correa, uno nuevo con ideología propia y bases políticas fuertes? ¿Es el gobierno de Rafael Correa, una imitación o una derivación del tipo de gobierno imperialista al estilo cubano o venezolano? ¿Qué tiene de particular la nación ecuatoriana cuando se trata de participar políticamente para la reivindicación de sus derechos?

¡Las que preceden y otras interrogantes son las que cada lector responderá oportunamente! Ahora, en un momento en que el Ecuador vive otro suceso político que desestabiliza al modelo estatista del gobierno de Rafael Correa se necesita un consenso entre los diferentes actores sociales, pues, el modelo desarrollista del que hablo, en estos últimos ocho años, ha tenido una perspectiva netamente política que ha respondido a la estabilidad del líder en su status y del movimiento que lo acompaña, más no a la necesidad de progreso con inversión en la producción interna y economía social participativa que deberían ser la punta de lanza.

A inicios de año, el gobierno ecuatoriano empieza a reaccionar tardíamente ante la decadente situación económica de la región con la reducción significativa del precio del petróleo, la conformación de un aparataje estatal fenomenal y un excesivo gasto e inversión pública, que no previno un déficit fiscal, eventos que provocaron que el país convulsione. Es clara una evidente falta de prospectiva política y estrategias de contingencia, el “as bajo la manga”.

En ocho años de mandato, Correa y su movimiento Alianza País han demostrado poseer un gobierno con discurso populista, aparente de políticas de inclusión social, sin  embargo, de tipo patriarcal; cuya Constitución (2008), pese a ser una de las más modernas de Latinoamérica, es una suerte de bibliografía pintada para los gobernantes que quieren interpretarla, pero que en la acción o en la práctica las políticas públicas derivadas de aquella han dejado muestra de ser discriminantes y con tintes de desigualdad. La frase de marketing político que se convirtió en un símbolo de este gobierno: “la patria ya es de todos”, es una falacia, pues, quiere dar a entender en el discurso: como el Ecuador resurge luego de la “larga noche neoliberal” como la llaman todas y todos los adeptos del partido de gobierno.

Líder o Caudillo

Daniel Granda, un notable académico ecuatoriano, expresa en su libro “El hiperpresidencialismo en el Ecuador”: “Con las atribuciones legislativas exclusivas del Presidente, de convocatoria a consulta popular, de decretar el estado de excepción y de disolver la Asamblea Nacional, por parte del Presidente de la República, se configura el sistema hiperpresidencialista.” (2012:15). En este sentido y pese a medidas como el bono de la pobreza que favoreció a la clase con menos recursos en el país, así como la de participación ciudadana, con instituciones nuevas como el Consejo de Participación Ciudadana y de Control Social que vino a sustituir al de participación política, se entiende un afán de rectoría total.

La manera autoritaria de tratar a toda aquella o aquel que le profiera una crítica y de ejercer su mandato manteniendo un control total sobre los diferentes poderes del estado han hecho tambalear la democracia, que si bien es cierto, los anteriores gobiernos no supieron trabajar por un proyecto moderno y social, el exceso de autoritarismo va más allá del irrespeto a la dignidad humana, pues recordemos la conocida frase: “el poder está en el pueblo” y el pueblo participa en democracia con la libre expresión en cualquiera de sus formas.

Entonces me pregunto ¿nos encontramos en una involución de liderazgo político hacia un tipo de Estado absolutista? ¿en qué instancias y qué instituciones públicas han asumido que el Ecuador se convirtió hace algunos años en un Estado de Derechos y Justicia?, aun cuando los jueces quieran dirimir a favor de una persona y su sentido humanitario y justo les diga desde la moral que debe ser absuelta o merecedora a la rebaja de penas, ¡no pueden!, si esa decisión va contra de algún interés particular del mandatario o del futuro del movimiento y proyecto político, simplemente dicho juez o jueza tiene un pie fuera del cargo.

Legalmente existen cinco poderes en el Ecuador, mas, se ejercen como uno solo, pues los otros no tienen derecho a decidir sin la venia del “monarca”. Quien ostenta el poder es la autoridad que somete sobre todo al sistema jurídico a su voluntad (Ávila, 2011). El Ecuador pasó de un Estado de Derecho a un Estado de Derechos y Justicia, es decir de uno en donde la única fuente de derecho es la ley a uno en el cual la moral tiene relevancia en la comprensión de textos jurídicos.

Reacción de los movimientos sociales y Levantamiento indígena

Además, en este país intercultural, se debe tomar en cuenta el derecho indígena: “Las formas de validez y de vigencia del derecho indígena son distintas a la del derecho que emana del estado; entender esas formas de verificación de la existencia del derecho y las formas de coordinar con el derecho hegemónico, es una deuda del derecho occidental” (Ávila, 2011: 130) y del gobierno ecuatoriano. En este sentido, las marchas acaecidas en  estas últimas semanas por parte del movimiento indígena tienen una razón de defensa del derecho sobre el agua, sobre la vida, sobre la tierra, además sumadas a otras razones generales como la exigencia de retirar las enmiendas constitucionales, el cese de la criminalización y persecución de los movimientos sociales, el respeto por el carácter laico del Estado, la derogación de leyes y reglamentos anti obreros, el derecho a la libertad de expresión y comunicación, entre otros.

Ante la vorágine de demandas, ocasionadas por el mismo gobierno, éste vuelve a las clásicas prácticas de gobiernos anteriores, aliándose y buscando estrategias de negociación arriba estableciendo nuevos pactos con el poderío económico monopolizado y transnacionales, en tanto que,  la falta de conciencia social ocasiona que abruptamente: victimice, ataque, desprestigie y divida a las clases obreras y pueblos indígenas, encarcelando y calificando a sus líderes como guerrilleros y golpistas.

El gobierno ha introducido un sistema de modernización al estilo neocolonial, autocrático y vertical, similar a un Estado policial, a través del control, con una red de “profesionales” y funcionarios que desconocen nuestra historia ecuatoriana y realidad en la que vivimos, tanto por la ubicación geográfica de nuestro territorio como por la diversidad y costumbres. Ha sustituido la reforma educativa al estilo prusiano, en donde cada bachiller o joven que concluye el colegio no es un humano, sino una cuenta más en los balances económicos del Estado.

Cuando la democracia está en riesgo de desaparecer, es ahí cuando emerge como la fuerza del volcán, la voz de los más afectados, las y los que históricamente siempre han sido los menos favorecidos, y ahora se une la clase media, padres, madres e hijos, los grupos de trabajadores, el colegio de médicos, otros grupos sociales y ciertos grupos de izquierda, los de derecha, todos juntos desde hace algunos meses, con una actitud pacífica en primera instancia, de marchar a favor de los derechos que pueden ser usurpados. Definitivamente esta no es una protesta exclusiva de la oposición derechista como así lo hacen creer los medios de comunicación estatales, esta es una, provocada por el descontento ante la manera ruin y despreciativa de querer usurpar entre otras cosas, el patrimonio de cada una de las familias de las y los ecuatorianos.

Desde inicios de mes, han sido aproximadamente diez días de marcha nacional  desde todas las provincias y con un paro de 4 días que culminó temporalmente el trece de agosto, fecha en la que se dio el último enfrentamiento entre la sociedad civil y la fuerza policial y militar. La ultima ratio del análisis es comprender que el Ecuador y los movimientos sociales se han transformado, por ello, prima un consenso entre todos los actores políticos, una ultima ratio populus sobre todo, la idea una vez más de intento de derrocar a un gobierno es cosa de la historia, los movimientos sociales están conscientes que esto afectaría notablemente la democracia.

No obstante, frente al sistema, las marchas continuarán, el pueblo ecuatoriano se levanta y abre caminos como históricamente lo ha hecho cada vez que un gobierno intenta usurpar el “bien común de la humanidad” (Houtart, 2013, 3), con la diferencia que esta vez las organizaciones civiles son menos crédulas, ¡el Ecuador trascendió hacia una mayor cultura política aprendida ante la represión y en las calles!

BIBLIOGRAFÍA CITADA

  1. Granda A., Daniel. (2012). El hiperpresidencialismo en el Ecuador. Quito. FACSO Universidad Central del Ecuador.
  1. Ávila S., Ramiro. (2011). El neoconstitucionalismo transformador-El estado y el derecho en la constitución del 2008. Quito-Ecuador. Ediciones Abya-Yala.
  1. Houtart, Francois. (2013). El bien común de la humanidad. Quito-Ecuador. Editorial IAEN.